Las maniobras de los italianos Benetton
para NO pagar por un juicio perdido.
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DICEN NO TENER PROPIEDADES EN EL PAÍS
A fines de Mayo del 2004, el grupo Benetton ganó un
juicio contra la familia Mapuche Curiñanco-Nahuelquir.
Los italianos lograron entonces quedarse con 536
hectáreas que el pueblo Mapuche reclamaba como parte de
su territorio. Los voceros de Benetton, más allá del
daño que sufrió la imagen de su empresa, festejaron el
fallo en nombre de la “seguridad jurídica” y el “respeto
a la propiedad”. Pero ese supuesto apego a las leyes
parece entrar en contradicción con otras actitudes del
grupo económico. Es que luego de 20 años de litigio, en
un fallo de reciente ratificación, la justicia argentina
condenó a Benetton a pagar más tres millones de dólares
a un empresario perjudicado por las maniobras del grupo
en los años 80. Los italianos tratan de desconocer la
deuda, y por ahora lograron frenar el embargo de su
castillo en Treviso, Italia. Al momento, la justicia
local no encontró bienes para embargarle en nuestro país.
Para no hacerlo, se reflotó una
antigua leyenda:
Benetton no tiene propiedades en la Argentina.
La historia comenzó en 1984, en un balneario de Punta
del Este. Allí, el empresario argentino R.J. Willmott se
encontró con Luciano Benetton, con quién comenzó a
negociar una licencia para explotar la firma italiana en
el mercado local. Willmott venía de trabajar en
Argentina con marcas como Guess, Fiorucci y Sergio
Taccini, así que no le costó mucho ganarse la confianza
de Luciano.
Un año después, en Febrero de 1985, el empresario
argentino viajó a Italia con una propuesta de negocios
que incluía abrir sucursales en el interior del país.
Con él viajaron dos acompañantes particulares: los
hermanos Marco y Federico Gastaldi, que hacían de
intermediarios con la familia Benetton. Más tarde, los
abogados del grupo italiano sostendrían que sin la
intervención de los Gastaldi, “no se habría celebrado
esa entrevista”.
Como es sabido, en nuestro país los Gastaldi alcanzaron
la cumbre de su fama como banqueros ligados al menemismo
y a los ricos y famosos de la era de la convertibilidad.
Luego de la quiebra de su Banco, el Extrader, fueron
denunciados en Estados Unidos por su presunta
participación en maniobras de lavado de
dinero. En el 2002,
Marco Gastaldi conoció la cárcel, acusado de “estafas
reiteradas”, por su actuación al frente del banco, que
dejó varios ‘clavos’ entre los ricos que lo rodeaban.
Más tarde, en el ámbito de la farándula, las cosas
mejoraron: los encuentros de los Gastaldi con Mick
Jagger y otras celebridades internacionales los sacaron
de las páginas policiales y lo devolvieron a las
secciones de color de los medios locales. De todas las
relaciones que lograron mantener, la más sólida siempre
pareció ser la amistad con los Benetton. Los diarios
Pagina 12 y Clarín llegaron a escribir que Marco
Gastaldi era “representante, inversor y consejero” de
Luciano Benetton en Argentina.
Pero en 1985, durante las tratativas para explotar la
marca Benetton en Argentina, los Gastaldi parecían
ocupar solo el papel de presentadores.
En abril de ese año, Luciano Benetton llegó a Argentina
para recorrer la ciudad y elegir lugares donde se
abrirían locales. Sus anfitriones contarían luego que se
entusiasmó mucho con la esquina de Alvear y Callao, que
estuvo en un shopping de Avellaneda y visitó fábricas en
Colón. Y que en uno de sus tantos almuerzos en el
Sheratton
hotel, escribió en una
servilleta que pasos se debían seguir para terminar de
lanzar el negocio.
En ese mismo mes, las reuniones se trasladaron a
Treviso, Italia. Willmott
tenía un
plan de trabajo con
proyecciones hasta 1987, así que en ese viaje se comenzó
a hablar de las royalties y demás aspectos legales. El
18 de Abril se firmó el contrato entre ambas partes, y
los Benetton le entregaron a Willmott lo que se calificó
como “un material altamente secreto desde el punto de
vista comercial”.
Desde ese mismo momento, el argentino comenzó a trabajar
para montar lo que prometía ser un negocio muy
lucrativo.
Sin embargo, el ambiente flotaba un peligro: las
empresas Carmar S.A. y Abda-Grupo Induswell habían
registrado los nombres y logotipos de Benetton en la
Argentina. Se trataba de una maniobra que no es
desconocida en el ámbito comercial: registrar algo en
forma preventiva, y llegado el momento, negociar para
obtener algún beneficio a cambio de ceder los derechos.
Algunos de estos oportunistas son más audaces que otros.
En 1980, por ejemplo, el norteamericano Dennis Hope se
basó en una laguna legal para registrar la luna a su
nombre, y todavía hoy ofrece parcelas de terreno a quién
quiera comprarlas.
En el caso de Benetton, las cosas no parecían ser tan
complicadas. Al momento de firmar el contrato, se
decidió que ese registro podía declararse nulo, pero que
lo mejor para no perder tiempo sería negociar la cesión
de la marca con los registrantes. Pero so nunca sucedió:
según los abogados de Benetton, Carman S.A. se negó a
vender la marca, por lo que estos recomendaron a
Willmott que “se le propusiese a Carmar comprarle la
materia prima necesaria para la producción de los
artículos Benetton”. Para Willmott, eso significaba
sacrificar gran parte de sus futuros negocios.
Comenzó entonces un periodo de negociaciones turbulentas.
Se hicieron varias reuniones en Italia y en Argentina,
sin llegar a ningún acuerdo. Por último, el 18 de
Noviembre de 1985, Willmott decidió mandarle un telex a
Benetton, en el que declaraba “resuelta la contratación”,
y responsabilizaba al grupo italiano por “los daños y
perjuicios sufridos, como de las ganancias y chances
frustradas”.
Pocos meses después, la marca Benetton se empezó a
comercializar en la Argentina de la mano de Carmar S.A.
y de otra empresa llamada Vanderfield.
A partir de allí comenzó un conflicto judicial que ya
cumplió la mayoría de edad. El 15 de diciembre del 2001,
el Juzgado comercial Nro. 7 le dio la razón Willmott, y
condenó a Benetton a pagarle casí dos millones de
dólares por la “perdida de chance”, es decir, por lo que
el empresario argentino se perdió de ganar al no
concretar el negocio. El 23 de Mayo del 2006, con la
firma de los jueces de la Cámara de Apelaciones en lo
Comercial Bindo Caviglione Fraga y José Luis Monti, se
ratificó la sentencia con costas a cargo de Benetton.
Desde entonces, la suma a pagar asciende a casi 3
millones de dólares más honorarios.
Según fuentes cercanas a la causa, para cobrar la deuda
se envió un exhorto diplomático a Italia, donde se pedía
embargar el castillo de la familia Benetton en Treviso.
Hoy ese trámite está trabado en la justicia italiana por
una presentación de los Benetton. Según el abogado Hugo
Agusto, apoderado de la empresa de Willmott, con este
hecho “se pretendió desconocer el derecho argentino,
negándole validez a la sentencia por parte de aquellos
que alabaron a la justicia argentina cuando les dio la
razón en el tema Mapuche, y que la desconocen al momento
de tener que pagar las deudas condenadas en Argentina”.
En pocas palabras: para Benetton, la justicia argentina
es válida sólo cuando le da razón.
Pero aún queda un detalle. ¿Por qué ir a cobrarles una
deuda hasta Italia, cuando los Benetton tienen en la
Argentina más de 900.000 hectáreas de tierra, ganado,
pozos petroleros y cateos mineros?. Aunque parezca
surrealista, la respuesta es que los italianos dicen no
tener propiedades en la Argentina. Para sostenerlo, se
basan en un solo hecho: la Compañía Argentina Tierras
del Sud (así se llama su latifundio en la Patagonia) es
una Sociedad Anónima. Entonces, a pesar de que su
presidente es Carlo Benetton, y de que todas las
acciones de la compañía están en manos de Edizione
Holding (la sociedad madre del grupo Benetton), no
consideran que exista relación entre esas tierras y el
grupo italiano.
Con esa lógica, las cartas Benetton y Perez Esquivel,
las declaraciones públicas al respecto, el intento de
donar terrenos improductivos a la provincia de Chubut, y
hasta las reuniones en Italia con los representantes
Mapuche podrían ser considerados frutos de la más pura
ciencia ficción.
El diputado Carlos Tinnirello acaba de presentar un
proyecto para expropiar Santa Rosa, el predio de 536
hectáreas que reclama la familia Curiñanco. Como están
las cosas, para concretar cualquier medida de ese tipo
contra Benetton, tal vez haya que imitar lo que hizo el
fisco italiano con Diego Maradona la última vez que pisó
Italia: confiscarle lo que
tenía puesto.
Quizás, así descubramos que Benetton se está llevando
las riquezas de nuestra tierra en los bolsillos.