EL SUEÑO DEL PIBE
"Un puente es una buena excusa para escapar, volver, robar dinero,
unir, dividir, soñar... Hasta para escribir un cuento." Llueve, como siempre desde hace años, no lluvia torrencial,
simplemente una llovizna lenta que no empapa, pero molesta,
casi ya no sale el sol.
Lautaro no sabe que esta lluvia es causa del excedente de polución del norte del mundo, ni entiende nada de globalización ni de ecología, pero todo los días sale igualmente con su carreta a recolectar, los más preciados (porque bien pagos) son los cartones o papeles, ya que la destrucción total de bosques del mundo llevó a poder imprimir diarios, libros y demás, solo con carta reciclada. Son bienvenidos también vidrios y fierros, el plástico no vale nada. -Parece que va aseguì yoviendo nomà. -Si yo no conozco mà que yuvia, abuelo. -Va asalì a sirugear? -Sí, como siempre, no vemo ala noche abuelo. -Chau, pibe, chau! Lautaro nunca había conocido a sus padres, vivía en una villa miseria de una ciudad que algún día de su pasado intentó ser metrópoli; se había criado con su abuelo que le contó de sus padres, ellos quisieron, trataron y lucharon por vivir en un mundo mejor, tratando de cambiarlo no les fue muy bien, por este motivo tuvieron que buscar otro lugar y tomar forzosamente un avión del cuál cayeron misteriosamente (esto lo dijo para no crearle rencor y odio, sentimientos que nunca encuentran justicia con la venganza). Desde su casilla se podía apreciar el
Paraná, río que de vez en cuando le regalaba algún pez para llenarse la panza
y pasar así el día sin hambre. Lautaro veía que otros chicos como él
iba en auto, vestían diferente, con ropa nueva, y pensaba que algunos nacían
con suerte y otros se la tenían que buscar. Él había ido a la escuela
primaria, pero nadie le había explicado que las desigualdades no dependen de la
suerte. Ese día salió en su carreta, y sentía que todo no era como siempre, el petiso movía la cola algo molesto por las moscas y la humedad.Ya casi al terminar su recorrido, cerca del centro, al cual no podía entrar por ordenanza municipal, lo que le daba mucha rabia por que allí encontraba cosas buenas, se le rompió un eje, tuvo que dejar la carreta y el caballo en un baldío e ir a tomar un colectivo que lo dejase cerca de la villa, ningún bondi entraba ya en la zona por causa de los asaltos que sufrían. El abuelo de Lautaro le había dicho siempre que para obtener algo en la vida tenía dos maneras: Una era fácil, robando, pero de la cual era difícil salir después y traía muchos problemas; para romper o destruir algo, desde un vaso a una ciudad, alcanza con un segundo, pero arreglarlo o volverlo a construir puede llevar una eternidad. La otra era difícil, trabajando, al principio podía parecer difícil pero después se volvería fácil porque los problemas tenían solución simple no siendo dañinos para los demás, un honesto que se equivoca es mejor que un ladrón que hace del mal conscientemente. Quizás esta no era pura verdad pero por lo menos había tenido a Lautaro lejos de la droga y la delincuencia, teniendo así una mente mas despierta y pronta a aprender cosas nuevas. Llegó el colectivo, subió y dio enseguida en los ojos de las personas, su tez oscura, su ropa de "villero", lo hacían diferente (el racismo no es mas el miedo a lo desconocido, es el miedo en convertirse en algo que la sociedad rechaza). La mayoría lo miraba con indignación y otros con compasión, dos cosas contrarias que dan el mismo resultado: La intolerancia, la desigualdad, que en realidad es solo diferencia, todos somos diferentes, pero nadie es mejor que nadie, son solo las oportunidades que te ofrecen a hacer la diferencia. Se sentó en el ultimo asiento de la fila de los dobles, nadie sentaba al lado suyo, delante estaban dos chicos "normales". -Sí, sabés que ahí cada dos años tiran todos los muebles, los electrodomésticos, los televisores y todos que funcionan, pero como pasan de moda o salen modelos nuevos, los cambian. -Pero tanta guita tienen? -Y ganan todos bien. -Pero en la ciudad se armará un quilombo y medio si tiran todo junto. -No cada día de la semana le toca a un barrio distinto y la municipalidad pone contenedores inmensos. -Qué bárbaro! Y todo nuevo tiran entonces. -Y, si, mi hermana la que vive allá se amuebló toda la casa así sin gastar un mango. -Qué bueno, París, que copado!!! Lautaro no creía a sus oídos. Un lugar así no podía existir, sería el paraíso de los botelleros, ahí serían millonarios y tendrían trabajo seguro todos los días, probablemente no iban en carretas, tendrían camiones, que increíble. Pero existiría un lugar así? En sus pensamientos, Lautaro no llegaba comprender, pero igual se ilusionaba, por lo que había escuchado el lugar se llamaba París, apenas llegó a la casilla se sirvió un poco de guiso, saludó al abuelo y no se sentó a la mesa, se fue directo a la pieza, el abuelo le gritó que no comiera arriba de la cama porque la llenaba de migas, él no le respondió; debajo de su cama guardaba en una caja cosas que había acumulado, porque le gustaban o eran importantes, a lo largo de su todavía corta vida, él la llamaba la caja secreta, de allí saco un mapamundi ya marrón por la vejez y la humedad que tenía el papel, buscaba desesperadamente París y no la encontraba, sabía que si le preguntaba al abuelo lo iba a inquirir con preguntas, pero como no la encontraba le preguntó no más. -París queda en Francia que esta en Europa, acá ve. Pa' que quería saber donde estaba parís? -No, así, por nada. -No me ande con cuentos a mí, dele cuente no mà -... Y así la gente tira todo nuevo. -Está seguro, no sería una fantasía de lo pibe, en lo paise europeo hace mucho hubo una guerra muy grande. No creo que tiren así no mà la cosa, después de tanta miseria. -No sé, pero me gustaría ir. -ja ja ja ja, para ir hay que tomarse un avión y lo boleto salen carìsimo y ni en toda una vida usted junta esa plata. -Y si hacen un puente de acá hasta allá? -ju ju ju ju, sabe cuanto kilometro son, é imposible, como iría? -Con la carreta y el petiso. -Se mueren ante de llegar, no puede cabalgar tanto, se muere. Ademà donde está el petiso y la carreta? -Lo deje del Luisito. -Se le rompió otra vez el eje; le dije que se tiene que cambiar, la rueda de lo japonese o son como la del Torino. -Pero si cargo bien de comida y agua a lo mejor llegamo a París. -Y el puente? Nunca van a construir algo así. Lautaro, pensó y pensó y así se durmió. Estaba sentado en la orilla del río donde acostumbraba ir a pescar, pero él sabía que el lugar era ese y al mismo tiempo no lo era, el agua estaba amarilla, los sábalos y dorados cantaban murmurando, a él, de repente el cielo se abrió y desde arriba apareció una señora que se parecía a la de un afiche que él siempre veía cuando se acercaba al centro pero estaba vestida de blanco y celeste y resplandecía mucho, bajó lentamente. -Hola Lautaro. -Hola, quién es usted? -Soy Patriana, la madre de todos los desamparados, ayudo a todos aquellos que lo necesitan, hago beneficencia, asisto, gracias a la contribución de plata que me da la gente rica. -Porqué se apareció en mi sueño? -Para concederte un deseo, tus ganas de tener algo eran tan fuertes que me llamaron, entonces yo vine a cumplirte lo que me pidas. -Pero lo hace de verdad, no será como esos que vienen acá a prometer y después no cumplen nada, y a los cuatro años se los vuelve a ver. -No, yo te los concedo en serio, aunque esté avalada por el F.M.I. -No entiendo, pero yo le pido igual: Quisiera un puente de aquí hasta París que esta en Francia que está -Si ya sé, en Europa, donde yo nací, donde nació "todo". -Y lo podés hacer? -Andà mañana a la parte sur del puerto, andà bien temprano y listo a partir. -Gracias señora Patriana. -De nada Lautaro, pero acordate bien una cosa: "No todo lo que brilla es oro"; otra cosa el deseo tiene una duración y depende siempre del mismo, como lo que vos pediste es algo grande, muy grande, el deseo dura poco, muy poco. Lautaro, se despertó sobresaltado y con un gran impulso, eran las cuatro de la madrugada, se acordaba en detalles el sueño, sentía que había sido real y que el puente estaba ahí esperándolo. No dudó un instante, preparo un bolso con algo de ropa, juntó algo de plata y le dejó una nota al abuelo: Si no
vuelvo para la noche, e porque me fui a parís, Chau
abuelo te quiero mucho.
Lautaro. Se fue corriendo a tomar el colectivo que lo dejaba cerca de donde había dejado la carreta y su caballo. Sabía que Luisito, que era verdulero, abría muy temprano para recibir la verdura, así que aprovechó dos cosas, por un lado tendría enseguida con que viajar, por el otro podría cargar alguna caja con verduras y frutas. Llegó corriendo y Luisito recién se levantaba, cuando lo vio creyó estar soñando, Lautaro le explicó todo y él no entendió nada, pero igual le dio las cajas, su carreta y caballo que estaban en el fondo y Luisito ya le había arreglado el eje. Luisito había sido el mejor amigo del padre de Lautaro, él siempre lo había considerado un hijo. Lautaro tomó camino rumbo al puerto, antes compro unas cuantas botellas de agua, llegando vio que había un poco de gente asomada a la barranca. Sus ojos no lo podían creer el puente estaba allí, la poca gente que había, por la hora que era, se preguntaba porque estaban haciendo allí un puente, y lo extraño era que lo construyeran tan rápido, ya que hasta el día anterior no había nada, todos se creían que era un puente en construcción porque no se veía el final, pero Lautaro, sabía donde daba ese final, bajó la barranca e inició su viaje. Cuando el sol puso toda su luz sobre el río, los que estaban por ahí se empezaron a asombrar, el puente que se había empezado a construir ya bastante tiempo no comenzaba ahí, aparte no veían el final. Muchos se preguntaban si los gobernadores de la ciudad habían cambiado idea en cuanto al puente, pero nunca lo habrían podido terminar tan rápido. La noticia llegó enseguida a los medios; unos cuantos políticos decidieron atribuirse la obra y en pocas horas organizaron una ceremonia de inauguraciòn. Estaban todos, el intendente con otros secretarios y demás personajes políticos partieron en sus autos advirtiendo a la población que a mitad del puente se encontrarían con las autoridades de la ciudad vecina con la cual habían terminado el puente, bautizado como "El puente de la gloria". Algunos periodistas aceptaron como decían los funcionarios, a otros les parecía extraño que no hubiesen hecho ninguna campaña en cuanto al puente ya que algunas semanas atrás había sido electo el partido que ya gobernaba anteriormente y el mismo intendente, pero no habían hecho hincapié en la finalización tan próxima del puente. Los autos de la comitiva habían recorrido ya casi veinte kilómetros, cuando de golpe se les apareció el final del puente, como cortado de repente, gracias a la buena vista del conductor y a los frenos del auto no cayeron, desde ahí no veían mas que el río y las islas pero nada más, pensaron que era realmente el puente que estaban construyendo y volvieron hacia atrás. En París había pasado algo parecido, salvo que ellos dijeron que era una nueva super autopista en construcción y tardaron menos, que en la otra ciudad, en poner las casillas para cobrar entradas, ellos para mirar una obra en construcción, los otros para pagar un peaje de un puente que no llevaba a ningún lado. Los medios trataron la noticia durante unos días, luego la dejaron de lado por las exigencias del tiempo y del mercado, cosas que no tendrían que afectar a la información y que ya no solo la condicionan si no que la fabrican. El abuelo de Lautaro en un principio se había preocupado pero después con el andar de las cosas se fue dando cuenta de que su nieto, no sabía como, había conseguido lo que tanto anhelaba. Ya casi había pasado un mes de viaje, Lautaro estaba cansado de ver solo el azul del cielo que se mezclaba con el azul del océano, hasta a veces transformarse en el mismo color, veía que los víveres se iban acabando y que el petiso estaba llendo cada vez mas lento. De noche se ponía a observar el universo y pensaba si sus viejos lo estarían observando, si el abuelo se había dado cuenta, si realmente París fuese el paraíso de los botelleros. Por suerte era verano y no refrescaba tanto, lo que le extrañaba mucho era que nunca había visto pájaros ni ballenas ni nada de eso, aparte apenas había salido le bastó con hacer una hora de viaje sin darse vuelta ni mirar hacia abajo, cuando lo hizo no vio mas la ciudad que había dejado a sus espaldas ni el color marrón del río, solo vio ese azul. Una noche, en la cual pensaba en que todo era una equivocación, en lo que extrañaba al abuelo, al barrio, a todo lo que conocía, se le apareció una lechuza que lo hizo asustar mucho, lo miró y se fue, desapareció en la nada de la oscuridad. El se durmió. -Señora Patriana, aparezca por favor!!!, donde está, por favor ayúdeme. -Acá estoy Lautaro, que té pasa? -Estoy cansado de viajar, de no ver a nadie, de no ver tierra, casas, autos, gente. -Entonces que querés que haga? -No podrías hacerme llegar antes? -Si, pero acordate que como en todas las fábulas, los deseos son tres, usando este te quedaría uno solo. -Si, no me importa, por que no aguanto más. -Bueno, dormí ahora, mañana cuando te despiertes, andá por media hora y después... Ya te vas a dar cuenta. Esa mañana Lautaro hizo como le dijo Patriana, pocos minutos después de la media hora cumplida, empezó a notarse a lo lejos una ciudad, miró hacia atrás y el océano no estaba más, acá también el escenario era un río. Llegando a la costa, vio que había gente pescando, las personas no creían a sus ojos, de la nada había aparecido un muchachito extraño, con una carreta y con un caballo petiso y mal arreglado. Cruzando entre ellos los miraba, y ellos no decían nada, como Lautaro estaba acostumbrado, por que el abuelo le había enseñando, a saludar solamente después que lo saludaran, el no saludó a nadie. Avanzó un poco más y se topó con las casillas, enseguida salió un policía gritando en un idioma extraño. Lo que decía en sus gritos era que no se podía entrar con animales, y que le dijera quien lo dejó pasar, Lautaro que no daba mas se desmayó. Lo llevaron rápidamente adentro donde le prestaron los primeros auxilios y luego llamaron a una ambulancia. Una de las personas que lo había visto primero se acercó a hablar con el policía y le dijo que lo habían visto llegar desde donde la construcción terminaba. Lautaro despertó y se vio rodeado de doctores y no entendía nada, preguntó dónde se encontraba y un doctor reconoció su idioma. El doctor le explicó a sus colegas que Lautaro era de su país y les dijo que lo dejaran solo con él. -Dónde están tus documentos? -Salí tan rápido de la casilla que me los olvidé. -Cuánto hace que vivís en París? -Ya estoy en París?!!! -Que bueno llegué, lo LOGRE!!!!! -Qué lograste? -Logré cruzar el puente!!!!! -QUÉ PUENTE? Lautaro le contó todo al doctor, el cual no le creyó nada obviamente siendo un hombre de ciencia. Él preguntaba como había hecho a subir a una avión una carreta y un caballo y entrar a Francia sin visa y sin pasaporte. Él dijo que era verdad lo que le había pasado, él le volvió a insistir que no lo delataría, pero algo tenía que decir. La noticia se divulgó enseguida en todos los medios que querían entrevistar al chico misterioso venido de la nada. Fue tanta la presión que tuvo que ir al más famoso TalkShow del momento, lo habían puesto con otras tres personas, había uno con un pasamontañas que decía de hablar con ángeles, otro vestido de mujer que decía ser la hija ilegitima de Hitler, y la tercera era una chica que decía haber sido capturada por los marcianos, detrás del escenario vino una señora y le dijo que se cambiara y se pusiera la ropa con la cual había llegado. Después de haber contado todo y haber mostrado las fotos de su vehículo, le preguntaron para que había venido hasta París... -Vine a buscar las cosas que tiran. Todo el publico explotó en una gran carcajada. -Para hacer que? Preguntó la periodista. -Para llevarlas a mi ciudad y venderlas, yo soy botellero. Botellero era una palabra sin traducción, el publico y la periodista no pudieron comprender. Lautaro saliendo del canal de televisión vio a unos crotos juntando cosas de los tachos de la basura. Le dijo al doctor, que lo había acompañado hasta ese momento, como era posible que hubiese pobres en un país como ese. Él le dijo que en todo el mundo había pobres. Lautaro se sentía muy perdido, el doctor le había dicho que era imposible llevarse las cosas por diversos motivos los costos, los impuestos, y demás el no entendía nada, además le dijo que había ya asociaciones que se ocupaban de hacer eso. Lo que no entendía era porque la gente tiraba esas cosas y porque no las llevaban para países pobres, el doctor trató de explicarle como funcionaba el mercado, y que salía mas barato tirarlas y destruidas que regalarlas, que en realidad el mercado es una cosa sin lógica, digamos que la única lógica es la de ganar, y no la de crecer y hacer crecer, cooperar y distribuir, si no ganar y ser mas fuerte. Lautaro no podía comprender tanta maldad y tanta ignorancia. Era de noche ya, se sentía muy mal, veía que todo había sido un engaño que el paraíso de los botelleros no existía, que su mente tenia que tratar de entender muchas cosas. Se sintió tan mal que creyó morir y se durmió. -Lautaro que pasa? -Ah es usted señora Patriana, porque no me dijo todo desde un principio? -Porqué las cosas son mejores si se las vive en carne propia, acordate que té queda un deseo. -Quiero volver a casa, y olvidarme de todo. -Bueno. Lautaro se despertó sobresaltado, eran las ocho de la mañana, y estaba en la casilla se podía oler la malta recién hecha, era el abuelo que le había preparado el desayuno. Le pregunto si había soñado con París, el no le respondió. Se levantó, se toco los bolsillos y sacó una postal, era de París, detrás decía: "Hablando con vos, me puse a pensar y me surgió una pregunta: Si los árboles nos regalan sus frutos y las plantas sus hortalizas, las vacas su leche, los animales su carne, todos los seres vivientes de la tierra nos dan algo sin recibir nada a cambio. Por que los humanos, entre nosotros, nos vendemos estas cosas? Quizás algún día me des la respuesta? Lautaro no entendió, guardó la postal en su caja, y se fue a tomar la leche. Emiliano Nicastro, Junio 2000
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