Genocidio e impunidad: debates y política.

Apuntes personales sobre el 24 de marzo para

no perder la memoria en el Museo

 

Cada 24 de marzo, la historia cae sobre nosotros.

Sobre todos nosotros.

Sobre los jóvenes que se encuentran con una historia que desconocían y también sobre los que la transitamos.

Sobre las cabezas, ya sin pelo o con canas, de los que poblaron sus cárceles y estuvieron alojados en los innumerables centros de detención clandestina que la dictadura armó a lo largo y ancho del país o, lo que no es mérito menor, resistieron dentro y fuera del país, como siempre se resiste: como se puede, con las armas, las ideas, la organización y la inteligencia que cada uno tenía.

Y también, sobre las conciencias de los que no hicieron nada ante el horror y fueron parte de esa mayoría silenciosa que pegaba obleas "somos derechos y humanos" o nos puteaba en el ´79 cuando hacíamos la cola para denunciar en Buenos Aires ante la C.I.D.H. de la OEA lo que algunos parecen descubrir 25 años después.

Si tengo que recordar aquel primer 24demarzo , debería hablar de una medianoche de miedo y escape fúrtivo de la casa paterna que pocos días antes había sido semidestruida por un atentado terrorista y horas despues sería asaltada por una turba enloquecida de soldados y oficiales armados como para destruir todo un batallón enemigo.

Si se trata de recordar el segundo, debo hablar con orgullo de mis compañeros de detención en Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe que -otra vez hay que decirlo- cada uno como podía, resistía en la última trinchera que nos quedaba por defender que era la de nuestra identidad: la de los montoneros, la de los perretes, la de los troskistas y también, ¿por qué no?, la de quienes habíamos sufrido represión desde 1921 en adelante (asesinaron al comunista, dirigente de la Patagonia Rebelde, Albino Arguelles, dando inicio a una larga lista cuyos últimos nombres son los aportados a la dolorosa lista de muertos de la Alianza radical/frepasista: Jorge Guerrero y Graciela Acosta), los comunistas del Partido Comunista Argentino.

Los cuatro siguientes fueron de mucha angustía porque la dictadura seguía en pie y hasta parecía consolidarse sobre la montaña de plata dulce y la aparente desaparición de la escena pública de casi todo: de los partidos de izquierda, de la lucha obrera y estudiantil, del pensamiento crítico, etc Casi todo se había vuelto invisible, o así parecía, al menos hasta aquel marzo de 1982 en que entre casi todos los que intentabamos resistir construimos, como se pudo, la huelga del 30 de marzo que arrinconó a la dictadura y precipitó Malvinas, la derrota y el desplome de la dictadura.

Los siguientes ya fueron de marcha y de denuncia.

De lucha por la verdad y la justicia.

De esperanzas en los pasos que parecía que dabamos y de frustración cuando comprendíamos que habíamos sido llevados perversamente a caminos sin salida, a juuicios sin castigo, a verdad sin aparición con vida, a discurso progre y Ley del Olvido, Punto Final y amnistía.

Conviene recordar las dos explicaciones principales que desde entonces circulan entre nosotros sobre el genocidio: a) fue hecho para derrotar un gobierno peronista, y éstos fueron sus únicas o al menos, mayoritarias víctimas o b) el genocidio fue un desvío del recto camino democrático de las instituciones argentinas que arranca en 1880 con Roca y que hoy, felizmente, ha sido retomado por la secuencia Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner (de Rodríguez Saá no se hace cargo nadie, ahora, como si el puntano hubiera llegado a la Casa Rosada por designios divinos y no por un acuerdo bipartidista radical peronista).

Cómo siempre, las explicaciones históricas están motivadas en el presente, en contundentes rarzones de la política (entendida aquí como construcción de consenso para un proyecto).

Fue Menem el que más empeño puso en asignar carácter gorila al golpe del ´76, en ponerse en el lugar de la víctima para desde ese lugar, legitimar su política de "reconciliación" entre torturados y torturadores, perseguidos y perseguidores; política que extendió al pasado (reconciliación pos mortem de Rosas y Sarmiento) y no se privó de gestos altisonantes como una sobreviviente de la E.S.M.A., Susana Decibe, como ministra de Educación (casualmente la que puso en marcha la Reforma Educativa del ´93).

De paso, el pase de magia de peronizar la represión borraba la historia de la izquierda roja, reprimida sin misericordia desde la Ley 4144 de 1902 y sometida entonces a una agresión cultural inedita (caida del Muro de Berlín y consecuencias mediante)

Recordar que fue un gobierno peronista el que ordenó a las Fuerzas Armadas "aniquilar" la subversión, que dos años antes del 24demarzo cortaron de un solo golpe la experiencia del gobierno popular de Córdoba, y que un año después (pero uno antes del 24demarzo) aplastaron a sangre y muerte las luchas obreras del cordón industrial que va desde Campana a Puerto San Martín -el Operativo Rocamora de represión a Villa Constitución-, sería un modo de desmentir la hipotesis peronista, pero creo que es aún más contundente vincular el genocidio con el modelo neoliberal y a Menem como el político que al completar la obra, la realiza plenamente.

El plan Cavallo/Menem es lo que le da sentido histórico al 24demarzo, el genocidio está a su servicio y por eso no es un sustantivo del pasado sino un verbo del presente aunque ahora sea un genocidio limpio, social.

Si Menem usaba sus días de cárcel para legitimar la amnistia y el neoliberalismo fundamentalista, Kirchner pretende usar su discurso antimenemista para justificar la nueva fase del capitalismo neoliberal en la Argentina, ya sin paridad cambiaria ni plata dulce, viviendo de las exportaciones que requiere imperiosa pobres que no consuman para poder exportar alimentos en un país hambriento.

Lo dicho antes, genocidio social, aunque ahora con discurso progre.

El discurso del desvío es más afín a la tradición liberal en su versión alfonsinista e incluye una interpretación más amplia de la historia argentina: el país se ha debatido entre la organización y la anarquía, entre la organización nacional y el feudalismo, entre la democracia y el autoritarismo. La lucha por la democracia viene de lejos, y habrá que esperar mucho más para que sea plena, sustantiva, capaz de garantizarle a todos todo, como prometía Alfonsin en el ´83. Desde esta perspectiva, oficial en los documentos estatales, "el gonocidio fue cometido por militares perversos que se desvíaron de la tradición sanmartiniana y sacaron al país del camino democrático que nunca debió abandonar y que por suerte desde el ´83 hemos recuperado, para siempre".

La intención de limitar el genocidio a un acto represivo, cometido solo por los militares sin razón social ni económica aparente, es aquí transparente; tanto como la funcionalidad de las teorías de los dos demonios, la victimización de los perseguidos (en primer lugar la izquierda) que apuntan a legitimar la teoría videlista de los excesos cometidos, posiblemente como respuesta a las provocaciones de la ultraizquierda (idea que se articula con el discurso de los infiltrados y los que no respetan el ser nacional, etc.).

Para quienes visualizan el genocidio como un acto aislado y militar, los discursos de estos días y los gestos presidenciales, son como un canto maravilloso en sus oidos.

Y tienen todo el derecho del mundo a pensar así, a escribir cartas públicas de apoyo a Kirchner y a vivir estos días como una primavera democrática.

Pero no en su nombre.

Lo que no deberían es mezclar a los desaparecidos y la causa de la revolución en la Argentina con estas posiciones de apoyo a un gobierno cuyo continuismo no merecería discusión alguna entre gente informada del pago al FMI, el presupuesto 2004, el incrementeo de la pobreza y la exclusión social o los compromisos estatales con la "guerra" imperial que lleva adelante los EE.UU. contra los pueblos.

El genocidio fue el acto fundacional de un capitalismo neoliberal que está vivto y coleando, tanto como la Conquista de América, y el genocidio contra los pueblos originarios, lo fue del proceso de acumulación primitiva del capital a nivel mundial (ya que citan la tradición socialista podrían leer a Marx en El Capital: el capitalismo viene chorreando sangre y barro, y está hablando de aquel primer genocidio) o la llamada Conquista del Desierto, la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay y la derrota de las montoneras del interior profundo (todos ellos hacia fines del siglo XIX) lo fueron del capitalismo agro exportador y el Orden Conservador.Si la violencia es constitutiva del acto básico del sistema, la extracción de trabajo no retribuido a los proletarios, la famosa plusvalía; el genocido ha sido entre nosotros el modo de poner en marcha un nuevo modelo de dominación/explotación.

Queremos ser claros: la continuidad del capitalismo es la prueba más contundente de la impunidad para los genocidas de 1492, para los de 1870/80 y para los de 1975/82.

Dicho esto, dos palabras finales sobre la lucha jurídica contra los genocidas y la cuestión de los museos de la memoria.

La Justicia no es otra cosa que la voluntad de las clases dominantes hecha ley, y eso explica la rigurosa impunidad de los respnsables del genocidio en su asepción no solo represiva sino fundacional de la Argentina Neoliberal que sufrimos; pero es también un escenario más de la lucha de clases donde se debe luchar, y hasta se pueden lograr algunas conquistas, siempre parciales y transitorias por cierto.

Si vamos a hablar en serio de la revolución deberíamos reconocer la verdad de aquellas palabras de Lenin acerca de que todo triunfo es relativo hasta la conquista del poder.

Pero en ese camino, el de la construcción de poder popular para luchar por el poder (porque hay otras ideas sobre lo que hacer con el Poder popular, por caso: apoyar a un presidente que proclama como su horizonte revolucionario el capitalismo naciojnal, que de existir (cuestión harto improbable por razones que cualquiera que conozca lo mínimo sobre el carácter global del sistema capitalista y su modo de reproducción ampliada reconocería) sería justamente eso: capitalismo, y si el capitalismo es la causa de la crisis no puede ser su solución.; quiero decir que con la mira puesta en la acumulación de fuerzas, sin ilusiones en las instituciones y los aparatos de dominación del estado, uno puede reclamar a la Justicia la Verdad y Castigo que siempre hemos considerado la base elemental para la clausura de la impunidad, así sea en su versión estrecha (solo sobre los militares).

En mi caso, he acudido a la Justicia en 1977, para denunciar torturas por parte de un grupo de genocidas santafesinos cuyo miembro más notorio es el hoy ex Juez Víctor Brusa destituido por una lucha al que dimos nuestro modesto aporte; testimonié ante el Juez Garzón en España y ante el Juez Rodriguez en la causa penal abierta contra Brusa y Cía. luego de la negativa a extraditarlo que decretó De la Rúa.

Son 26 años de lucha jurídica sin resultado alguno: nadie está preso, nadie ha sido citado a responder por las acusaciones de 18 sobrevivientes del centro clandestino de detención de Santa Fe llamado La Cuarta y por lo que parece el Juez no tiene el menor apuro en tomar la menor decisión que altere la paz de los genocidas uno de los cuales es intentente de Rincón, ciudad santafesina, en nombre del Partido del Señor Presidente, el Partido Justicialista.

Tampoco me he opuesto a la creación de Museos o sitios similares dedicados a preservar la memoria de las víctimas del genocidio.

Pero hay dos clases de Museos: los que preservan el pasado para potenciar la lucha del presente, y estoy pensando en el Museo de la Revolución de La Habana, Cuba, del cual uno sale con el corazón caliente y la sangre presta a luchar contra el Imperio; y hay otros que transforman la lucha en un sustantivo del pasado al cual respetar pero al que no le puede traer al presente por estar fuera de época o ser causa de las penurias presentes.

Los que se han comprometido con la idea de un Museo deberán resolver prioritariamente esta cuestión: será un Museo donde la Muerte aseche con su carga amenazante, o será un espacio de debates sobre la vigencia del genocidio como verbo del presente, presente que continua el pasado con el pago de la deuda, el presupuesto 2004, la Reforma Educativa vigente y la larga lista de agravios que sufrimos todos.

Un Museo de este tipo deberá tener, para ser verdadero, en la galería de culpables la foto de Nestor Kirchner como la expresión actual de un capitalismo de ciento cincuenta años, que tuvo en Videla y Menem a dos expresiones, exageradas y fundamentalistas es cierto, de una esencia que le es inescindible: explotación y dominación, consenso y coerción, la urna y el gatillo facil, el homenaje a los 30000 compañeros y el asesinato de los militantes de Jujuy, como dos caras de la misma moneda.

Como siempre, cada cual tomará el lugar que más le guste, pero los que opten por el lado del capitalismo deberían tener un poco de pudor en hablar en nombre de una generación que dió su vida en la lucha por derrotarlo.

Por mi parte, no hablo en nombre de nadie y solo puedo decir ante el llamado a apoyar a Kircher lo que decían los españoles a Aznar cuando los llamaba a apoyar la guerra de Irak: NO EN MI NOMBRE.

José Ernesto Schulman

Ex preso político, querellante en la causa penal contra los genocidas santafesinos que se libra ante el Juez Federal Rodriguez del Juzgado Federal Número Uno de Santa Fe, alguna vez ocupado por el hoy ex Juez Brusa. historiador autor de Los laberintos de la Memoria. Relatos de la lucha contra la el genocidio y la impunidad y otros libros que se pueden leer en www.nuncamas.org