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Hace treinta años...
Hace treinta años que el siniestro brazo de la oligarquía, el monstruoso plan del imperialismo, para imponer su proyecto terminaba de tomar forma en nuestra América del sur. Argentina se hundía en la dictadura más sangrienta y degenerada de todas las hasta entonces sufridas por nuestro pueblo. El plan Cóndor, Bolivia, Chile, Uruguay, Perú y Argentina. La Argentina fue el último eslabón de esa cadena de horror por una razón: allí estaba el más grande potencial revolucionario de toda América y era necesario que estuviera primero cerrado el cerco antes de que se hiciera posible el asesinato y la desaparición de miles de militantes. De esa forma creyeron terminar con toda resistencia para aislar y masacrar con impunidad a nuestros compañeros de Montoneros y del Ejército Revolucionario del Pueblo, se equivocaron. Se equivocaron también los defensores de la transició n hacia la salida “democrática” donde Videla no era fascista como Pinochet y se equivocaron los “derechos y humanos” del mundial 78 que preferían que tiraran madres de los aviones a que se pintara el frente de la Catedral y razonaban:”por algo será”. También se equivocaron los que apostaban a negociar sobre los muertos de Montoneros y el ERP cuando la dictadura abrió las puertas de la Rosada en el desbarrancarse final después de Malvinas y se equivocaron aún más los que montaron la infamia de los dos demonios tratando de poner en la balanza a compañeros y torturadores, a sobrevivientes y ladrones de niños diciendo además en el colmo de la hipocresía que “la democracia nacía allí y era como un niño al que había que cuidar” ignorando los muchos años de democracia y de historia que nuestro pueblo tenía a sus espaldas. Se ignoró también a los que respetaron la Constitución que legislaba la obligaci ón de los ciudadanos a ¡alzarse con las armas! para defenderla contra los que la derrocasen. En ese mundo del revés los patriotas que sobrevivieron se convirtieron alternativamente en los cómplices de la dictadura o en los militaristas inconcientes que empujaron una juventud ingenua a una muerte sin sentido. Hoy sabemos que sí tuvo sentido, no su muerte sí su lucha y sí el riesgo y sí su valor y arrojo que tanto homenajeamos tal vez porque no están. En este rumiado reproche dejaré claro que pienso en las palabras del evangelio: “El que esté libre de culpa que arroje la primera piedra” y me incluyo por mi debilidad, por mis dudas y mi cobardía pero comparto toda la responsabilidad de aquella lucha y no estoy arrepentido.
Los años que precedieron habían sido vertiginosos, difíciles pero llenos de esperanza . Allí enfrentamos a la represión de Onganía ,de Lanusse con la energía de una generación que había crecido con las canciones de la resistencia republicana española ,las de Numa Moraes (el "tupa"),deVigletti,de Violeta Parra,de los Olimareños,de Inti Limani, de Quilapayún ,de Huerque Mapu, de Yupanqui...Eramos hermanos del Ché ,hijos de Perón y de Evita , de la resistencia peronista, del padre Mugica , de Camilo Torres...una generación que luchó contra la guerra de Vietnam, que hizo posible mayo del 68 ,que en nuestra Patria fue ,Taco Ralo, el cordobazo, el Aramburazo, la CGT de los argentinos, Tosco, Ongaro, Ramus, Abal Medina... La memoria es selectiva, personal y subjetiva como toda memoria, como la misma historia. Antes de nosotros muchos cayeron para que la Patria viva. Antes que esta generación hubo otras que p elearon en la semana trágica y en la Patagonia rebelde , en el 55 contra el golpe gorila de la revolución fusiladora y dieron su vida.Y aún antes y tuvieron sueños y nos dieron la memoria de sus luchas, sus ideas, para que sigamos.
Hoy
también otra generación protagoniza con sus errores y sus
logros y sabemos que como dijo José Martí:
“Ningún Mártir muere en vano, ni ninguna idea se pierde en
el ondular y en el revolverse de los tiempos. La alejan o la
acercan, pero siempre queda la memoria de haberla visto
pasar” Fuimos muchos los que sobrevivimos y muchos los que murieron y fue peleando. Las clases medias tilingas y beneficiadas, los periodistas adocenados y lo alcahuetes de lo políticamente correcto trataron de imponer la idea de que los desaparecidos eran gente al azar o simples opositores de partidos tradicionales .Solo en algunos pocos casos fue así para completar el marco de terror necesario para imponer el proyecto del imperialismo. Pero, sin embargo, la inmensa mayoría fueron compañeros militantes revolucionarios que nos llenan de orgullo y ningún blanqueo nos quitará el hermoso color de los ideales por los que luchamos. Seguramente es más fácil eludir el papel de pasivo observador, en el mejor de los casos, si se incluye uno en aquellos que podían haber sido asesinados por la locura de un dictador errático al que similares depravados enfrentaban con sus propios métodos. Nuestros muertos, desaparecidos, murieron en una guerra desigual, terrible, fueron a veces arrancados de sus casas, otras de sus trabajos, siempre con el amor y la dignidad en sus manos pero fueron asesinados por lo que eran: con o sin armas pero del campo de un pueblo que los asesinos sabían tenía un destino de grandeza y una bandera que esos miserables traidores al ejército Sanmartiniano no podrían hacer ondear jamás.
En esos años nacieron ni ños que hoy tienen treinta y tantos y recuerdan el golpe del 76 como muchos de nuestra generación recordábamos el del año 55 y fuimos capaces de soñar con una Patria Grande y vivir por ella. Porque los que sobrevivimos sentimos y soñamos como lo hubieran hecho nuestros compañeros desaparecidos. Sin duda si ellos estuvieran en lugar de nosotros tendrían nuestros sueños, seguirían nuestra lucha y nos recordarían construyendo desde el amor y la alegría ,como ha sido siempre,no desde la muerte. Desde aquí quisiera convocar a un recuerdo sin nostalgia a un recuerdo que nos vivifique y nos alimente. Enterrar a los muertos es dejar el camino a la vida y para que la vida se abra paso es necesario que los más jóvenes reemplacen a sus mayores. Nada favorece más al enemigo que nuestro desaliento y nada nos enturbia más que el deseo de venganza. Los 30.000 compañeros ya no están y nada ni nadie será capaz de hacer la más mínima justicia porque para hacerla deberían volverlos a la vida. Si alguna justicia es posible será cuando se cumpla la liberación definitiva de nuestra Patria Grande, en un mundo más justo, más solidario y con un futuro de dignidad para el hombre. Allí en ese instante nuestros héroes pero también aquellos muertos olvidados ,nuestros sencillos m uertos que anónimamente un día la pobreza puso a un costado, los chiquitos que no tuvieron siquiera la oportunidad de morir por la Patria, los excluídos de todos los rincones, vivos en el alma del pueblo serán la fuerza imparable para ganar esa batalla. Han pasado treinta años y recuerdo a la “Asunta” (Asunción Luzzi ) como si en esa compañera pudiera resumir mi pequeño homenaje. Hoy tendría 49 años, era montonera y amiga. Pero a pesar de los años y a pesar de tanta nostalgia por cada desaparecido quiero pedir permiso para tener mi humilde lugar, hasta que me de el cuero, en esta nueva etapa e n la que quisiera ver un horizonte de esperanza y afirmar: la lucha, la vida, continúa .No nos han vencido. Jorge Bellini Movimiento Peronista Montonero
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