|
“Del exilio y otras partidas”
Introducción
Para abordar un tema tan complejo, má complejo aún
por lo cercano, estos que Freud nos dice de lo inquietante en lo
extraño y lo familiar, es que recurro para este ensayo a una
persona que actualmente se encuentra en el extranjero, una persona que se fue de Argentina hace más de un año, una persona con quien comparto la pasión
por la historia y la psicología de los pueblos.
Extraño y familiar, íntimo y exterior, extranjero. En nuestro lazo, que se sostiene por un continuado intercambio de correos electrónicos desde
que ella partió, enontramos ambas un modo de ir resignificando lo que nos pasa y lo que pasa. En un principio, el interés parecía ser puramente político
y social, más tarde fuirmos dando lugar a lo más íntimo.
Ps. Analía BusagloRosario-Argentina
Quien quiera acercarse a cualquier porceso histórico debe comprender, antes que nada, que la historia, ya sea de un hombre, de un grupo o de una nación y/raza, está compuesta por porcesos, que a veces se desarrollan en poco timepo, y a veces, llevan siglos. Esta acotación, que puede sonar hasta casi banal, es necesaria siempre y cuando el fin que se persiga sea el de entender aquellos que nos pasa y que pasa a nuestro alrededor. Las circunstancias del mundo, las coordenadas históricas, las personales, etc. Si a esta racionalización del acontecer general, le agregamos la característica de ser polideterminado se impone, necesariamente, una segunda voz, un segundo trazo. En este caso, los derroteros de este artículo son destilados, justamente, por dos voces, son dos discursos lentamente decantados que se enfrentan, se cuestionan, encuentran referentes comunes y, finalmente, una producción propia. Es lo que se llama creación, creación pesada para circular, para moverse, para interrogar, ser interrogada y seguir produciendo. Y que es también un intento de no perder, de no olvidar en el cajón de las imposibilidades, la amitad, el respeto, la admiración no solo por las personas que, anonimamente, han aportado datos, experiencias, etc. Al presente trabajo, sino también por la coautora, quien, sin saberlo, supo demostrar que siempre es necesario, sabio y justo permanecer con los pies sobre esta tierra. Sin su colaboración, este trabajo que hoy llega a Ud nunca hubiera sido posible, ya que la semilla de la que surgió, fue sembrada por ella.
Profesora María Verónica Diana
(Latinoamericanista-alumna del 6to año de Psicología-UNR)
Cagli- Provincia de Pésaro-Urbino, Italia.
“Absurdo suponer que el paraíso es solo la igualdad, las buenas leyes: el sueño se hace a mano y sin permiso, labrando el porvenir, con viejos bueyes”
Silvio Rodríguez
Marco Histórico
Es
muy extrano, por lo menos para los historiadores o para aquellos que se aceran frequentemente a la istoria argentina del siglo XX, sentir hablar, cada vez más
sistemáticamente o más asiduamente, del fenómeno de la emigración, ya que la palabra más familiar es la de inmigración. Como lo advertía José Luis
Romeron en su libro “Breve hisitoria de la Argentina”, nuestro país puede definirse como aluvional, aludiendo directamente al hecho de su despoblación
desde los tiempos de la colonia, y de su población por “oleadas” o “aluviones” de inmigrantes, especialmente, aquellos venidos de la Europa
atrasada u olvidada por las mieles del desarrollo industrial. La fama de nuestro país como receptor de población, como la tierra de las promesas, el nuevo
“Eldorado”, es conocida en el mundo entero y no es necesario explayarse sobre ella en este artículo: las bibliotecas de toda la Argentina,
especialmente aquellas de instituciones de todo nivel que imparten psicología,historia, sociología y afines, están llenas de trabajos, ensayos, tesis,
ext sobre los imigrantes. Sin embargo, ya en las dos últimas décadas del siglo veinte, incluyendo la última dictadura militar de los ’70, este fenómeno
comienza a cambiar en manera drástica, y con él, el imaginario, ya sea del exterior, como de los propios argentinos.
Los movimientos de los pueblos no son cosa rara en la historia, se puede registrar por donde a uno se le ocurra: se encuentra en la Biblia en el caso
de la famosa liberación del pueblo judío por Moisés y la búsqueda de la tierra prometida, se registra a nivel de los estados, incluso de los pre
colombinos o indígenas, como los Incas, quienes tenían la costumbre de “hacer emigrar”a los pueblos que conquistaban, desplazarlos, separarlos, para
impedirles reveliones futuras, se encuentra a nivel de los individuos, mucho más frecuentemente, como por ejemplo, el más conocido para nosotros, el caso
de la llamada Generación del ’37, es decir, el grupo de intelectuales que se enfrentó a Juan Manuel de Rozas en los inicios de su larga gestión como
gobernador de la Confederación Argentina. Grupo entre los cuales se destacaban Echeverría, acutor de “La cautiva y el matadero”, que se autoexilió en
Uruguay junto a un nutrido grupo de notables antirosistas o también llmados “unitarios”, y también, Domingo Faustino Sarmiento, futuro presidente,
quien eligió como refugio Chile, desde dónde se dedicó a mandar encendidos dardos contra la, que él llamaba, “la dictadura de Rozas”. Y si hacemos
un pasó un poco más atrás en el tiempo, nos encontramos con otras figuras emblemáticas, como la de José Francisco de San Martín, que también debió
exiliarse en Francia, a su vuelta del Perú liberado junto a Bolívar, ya que su cabeza tenía un precio, gobernaba como primer presidente e fruto de una
constitución centralista, Rivadavia, justamente...Antes, también Moreno, había probado el exilio, aunque moriría en circunstancias extrañas en pleno
viaje. Artigas, el gran defensor del federalismo, el que puso en jaque el centralismo porteño en 1820, terminaría sus días en Paraguay y, finalmente, el
mismo Bolívar, para no citar solo gente del Cono Sur, moriría loco y de sífilis, lejano de Venezuela. Sus palabras finales, cuando se las recuerda,
suelen dejar un sabor amarbo en los labios y en la mente. Dijo: “Querer construir algo en América Latina es como intentar arar en el mar...”
La lucha por la conformación del Estado Nacional va a generar en nuestro país 70 años de anarquía, de sistemática expoliación de los recursos
naturales y humanos, el más terrible de ellos, recordemos, fue la famosa “Campaña del Desierto”, recordada aún hoy en los libros de historia
infantiles como una epopeya, cuando en realidad, solo fue una masacre al servicio de la expansión de los intereses económicos de la futura oligarquía,
cristalizados en torno a los inmensos rendimientos de la Pampa Húmeda y los más prometentes del ganado ovino, que necesitaba más terrenos al sur, acordes
con las necesidades de este tipo de animales. La patagonia representaba, junto con algunos sectores del norte de Santa Fe, Chaco, etc, los últimos núcleos
de población indígena en la naciente Argentina. Una vez “pacificado” el territorio, se impuso la tarea se formar una alianza entre las nacientes
bueguesías locales, una desmilitarización de las provincias y, finalmente, la aplicación de la Constitución Nacional, sancionada en 1953, un año después
de la caída de Juan Manuel de Rozas, quien también padeció el exilio, esta vez, junto a sus antiguos enemigos, los ingleses (murió en Sothampton) y tuvo
el honor de despertar hasta la primer presidencia de Carlos Saúl Menem, profundísimas y acaloradas discusiones y enfrentamiento, tal es así, que sus
restos permanecieron hasta ese momento, enterrados en aquella ciudad inglesa.
La creación del Estado Nacional, la configuración del poder en la personalización de un sistema presidencialista y la creación del Congreso
Nacional, en lugar de las legislaturas provinciales, son los atributos que marcan el inicio de un nuevo período en la historia argentina, que es el de la
llamada “Década de los ‘80”. Sus presidentes, especialmente los tres primeros, Mitre, Sarmiento y Avellaneda, se propusieron modernizar el país de
acuerdo a los nuevos vientos que corrían, es decir, bajo los postulados del “Positivismo”. La clave era la población del territorio naciona, la
expansión de los teritorios cultivados, la oligarquia como forma de gobierno y, especialmente bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, la expansión
del sistema educativo a los efectos de “formar al ciudadano”, lograr la “argetinidad”, “el ser nacional”. Demás está decir que, para esto, no
contaban con la población local, a la que consideraban atrasada, vaga y sin luces para semejante proyecto. La idea fue la de incorporar “elementos” de
las zonas más evolucionadas del globo, como por ejemplo, los EEUU, del cual el presidente Sarmiento intentó “importar” docentes, o de la floreciente e
industrilizada Europa. Sin embargo, a la convocatoria, no respondieron los esperados misioneros del progreso indefinido, sino los expulsados del sistema
productivo capitalista, europeo especialmente, y más específicamente, las zonas más atrasadas de España, Italia y toda Polonia. Los ideólogos de la
generación de los ’80 se encontraron con una masa de futuros pobladores, la gran mayoría de ellos campesinos analfabetos, que venían en y de
condiciones casi inhumanas, a los que había que dar de comer, educar, etc.
Los proyectos de formar una Argentina de “farmers” (campesinos) minifundistas, copiando el modelo de expansión de la colonización del Oeste
norteamericano, fracasó extrepitosamente frente a la férrea institutción del latifundio de la Pampa Húmeda y los inmigrantes, en su mayoría, terminaron
alimentando las ciudades principales de nuestro país, especialmente Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Chaco, y, un poco más tarde, la Patagonia. Si bien,
la mencionada generación de intelectuales percibió un fracaso en su convocatoria, este fracaso se reveló como un éxito de asimilación en un país casi
vacío y con todo para ofrecer, especialmente, a aquellos que venían de territorios sumidos en lo que podríamos catalogar, dejando un poco de lado las
rigideces conceptuales, una edad media latente. Para identifificar mejor este fenómeno, queremos utilizar a modo de introducción de la posterior
conceptualización y nudo de este trabajo, quisiéramos citar dos textos, uno perteneciente a Juan Manuel Serrat, llamada “Manuel”, perteneciente al
disco “Mediterráneo” de 1975 y otro, de Alberto Cortéz, lamado “El abuelo” que describen, una la situación de la cual provenían los inmigrantes
que llegaron a Argentina a finales del siglo XlX y el XX y la otra, lo que encontraron. Más adelante, volveremos sobre ellas.
Manuel
“Le llamaban Manuel, nació en España./ Su casa era de barro,
de barro y caña./Las tierras del señor, humedecían, su sudor y su llanto, día tras día./Mendigo A jornal fijo, como él no hubo, entre olivos y trigos,
por un mendrugo./ Su casa era de barro, de barro y caña./ Le llamaban Manuel, nació en España.
Le llamaban Manuel, nació en España, su mundo era otro mundo,
tras la montaña./Del amo eran las tierras camino abajo, las moras y las flores de los bibalvos./ La mula y los arreos, el pan y el vino./Los árboles, las
piedras y los caminos. Su mundo era otro mundo tras la montaña. Le llamaban Manuel, nació en España.
Le llamaban Manuel, nació en España. Ella guardaba un hijo en
sus entrañas./ Nunca nada fue suyo, nada tuvieron. Por eso yo lo canto, cuando murieron./ El con sus propias manos, cavó una fosa, sepultando sus sueños,
junto a su esposa./Ella guardaba un hijo en sus entrañas. Le llamaban Manuel, nació en España.
Le llamaban Manuel, nació en España. Le vieron alejarse una mañana./
Del amo era el olivo donde lo hallaron, y la soga de esparto, que le sacaron./ Y el pedazo de tierra donde hoy se pudre, y el trigo que en la sierra, su
tunva cubre. Le vieron alejarse una mañana. Se llamaba Manuel, nació en España”.
El abuelo
“El abuelo un día, cuando era muy joven, allá en su Galicia,/miró el horizonte y pensó que otras sendas, tal vez existían./Y al viento del norte, que era un viejo amigo,/ le habló de su prisa./ Le mostró sus manos, que mansas y fuertes, que estaban vacías./ Y el viento le dijo: “Construye tu vida, detrás de los mares, allende Galicia”./ Y el abuelo un día, en un viejo barco se marchó de España./El abuelo, un día, como tantos otros, con tanta esperanza,/ la imagen querida de su vieja aldea y de sus montañas,/ se llevó grabada muy dentro del alma,/ cuando el viejo barco lo alejó de España./ El abuelo un día, se subió a la carreta de subir la vida,/ empuñó el arado, abonó la tierra y el tiempo corría,/ y luchó sereno por plantar el árbol que tanto quería./ Y el abuelo un día, lloró bajo el árbol que, por fin, florecía./ Lloró de alegría cuando vió sus manos, que un poco más viejas, no estaban vacías./ Y el abuelo, entonces, cuando yo era un niño, me hablaba de España./ Del viento del norte, de su vieja aldea y de sus montañas./ Le gustaba tanto recordar las cosas que llevó grabadas muy dentro del alma,/ que a veces callado, sin decir palabra, me hablaba de España./ Y el abuelo un día, cuando era muy viejo, allende Galicia, me tomó las manos,/ y yo me di cuenta de que ya se moría./ Entonces me dijo, con muy pocas fuerzas y con menos prisa,/ “Prométeme hijo que a la vieja aldea volverás algún día,/ y que al viento del norte dirás que su amigo, a una nueva tierra, le entregó la vida”./ Y el abuelo un día, se quedó dormido, sin volver a España, el abuelo un día, como tantos otros, con tanta esperanza./ Y al tiempo al abuelo lo vi en las aldeas, lo vi en las montañas,/en cada mañana, en cada leyenda,/ por todas las sendas que anduve en España.”
Además de sus penas, pesares, historias, los inmigrantes que llegaron, también traían ideas: el sindicalismo, el socialismo y la doctrina
comunista y la anarquista. Esto generó una serie de problemas que desembocó en la sanción de una Ley de Residencia, que en realidad se aplicó a un
porcentaje mínimo de inmigrantes, que fueron repatriados. El caso más patético fue el de Severino Di Giovanni, rescatado del olvido por Osvaldo Bayer,
quien fue fusilado por bajo el gobierno de Uriburu, por su militancia y por algunos atentados con bombas, especialmente realizados contra iglesias católicas.
Recordemos que, por la misma época, son ajusticiados en EEUU Sacco y Vanzetti, dos inmigrantes italianos, acusados de formar parte de una protesta en la
que murió un policía. Fueron juzgados por un tribunal que los procesó en inglés sin traducir a los implicados, que aún no hablaban este idioma. La
muerte de estos dos militates, se conviritó en un estandarte, especialmente para los inmigrantes italianos que militaban, ya sea en el sindicalismo o en
alguna de las otras líneas opositoras al régimen oligárquico de toda América Latina.
Es sabido que las dos guerras mundiales, propulsó el aumento de la expulsión de la población sobrante en Europa y que, a diferencia de muchos
argentinos de orígen, participó activamente en la política del país, a la que tomaron como propia. El general Francisco Franco, admitió, ya bajo la
primer presidencia de Juan Domingo Perón, que de España se habían ido, entre el inicio del nuevo siglo XX y la guerra Civil española (1936-1939) se fue
un tercio de la población, es decir, que uno de cada 3 españoles dejó su tierra. Franco sintetizó el impacto de esto diciendo. “Gracias Argentina por
tu generosidad, porque sin ella, nosotros no hubiésemos podido salir adelante”.
Con la reconstrucción de la Europa de la post-guerra, el flujo inmigratorio cesó, sin embargo, en el imaginario, tanto de los europeos como de los
argentinios, quedó registrado el fenómeno inmigratorio como una de los más importantes períodos de la historia argentina. Esto se refleja en el hecho,
de que aún hoy, se siguen publicando ensayos, tesis, trabajos en general que retoman ese período, lo resignifican, lo leen bajo otras claves en un intento
de comprenderlo y de explicar el singnificado de la plabra “argentinidad”.
El nuevo período que se abre en la historia argentina con el primero golpe de estad en 1930o, llevado adelante por el general Uriburu en contra del
gobierno electo por el pueblo en vigencia de la Ley Saénz Peña (voto universal, libre y obligatorio, pero no femenino) presidido por Irigoyen (segunda
presidencia) verá la integración de los inmigrantes europeos, ya sea incorporados como mano de obra en las ciudades, ya sea, como fue el caso de los que
venían de la Europa del este, especialmente las mujeres, en la prostitución y demás actividades ilegales, o, los menos, en el camino de la prosperidad
que le había sido negada en su patria: comerciantes, algunos pequeños agricultores, etc. Es emblemático de est período el famoso acontecimiento
rescatado en el film “La patagonia rebelde”; en donde las ideas socialistas y sindicalistas, principalmente, llegan al sur, a los grandes fundos, de
mano de inmigrantes militantes, mientras el gobierno electo de Irigoyen inicia una represión despiadada en contra de estos militantes, como de los peones
que los sostenían. Sin embargo, el período llamado “Agroexportador”, que siempre es identificado con la exportación, la contracción del mercado
interno, la oligarquía como forma de gobierno y organización de la sociedad, etc va acerrarse con el aadvenimiento del Peronismo o Justicialismo. Su
ascenso al poder de da por vía constitucional en 1945, cuando Juan Domingo Perón, quien había ocupado el cargo de Secrretario de Trabajo en el gobierno
anterior de facto (Farrel), conspirado contra él, puesto en prisión y liberado por la inmensa movilización del 17 de Octubre, gana las elecciones con la
fórmula Perón-Quijano.
Lo que nos interesa rescatar de este período es que, si bien la inmigración hacia la Argentina no cesa, no alcanzará las cifras, según numerosísimos
estudios que descansan en casi todas las bibliotecas del país, jamás aquellas de fines del XlX y la las 3 primeras décadas del XX. Sin embargo, será
posible registro otro movimiento interesante, que había comenzado en forma larvada, pero que después, bajo el primer gobierno de Perón, pasará a primer
plano: es el de las migraciones internas. Fenómeno este que siempre había existido, especialmente el de los “migrantes golondrina”, es decir, auqellos
trabajadores estacionales que se movían de cosecha en cosecha (de región en región), en busca de trabajo. La migración que “introduce” el Peronismo
es la de los habitantes del interior del país, zonas desindustrializadas, hacia las ciudades, en donde comienza un nuevo período económico, el de la
industrialización por sustitución de importaciones. Al calor del crecimiento del mercado interno, la clase obrera, olvidada, como es obvio por la oligarquía,
pero tenia en cuenta por los movimientos socialista, comunitas, anarquista y sindicalista, aunque no hayan logrado nunca darle la cohesión que el peronismo
le dará, es decir la carta de ciudadanía política, pasará al primer plano de la actividad del gobierno, pero también, la clase media, compuesta en gran
medida por los hijos de aquellos inmigrantes que habían podido favorecerse de la ampliación( y en muchos lados, la creación) de la red de escuelas públicas
y las universidades gratuitas y laicas, que había comenzado ya a crecer al interno del “Modelo agroexportador” y que había encontrado en la Unicón Cívica
Radical su representante por antonomasia, continúa su ascenso y su redefinición en oposición a “los cabecitas negras”.
Más alla´de cualquier otra interpretación histórico-sociológica, que hay muchas, lo que nos interesa plantear es que no se registran hasta el
período de la década de los ’70, cambios sutanciales en esta idea tan arraigada en el imaginario de los propios argentinos, de los europeos, etc, que
tiene que ver con la visión de nuestro país como “el granero del mundo”, como la “mosca blanca de América Latina”, sin población indígena,
especialmente en su capital, Buenos Aires, que exhibe este calificativo con orgullo. Después de la dsmovilización de los sectores de izquierda que ya
hemos nombrado (anarquisto, socialismo,etc.) que habían logrado organizar de alguna manera al movimiento obrero naciente, pero que fueron eclipsados
totalmente por Perón y su movimiento, se abre un ciclo “populista” como lo identifican los historiadores y los sociólogos al peronismo, por ejemplo,
pero también, uno de interrupción de la continuidad institucional. Si bien en la Argentina, los militares nunca llegaron a formar un partido político orgánico,
constituyeron, hasta 1983, la tutela de la sociedad civil. A medida que avanzaban las coquistas sociales, la conflictividad de la sociedad civil aumentaba.
Perón será derrocado en 1955 y el partido Peronista o Justicialista será proscripto y su lider, deberá refugiarse en paraguay, primero y en España,
después. Hasta 1989, se turnarán en el poder, el partido Radical, que se presentará a las elecciones habilitadas siempre por los militares a sabiendas
que el partido mayoritario o supuestamente mayoritario estaba proscrito, y los mismos militares, que interrumpirán en 1966, el gobierno de Arutro Illia,
después de haber obligado a su predecesor, Arturo Frondizi a dimitir, a fuerza de constantes planteos castrenses.A Illia, lo sucederá Onganía, quien
deberá abandonar el poder en 1969 después del “Cordobazo” y el “Rosariazo” a manos de Marcelo Levington, que se encontraba en el exterior cuando
fue nombrado presidente por las fuerzas armadas. Pero, en realidad, el poder detrás del trono era de Alejandro Agustín Lanuse, quien lo sucederá poco
después. Lanusse, a diferencia de la idea que campeaba en gran parte de las FFAA, especialmente en la Marina, se dió cuenta de que “las masas no eran
desperonizables” y que debían intentar hacer retornar a Perón a la Argentina, para poder controlar a la sociedad civil, que se organizaba en grupos
inspirados en el triunfo de la Revolución Cubana de 1959. También, la influencia de las ideas de la izquierda marxista y similares había llegado al
sindicalismo, algo nunca visto desde el ascenso de Perón al poder. En Córdoba, dos de los gremios de la empresa Citröen, cuyas siglas era SITRAC y SITRAM,
proyectan e intentan llevar adelante un programa de sindicalismo clasista, convirtiéndose en el único caso de sindicalismo de este cuño, ya que la mayoría
de los gremios respondían a Perón. Las tumultuosas negociaciones para la vuelta de Perón a la Argentina (en medio de las cuales, los Montoneros, que serían
una suerte de “brazo armado” del peronismo, secuestran y ejecutan a Aramburu, mientras que también, en circunstancias extrañas, mueren Alonso y Vandor,
ambos, dirigentes sindicales peronistas, de creciente popularidad....). Finalmente, Lanusse llega a un acuerdo secreto con Perón y llama a elecciones en
las que vence el candidato de Perón, justamente, el ex-dentista Héctor Cámpora y su vice presidente, Solano Lima, quines asumirán el poder el 25 de Mayo
de 1973. Paralelamente a esto, las FFAA, en retirada, se dedicaban a la represión ilegal de los elementos peronistas o sospechados de tales: el caso más
dramático será el de los detenidos de Trelew, que serán ejecutados o los militantes peronistas asesinados de manera clandestina en un basural de León Suárez,
en Bs.As., caso rescatado por el periodista Rodolfo Walsh en su libro “Operación Masacre”. Sin embargo, Perón en el exilio, continuaba manejando la
política nacional con su particular estilo pendular: la famosa frase “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, lo revela, a medida que la base popular
del peronismo se ampliaba más allá de los tradicionales votantes, ya que se veía a Perón como el único capáz de “salvar a la Patria” del caos. EL
13 de Julio, el presidente Cámpora y el vice, renunciaron. Como el titular del Senado se encontraba ausente, asumió la presidencia, el presidente de la Cámara
de Diputados, Raúl Lastiri, quien era yerno de López Rega y secretario privado de Perón y habia ocupado el cargo de Ministro de Bienestar Social. Hubo un
nuevo llamado a elecciones, en el que triunfó la fórmula Perón- Martía Estela Martínez de Perón con el 62% de los votos, uno de los más altos del
siglo. El 1ero de Julio del año siguiente, Perón morirá y su viuda será la presidenta de la Nación. La conflictividad social crecerá profundamente
hasta casi eleminar al estado como institución operante, unido esto con la evidente incapacidad de la Presidenta de hacer frente a la situación y al
accionar del entorno de la misma, cristalizado en la figura de López Rega, quien había creado la Triple AAA (Asociación Argentina Anticomunista). La
situación que estaba latente, los comflictos entre las distintas parcialidades, como Montoneros, que se decían los auténticos representantes de Perón y
otras organizaciones, como el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y otras, explotó, junto con la represión oficial y paramiltar. Fue el pie justo
que estab esperando los militares para intervenir, una vez más en la continuidad institucional.
En la madrugada del 24 de Marzo de 1976, un helicóptero transportó a la Presidente en calidad de detenida a Tierra del Fuego, mientra una Junta de
Comandantes, compuesta por Jorge Rafael Videla, Emilo Massera y Orlando Ramón Agosti, asumía la presidencia de la Nación. Pero esta vez sería diferente.
Este nuevo golpe de estado, tristemente conocido con el nombre de “Proceso de Reorganización Nacional” se propuso “pacificar” el país, pero
llevando al perfeccionado al límite de su capacidad, elementos que nates habían sido utilizados en forma esporádica: la eliminación física del enemigo,
la instauración de la famosa “frontera interna” (el enemigo está entre nosotros), el neoliberalismo como forma de economía a raja tabla, la apertura
hacia el exterior en forma indiscriminada ect. De todas estas variables se desprenderán consecuencias muy claras y palpables aún hoy y que tienen que ver,
directamente, con el cambio de rumbo de la historia argentina, no solamente en el sentido de la caída del estado de bienestar que el populismo peronista
había construído, sino también y es el tema que nos interesa particularmente, en la reversión de la idea que sostenía que Argentina era el granero del
mundo, un lugar en el que todas las razas podían convivir en paz, en donde no había persecusiones raciales ni religiosas, etc. Y este es el punto que
queremos destacar por sobre los demás: el golpe de estado de 1976, además de ser el más sangriente de la historia argentina, instaura tanto en lo
concreto como en el imaginario la idea o la lógica, mejor dicho, del desaparecido. ¿Cómo se explica esto? Es decir: instala la idea de que alguien (un
opositor político, uno que no tiene trabajo, etc.) debe desaparecer, ya sea asesinado (grupos paramilitares), lléndose o muriendo de hambre(neoliberalismo),
para que el sistema funcione. Esta idea llega casi sin modificaciones aparentes hasta nuestros días, a travez de distintas vías institucionales.
El exilio y otras partidas
Según el Indec, entre el año 2000 y 2001 se fueron del país (y no regresaraon) 140.000 personas. Sin embargo, el pico más alto se registró en
los meses de Diciembre del 2001 y Enero del 2002 con una cifra de 23.198 personas, contra las 68.680 que se fueron solamente en el 2001. Según la proyección
de este instituto, se fueron en un año el mismo número de perssonas que se habrían ido en 10.
De más está decir el por qué es destas cifras: creo que todos tenemos bien presentes los acontecimientos de aquellos días como para volver a
ponerlos en este artículo. También tenemos presente que en 1989, frente al derrumbe del gobierno de Raúl Alfonsín, se registró un fenómeno similar,
pero de mucha menor dimensión.
Ahora bien...¿cuáles son los planteos que los nuevos inmigrantes tienen?¿Són los mismos que tenían nuestros abuelos o bisabuelos cuando llegaron
de Europa?¿Por qué Europa o Maiami y no Canadá, por ejemplo?¿Existe en verdad un Primer Mundo? Estos son algunos de los interrogantes a los que
intentaremos dar respuesta. Un primer avance está en el hecho de la presentación de un marco histórico que contiene las variables de un cambio, que va
acorde con el cambio de una especial estructura, que es el capitalismo mundial. Pero estas variables macro, tienen repercusiones en lo individual de manera
distinta, incluso en las sociedades y sus estamentos.
En realción con esto, es que hemos elegido como títutlo para este trabajo “El exilio y otras partidaas” porque nos parece que no existe una
sola manera de irse de un lugar. A lo largo del resto de este artículo lo iremos explicando, pero permítasenos ahora adelantar que entendemos por estas
palabras y por qué las elegimos. El exilio, por lo menos para el caso de Argentina, Chile, Uruguay y otros países que han padecido dictaduras horrorosas,
significa la expulsión, la huída en riezgo de vida. Está mucho más cerca de la idea de destierro que tenían los griegos del siglo 5AC, por ejemplo, en
el caso de Sócrates, que decició suicidarse antes que ser desterrado.¿´Por qué? Porque la pertenencia a un lugar, en este caso, una ciudad, era su
carta de identidad, definía su identidad. La relación con el espacio geográfico era más estrecha: una vez roto ese lazo, la persona se convertía en un
paría sin nombre, ni orígen. Por otro lado, las “otras partidas” estpan consideradas por nosotras en un triple juego de interpretación de la palabra
“partida”, a saber: 1) significa un alejanmiento. 2) significa una apuesta. 3) Significa un juego. Y creemos que estos tres elementos, en mayor o menor
medida, conciente o inconcientemente, están presentes es este nuevo fenómeno que vivimos, este cambio de país receptor, a país expulsor.
Si hacemos un recorrido por las razones que muchos de los que han tomado la decisión de irse, incluso quienes estpan ahora en el extranjero como es
el caso de una de las autoras, la primera que aparece es la contradicción entre los afectos y la necesida de trabajar, contradicción que nos lleva,
directamente a la dualidad arraigo-desarraigo. Y esto no es nuevo: si pudierámos aaceder a la mayoría de las personas miembros de pueblos que han padecido
y/o registrado estas migraciones, veríamos que aparece con seguridad en todos ellos. El problema que aquí se plantea, para el caso argentino, es la edad
de los inmigrantes: el promedio de edad es muy joven: entre los 18 y los 30 años. Y el problema que se plantea aquí, es el de la socialización y de la
identidad. Las canciones que expusimos más arriba, las de Serrat y la de Cotéz nos hablan un poco de ello. En la primera, el autor recalca una y otra vez
el nombre y el lugar de dónde es el personaje. En la segunda, el protagonista le hace una demanda a su nieto de volver a su lugar de orígen, a la Patria.
Si pensamos un poco, estas historias no son tan lejanas en el tiempo, podemos hablar de unos 60-70 años o menos, cifra que para un proceso histórico no es
mucho. Pero la sociedad si es diferente: no es una sociedad de masas, no se trata de una sociedad mediática. Por lo tanto, los lazos de identidad de los qu
se hablan tienen que ver con otros valores universales, como la pertenencia a la Patria, entendiendo por tal, como lo revela la palabra en inglés “fatherland”,
la tierra de los padres, de los antecesores.
Los jóvenes que hoy decíden irse no tienen bien en claro, según las experiencias en el exterior y los planteos que circulan en la propia
Argentina, de dónde se van.¿Coincide ese lugar fantaseado que los amenaza con el lugar real? No, obviamente. Y los procesos de socialización han ido
cambiado vertiginosamente con el tiempo, a tal punto, que la globalización permite que muchas de las cosas que uno se acostumbró a ver en su tierra, se
encuentren también en el exterior: Mc Donal’s, la MTV, El gran Hermano, etc. Estos referentes, lejos de afianzar a la persona que se va, le impiden
realizar el duelo de la partida (alejamiento) en el sentido que lo inmivilizan en una fantasía de un cambio aparente (estoy en el mismo lugar, pero mejor);
fantasía que pronto se derrumba frente a los datos de la realidad. Siguiendo esta línea de pensamiento, lo que se abre después es el sentimiento de
desarraigo, entendiendo el mismo con “arrancar de raíz” algo, uno mismo, en este caso, y la idea de expulsión, de pérdida sobrevienen, en muchos
casos, de manera patológica.
Esto nos lleva a una segunda razón que aparece que es la contradicción entre el país que uno deja detrás (el que ha aprendido desde pequeño, la
Patria) y la realidad actual. Dijimos más arriba que Patria es la tierra de los padres, pero también es la tierra de nuestros muertos, ya sean los
personales, como los sociales, es decir los próceres, la gente que dió su vida por el país. Y es imposible llevarse a estos muertos con uno. Los vivos
nos pueden acompañar, ya sea en la distancia, ya sea con sus comunicaciones via Internet, cartas, incluso, viajando, pero los muertos, como decía el mismo
Serrat “están en cautiverio y no los dejan salir del cementerio”. Este es otro freno al duelo, porque la mayoría de los inmigrante y no sin razón,
poenen en la balanza, a la hora de tomar la decisión de partir, la falta de trabajo y de oportunidades personales, como si no formaran parte de un
entramado social que los contiene, que los formó, que los moldeó. Una vez roto este entramado, el sujeto queda como aislado, expulsado y puede que, si no
logra racionalizar estos procesos inconcientes, el duelo se mantenga en un eterno stanby, sumiendo al sujeto en la depresión y, muchas veces, en la locura.
Sin exagerar, uno de los casos más conocidos es el de el famoso cantautor uruguayo Zitarrosa, quién, debiendo dejar su país porque su vida estaba
amenazada por los militares que lo gobernaban, se exilióen Méjico, donde comenzó una larga agonía vía el alcoholisto que derivó en una cirrosis que
terminó con su vida. Obviamente, habría elementos anteriores a este exilio, en su personalidad. Pero no es un dato menor que esta manera de marcharse en
peligro de muerte, fue el catalizador que puso en marcha los mecanismos que terminaron con su vida.
El telón del fondo siempre es el del desarraigo, entendido, como dijimos más arriba, como un desenterrar raices, comper con el pasado o, si
prefieren, un arrancar de raíz y la posibilidad del olvido, que en realidad, es un batalla. No existe solamente una forma de olvidar, sino muchas y en
distintos niveles: el personal, el social, el familiar, los olvidos de razgos, como el rostro, los gestos, el contacto, el abrazo, las ideas, pero
especialmente, está el olvido de aquello que nos separa. Este olvudo intenta borrar, de manera incompleta por supuesto, porque siempre, a pesar de
cualquier resistencia está la insistencia del recuerdo, las fronteras entre el espacio propio y el espacio social, el de la Patria, el exterior. En muchos
casos, por no decir en casi todos, es un mecanismo de defensa frente al desarraigo. Pero también y he ahí el peligro, en muchos casos permanece
inconsiente y el sujeto pierde y no es tán conciente de la decisión que está por tomar. Es decir: sus fantasías en su propio espacio, inclumplidas por
una realidad que se le aparece dura, difícil o imposible de cambiar, dibujan un otro espacio que, en relación de espejo, le refleja lo contrario: la
posibilidad de lograr todo aquello que le fue negado en su propio país, y este sería para nosotros la noción de juego de la palabra “partida”, es
como un juego de espejos, en este nivel. Esta fantasía, muy común entre todos los inmigrantes, es necesaria como alimento de la acción, pero debe,
confrontarse con la realidad lo más rápiso posible, porque el desengaño que conlleva no alcanzar lo propuesto, la idea de fracaso personal sin
contemplación de las variables macros, son componentes explosivos de un cóctel que puede derivar en la patología.
Podríamos plantear que la toma de conciencia o no de la acción de partir tiene cuatro elementos básicos:
En esta canción, Serrat interpreta los versos de Hernández,
quien describe maravillosamente la sensación y la realidad de la arbitrariedad de una situación dada para alquien que no puede ni quiera plantearse el
cambiarla, como es el caso de un niño campesino. Pero puede aplicarse tranquilamente a la ida/huida/partida que muchos niños vivien en este momento, más
allá de sus realidades socio-económicas. Estas posibilidades no pueden se ordenadas de acuerdo, por ejemplo, al marco histórico que esbozamos más arriba, ya que son decisiones que siempre, dependen del sujeto actor de la acción, aunque este no lo sepa. Y es justamente que existe una relación proporcional a la medida o noción que se tenga de la acción tomada con la cantidad de elementos que se tengan para afrontar el desarraigo, inevitable, y la posibilidad de adpatación o reinserción en la nueva sociedad, ya que la posibilidad de la elección siemrpe genera un comprom iso, especialmente, con el sujeto en si mismo y con las metas que se proponga alcanzar. Si este mecanismo no se hace conciente, en algún punto, la “fantasía del espejo”, por llamarla de alguna manera, puede llevar al sujeto a vivir en un mundo que no es real y por lo tanto, caer una y otra vez en errores que lo alejan de los objetivos que lo llevaron a tomar la decisión de partir, es decir, aquella e separarse del lugar de donde vino, de los seres queridos y a perder seguramente, la apuesta de esta partida, que siempre es una apuesta al futuro.
Detrás
de todas las emigraciones, ya sean personales o de masa, se encuentran siempre los mismos agentes motivadores que tienen que ver con las razones expuestas más
arriba:
a)
La pobreza, la falta de oportunidades, la indignidad.
b)
Las guerras.
c)
Las persecusiones de toda laya.
Estos agentes movilizadores pueden rsumirse en una sola palabra,
que es la rabia. Creemos que los hombres tienen, justamente porque somos sujetos sociales, un fuerte apego a su lugar de orígen, que tiene que ver con la
conformación de la identidad, punto sobre el que volveremos más adelante, y los lazos afectivos. Dejar este lugar, físico y simbólico, genera
resentimiento, rabia, bronca, aunque el sujeto no sea conciente de ello y los reprima con argumentos falaces, siempre en relación a la estructura
socio-económica o a su bienestar personal. Desde esta posición de la bronca como sentimiento movilizador de la partida (en sus tres singnificados ya
expuestos), podemos establcer tres tipos de idas:
a)
El exiliado en peligro de muerte.
b)
El exiliado económico.
c)
El exiliado de las faltas de oportunidades.
Esto no es un juego de palabras solamente. Cualquiera que pueda
o haya tenido la oportunidad de hablar con personas que padecieron el exilio de la época de la última dictadura, le podrá narrar los sentimientos atroces
que tuvieron que soportar, esa noción de sentirse ejectados de los propio, de lo íntimo, sin posibilidades certeras de futuro o planes de algún tipo.
Sigue siendo una elección, ya que muchos militantes o personas amenazadas, decidieron quedarse, como Rodolfo Walsh y muchos otros. Pero la fuerza de la
amenaza es proporcialmente directa al sentimiento de rabia, especialmente en personas que estaban muy compormetidas con la realidad de su país, conocían
el funcionamiento de esta sociedad y se comprometieron en su cambio, más allá de las ideologías. La noción de fracaso social, como estamento y/o clase y
la de fracaso personal, son evidentes y tuvieron como coro griego al resto de una sociedad indiferente.
El exiliado económico y el exiliado de la falta de
oportunidades se parecen mucho, aunque hay algunas diferencias entre ellos. En la primera categoría, podríamos incluir a los clasicos inmigrantes que
llegaron a nuestro país, mano de obra sobrante de un proceso de industrilización despiadado que se extendió rápidamente sobre poblaciones campesinas.
Gente que pasó a formar en su gran mayoría, el ejército de la clase obrera argentina. El caso de los exiliados por las falta de oportunidades, podría se
incluído tranquilamente en el espacio anterior, pero tiene una diferencia sustaancial, por lo menos, hasta el día de hoy. Los jóvenes, o mejor dicho, la
población económicamente activa (PEA) que se está llendó o que ya se fue, no pertenece en su totalida a la clase obrera, más bien, podría definirselos
como clase media. No creo que ni antes de la devaluación y ahora, una persona que resida en una de las villas de emergencia de cualquiera de las ciudades
argentinas, pueda acceder a un boleto de avión, ni mucho menos a los papeles que le permitan salir del apis, entre ellos, el más básico, que es el DNI,
el instrumento estatal que marca la identidad de un sujeto por antonomasia. En la Europa de fines de XlX y principios del XX, los pasajes de barco eran
mucho más accesibles a las clases desposeídas, y los papeles, por lo menos para el caso argentino, no tenían tanta importancia, tal cual como lo
demuestra lo escrito en el preámbulo de nuestra Constitución: “para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que quiera habitar el territorio
argentino...” Permítasenos una disgresión: no es para Argentina, pero puede funcionar. Cualquiera que haya visto el film de Francis Ford Cópola, “El
Padrino l”, recordará que el protagonista,s iendo un niño pequeño, llega a los EEUU solo. Al preguntársele por su nombre, responde: “Me llamo
Vito”, sin decir el apellido. El agente que lo recibe, entonces, comprende que el pequeño no puede decir más y el cambia la identidad, al adjudicarle
como apellido, el lugar de donde provenía: Corleone, que es un pueblo de Siciclia que aún existe. De ahí en más, el protagonista, que jamás recordará
su verdadero apellido, pasará a llamarse Vito Corleone.
Los emigrantes actuales de Argentinas son, en su inmensa mayoría, gente de clase media, gente que puede, más o menos, pagarse un pasaje de avión,
procurarse de manera más o menos legal, los papeles para poder residir en el extranjero o que tiene los contactos que se lo permitan. Forman parte de una
clase, hasta no mucho tiempo atrás, medianamente privilegiada, que pudo educarse, y que alcanzó, justamente, niveles muy altos de instrucción. No tienen,
como vemos, el pérfil de nuestros abuelos o bisabuelos, casi todos ellos analfabetos o semianalfabetos, socializados en ambientes campesinos y no en
grandes ciudades.
Y si destacamos que estos nuevos emigrantes pertenecen a la calse media argentina, tenemos que resaltar también, que comparten, en mayor o menor
medida, sus valores, sus mensajes y sus aspiraciones. La decisión que parece plantearse el irse por la falta de oportunidades, o la de quedarse y, a pesar
de sentir que uno tiene poco, o cree tener poco, querer mucho eso poco que tiene. Y estoconstituye un desafío, al cual, creemos que estos nuevos emigrantes
no saben que respuesta dar. El problema central está y, creemos que a esta altura está más que claro, en la conformación de la identidad de los sujetos
actores de esta acción de la emigración. Todo un tema dentro de la historiografía argentina. La mayor parte de estos emigrantes no aceptan como cultura
propia los que han mamado desde su infancia y por ende, sienten que no forman parte de una nacionalidad argentina, es decir, siente vergüenza de ser
quienes son (socialmente) y esto imposibilita que sus elecciones, en el futuro espacio
geográfico que encuentren, sean decisiones inteligentes.
Nuestros abuelos y bisabuelos intentaron conservar la cultura que traían a través de formas colectivas como la creación de escuelas, las
asociaciones mutuales y algunos sindicatos. Los emigrantes argentinos de la actualidad, están más que ansiosos por olvidar su pasado argentino y de
adoptar, por lo menos al nivel del imaginario, “la cultura del primer mundo”, aunque, interrogados, la mayoría de ellos no sepa definirla. Este agujero
es llenado con retazos de ideas, con acepciones poco profundas y demás yerbas que, lejos de forjar una identidad, la van diluyendo aún más. No es azaroso,
por ejemplo, que la mayoría de los hijos de argentinos nacidos en Italia, lleven nombres italianos, cuando el Estado no prohíbe los nombres españoles.
Tampoco es azaroso que estas personas transmitan a estos pequeños, que ya no son argentinos, ideales italianos, de los cuáles ellos (los padres) están
ansiosos de apropiarse, sin dejar que los pequeños, llegado el momento eligan. Esto comporta un síntima muy claro de falta de identidad y un fracaso, podríamos
añadir, del proyecto de la Generación del ’80, en lo tocante a la formación de la argentinidad.
Detrás de estas acciones, se esconde, como dijimos más arriba, la rabia. Una rabia que, si bien empuja a la acción, es necesario sacarala afuera
porque esconde el dolor, la tristeza y la frustración, que son todas respuestas naturales y/o normales frente a un duelo, como el de dejar atrás tu país,
tu Patria. Si se pudiera racionalizar que detrás de esta indiferencia por lo propio y las acciones que, en consecuencia, se desencadenan, se podría correr
el sujeto del lugar de la bronca como motor de sus acciones y estaría más a salvo de reproducir en otro espacio, en este caso, un país extranjero, las
mismas situaciones que en el propio. He aquí la clave que permitiría el verdadero cambio de lugar, la verdadera partida. Cambio que no es necesario llevar
adelante lléndose de un espacio físico, por otro lado, ya que un país es como nuestra casa, nuestro lugar, del cual nos hemos apropiado lentamente tantos
años, tienendo en muchos casos, el dolor como única constante. Pero el no correrse del lugar de la bronca, impide la tramitación del duelo por lo perdido
e impide, además, ver las ganancias de las nuevas situaciones.
Aquí podemos agregar una de las diferencias sustanciales con los desaparecidos de la época de la última dictadura: si bien el razgo común entre
ellos y los emigrantes es la ausencia, en el caso de los primeros, los cuerpos jamás, hasta ahora, fueron recuperados y el duelo fue, si es que fue,
tramitado de manera extraña. Mientras que en el caso de los emigrados, en cualquiera de las categorías antes descriptas, la ausencia se lee en la falta de
presencia del cuerpo, de todo lo gestual-corporal, pero la comunicación sigue existiendo: están sus voces, sus letras, sus discursos, sus envíos.
Mientras que el discurso de los desaparecidos es pronunciado por otras voces. Voces que no logran acaparar el lugar de la materialidad completa de la
presencia de las personas desaparecidas, mientras que los emigrantes si lo hacen.
En relación con esto, tendríamos que volver, usando el marco histórico como referente, al tema del cambio de la sociedad argentina de receptora a
expulsora de población. Y en el centro de este gran debate, que fue trazado muy linealmente en el marco histórico, insistimos, es que está la idea de la
falta de esperanzas. La canción de Joan Manuel Serrat que reproducimos más arriba, habla de un personaje cercado por la falta de esperanzas. Esto es
remarcado por los versos: “ Del amo eran las tierras camino abajo, las moras y las flores de los bibalvos./ La mula y los arreos, el pan y el vino./Los árboles,
las piedras y los caminos... Del amo era el olivo donde lo hallaron, y la soga de esparto, que le sacaron./ Y el pedazo de tierra donde hoy se pudre, y el
trigo que en la sierra, su tunva cubre...Nunca nada fue suyo, nada tuvieron. Por eso yo lo canto, cuando murieron...” Estas palabran dibujan la asfixiante
realidad del personaje que decide, como liberación, el suicidio. Pero, por otro lado, Serrat, que es un autor contemporáneo, estpa describiendo la situación
de la España de Franco, es decir, la de los años 30-40, no tan lejana de nuestro tiempo actual. El personaje de Manuel, en esta canción, fue incapáz de
cualquier decisión personal, cercado como estaba por la presencia asfixiante del amo, no del patrón o el empleador, por lo tanto, jamás se pudo hacer
cargo de una decisión personal, nada más que la de engendrar un hijo y decidir supropia muerte. Esta metáfora puede ser aplicada tranquilamente a la
realidad actual, a los mensajes ambiguos que se mandan y mandamos dentro del entramado de la sociedad en la que vivimos: la sociedad argentina, junto con el
resto de la sociedad latinoamericana, es una sociedad húerfana, tanto histórica (porque no se hace cargo de su propia historia) como social (necesita
siempre de un papá que resuelva sus problemas). En los momentos de crisis, estas dos carencias salen a la lus con más fuerza que de continuo. La
consecuencias son, en nuestra opinipon: toda una serie de mensajes ambiguos que circulan constantenteme. Por ejemplo: quien no oyó alguna vez decir “este
es un país d mierda”, “acá todos son iguales”, “todos los políticos roban”, frases estas, salidas del sentido común que tiene la tendencia de
concentrar, simplicar y borrar las frornteras de la realidad. Por otro lado, y usemos como ejemplo la guerra de las Malvinas, el Mundial ’78 y el Mundial
Corea-Japón ‘2002, la nacionalidad, la argentinidad resurge como el ave féniz de sus cenizas y se manifiesta en la unidad por sobre la diversidad, sin
explicación aparente y en manera espontánea, frente a un adversario al que hay que combatir o vencer. Es un sentimiento que se cohesiona frente a un otro,
y luego se diluye. Es la antinomia Patria/País de mierda. Esta ambiguedad en los mensajes impide la la construcción de una salida, es decir, de la
realización de una apuesta con vistas al futuro. Y no se puede construir una salida si no se cree que la hay.
La sociedad argentina, especialmente la clase media, algunos sectores de la clase obrera y, muy especialmente, las clases dirigientes, tienen directa
responsabilidad en estas carencias de identidad, de nacionalidad, etc. Jamás han servido como contralor frente a los embates de un Estado que, por
momentos, parecía faraónico, y or otros, débil y tambaleante. Este juego de desgaste, transformó al Estado Argentino, no es lo que debería haber sido
siempre, es decir, la concentración de la soberían del pueblo, sino en un estado solamente dorlaecido en sus poderes represores o de guerra, ya sea
interna, como exerna. Esto es un estado represor. Por otro lado, la falta de control de la sociedad civil, también fomentó y cristalizó la idea del un
estado a conquistar, para hace de él tierra arrasada. La síntesis de este planteo sería pensar, cuántos que votaron a Menem, por ejemplo, se encuentran
ahora en Miami o en Europa, mientras que las consecuencias que desencaderanos sus propias acciones son padecidas por otros menos afortunados, sin que medie
entre una acción y la otra, el sentimiento de culpa y/o responsabilidad. Y esto tiene que ver también, en la falta de responsavbilida en la pelea por
encontrar una salida en clave social o común. En resúmen: estos mensajes contradictorios, estas acciones centradas en el bien personal, fuera de todo
sentimiento social, bloquean la posibilidad de hacer de la partida, una opción, es decir, de construir la opción, incluso, la de quedarse. Y esto también
refuerza, por izquierda, la idea de que la ayuda depende de otros: el FMI, la CEE, el que ya se fue, etc, y no de uno mismo, junto con todos los otros que
padecen lo que yo padezco, es decir, la negación de la idea o pertenencia al grupo y el refuerzo de la expulsión. El tema de Alberto Córtez, “El abuelo”, constituye el ejemplo en el cual el personaje puede racionalizar una decisión, que es la de irse de Galicia. Los versos: “El abuelo un día, cuando era muy joven, allá en su Galicia,/miró el horizonte y pensó que otras sendas, tal vez existían./Y al viento del norte, que era un viejo amigo,/ le habló de su prisa./ Le mostró sus manos, que mansas y fuertes, que estaban vacías./ Y el viento le dijo: “Construye tu vida, detrás de los mares, allende Galicia”... El abuelo, un día, como tantos otros, con tanta esperanza,/ la imagen querida de su vieja aldea y de sus montañas,/ se llevó grabada muy dentro del alma,/ cuando el viejo barco lo alejó de España./ El abuelo un día, se subió a la carreta de subir la vida,/ empuñó el arado, abonó la tierra y el tiempo corría,/ y luchó sereno por plantar el árbol que tanto quería./ Y el abuelo un día, lloró bajo el árbol que, por fin, florecía./ Lloró de alegría cuando vió sus manos, que un poco más viejas, no estaban vacías./ Y el abuelo, entonces, cuando yo era un niño, me hablaba de España./ Del viento del norte, de su vieja aldea y de sus montañas./ Le gustaba tanto recordar las cosas que llevó grabadas muy dentro del alma,/ que a veces callado, sin decir palabra, me hablaba de España.” Aquí, el personaje puede hacer una evaluación de la situación en la que vive, que no aparece tan aplastante como en la canción anterior y puede constuir una salida, que, al principio, se muestra como individual, pero que, luego se hace colectiva. Es decir, que toma conciencia de la elección que hace y esto no le impide conservar su identidad de español, y adaptarse a la nueva realidad encontrada en Argentina. Al contrario que el personaje de “Manuel”, el personaje de Cortéz vence, al hacer conciente su decisisón, la rigidez, el resentimiento, la rsignación a la realidad dura e inmutable, y, lo que es más importante, le ´permite posicionarse en el lugar del propio deseo: “ Y el abuelo un día, cuando era muy viejo, allende Galicia, me tomó las manos,/ y yo me di cuenta de que ya se moría./ Entonces me dijo, con muy pocas fuerzas y con menos prisa,/ “Prométeme hijo que a la vieja aldea volverás algún día,/ y que al viento del norte dirás que su amigo, a una nueva tierra, le entregó la vida”./ Y el abuelo un día, se quedó dormido, sin volver a España, el abuelo un día, como tantos otros, con tanta esperanza./ Y al tiempo al abuelo lo vi en las aldeas, lo vi en las montañas,/en cada mañana, en cada leyenda,/ por todas las sendas que anduve en España.” Este posicionamiento le permite al personaje adaptarse a la nueva realidad que le toca vivir, pero una adaptación positiva, en el sentido que puede ver la diversidad de su nueva realidad como un enriquecimiento, no como una anulación de su identidad. La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿cómo es posible racionalizar este tipo de decisiones? La respuesta siempre está no en la aceptación resiganda de la realida, sino en la aceptación paticipativa de esa realidad, ver a la realidad como una sumatoria de voluntades y de aciones, no como una entelequia. Esto permite tomar conciencia de los procesos personales, como el dolor, la trisreza, de la que hablabámos antes, pero también del propio deseo, de cambiar o de permanecer. Y esto es contitutivo, incluso de la identidad. Especialmente en un país como la Argentina, que siempre ha vivido mirando a Europa. La aceptación de la propia naturaleza, de los íntimo y personal, apropiarse de ello, permite al sujeto hallar su lugar en el mundo, las coordenadas de su propio deseo y ser conciente de las elecciones que toma. Entre ellas, la del duelo, la posibilidad de la metáfora y la imposibilidad del olvido. Existen salidas, existen contactos. La “lógica del desaparecido” de la que hablábamos más arriba, constituye solamente un recurso atróz a los que recurren los diseñadores de una sociedad vil, decadente y expulsiva. No es verdad, a pesar de las palabras de Francisco Fraco, cuando decía que “gracias a los que se fueron (a Argentina), España pudo salir adelante”, es decir, una mirada positiva sobre los que se van y no una negativa, como traidores, como apatridas, que sea necesario expulsar población para que el sistema avance, cualquiera que este fuese. Según los datos del INDEC y otras entidades afines, en el 2001, año de la caída estrepitosa del gobierno de De la Rúa, Argentina registró una cosecha récord, considerando solo el ganado vivo vacuno, habría tenido la posibilidad de dar de comer a 300 millones de personas por una semana, sin embargo, pasó lo que pasó, los niños muren de hambre, junto con los viejos y los jóvenes se van, y solo somos 40 millones de personas en un territorio inmensamente rico. En la medida en que la socieda argentina no tome coniencia de sus recursos, humanos y materiales, en la medida en que no racionalice, es decir, haga conciencia, los mensajes que circulan por la sociedad, alimentados por los medios y sus intereses, veremos nuevas y constantes sagrías, innexplicables a veces, solo entendibles, otras.
“CUANDO ALGO ESTÁ REFUNDIDO, HAY QUE REFUNDARLO”
Ps Analía Busaglo (UNR) Rosario Prf. María Verónica Diana (UNR) Rosario-Italia.
Mayo-Junio del 2003
|