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EL DIA QUE NOS COGIMOS A LA MUERTE
24/3/04 10:30 a.m.
El calor agobiaba las almas. No se podía ni respirar de la cantidad de gente que quería estar allí. No solo
estar, también participar, mirar, ser testigo de algo que solo pasa una vez, que el tiempo deja escapar y queda en la retina, como un respiro hondo, como
un parpadeo. Eso y ya está, ya fue, ya pasó.
Muy por la mañana, cuando todavía no había mucha gente y los medios de prensa estaban llegando, los rostros
de nuestros fantasmas, de almas condenadas a deambular por el aire sin vida ni muerte, me guiñaban un ojo y me decían que nos quedáramos tranquilos, que
todo saldría bien.
Mucha gente acudió a ese guiño, mucha gente. Mucha.
Me encontré con mi hermano y su novia que estaban filmando en video lo que ocurría. El calor nos derretía.
Pero seguimos ahí, aún cuando el primer comunicado leído por los organismos de Derechos Humanos pedía que en un rato más (dos horas) abrirían la jaula,
dejarían entrar tanta luz y verdad y justicia como pudieran, pero que no entrarían al predio, se quedarían parados, simbólicamente. Y pedían que nadie
entrara. Pero no fue así. Dos horas esperamos.
Las rejas se abrieron de a poco. Parecía un sueño, una pesadilla que se sentía bien de ser soñada, una
magia envuelta en aire. Las Madres y Abuelas se marcharon, los Hijos, con claveles rojos, entraron, y detrás la gente.
El predio se inundó de vida, luego de dar tanta mierda y muerte durante añares.
Los abrazos, saludos, besos y llantos con conocidos y desconocidos regó el piso de cemento. No se puede
describir lo que uno siente en esos momentos.
La puerta del edificio principal estaba cerrada. Los claveles se dejaron ahí, sobre el pórtico de ingreso (yo
dejé los míos) junto con gritos y bailes y cantos de desprecio a los militares. Los cantitos que tantas veces grité en una marcha, que tantas veces
vociferé hasta quedarme sin voz, reivindicando la lucha de quienes dieron todo por un futuro mejor para todos nosotros ahora los cantaba con mucha fuerza
desde adentro de la ESMA, ese lugar de mierda, de destrucción del ser humano, esa cueva de bichos en putrefacción. Después de años y años una gota de
vida, fuerte, contundente, enérgica, irrumpió con bronca, alegría, emoción (mucha emoción) en esa casa de muerte. "30.000 compañeros
desaparecidos... PRESENTE!!! Ahora y SIEMPRE!!!" gritábamos sin cesar.
Las puertas del edificio seguían cerradas. Luego de muchos cantos y abrazos y gritos e hijos pidiendo algo más
que ladrillos y actos, nos fuimos todos por el parque interno del predio, que se llenó de mates, chicos, bebés con madres, mucha juventud, de una energía
que nunca había pisado ese pasto verde. Era muy raro ver ese panorama en "ese" lugar.
El acto central, realizado en la calle lateral, pero vivido por mí desde adentro del predio, colmado de gente,
contó con la presencia de muchachos nacidos en la ESMA, que arremetieron contra el gobierno, contra los que cubren y ocultan, contra los políticos que
tienen la opción de colaborar con la verdad y no lo hacen, contó con un poema de una mujer desaparecida, recitado por Soledad Silveira, habló Ibarra, a
quién abuchearon como loco, y el presidente Kirchner, que dijo lo políticamente correcto, aunque con cierta emoción.
Luego cerró el acto el trío Gieco - Heredia - Serrat, cantando cuatro canciones que, oídas desde el lugar en
donde estaba parado yo me hicieron emocionar hasta las lágrimas.
El acto terminó y todos comenzaron a irse. Caminando por la Av.Libertador, intentando ver la ESMA con otros
ojos, ver su fachada algo cambiada, percibí que la gente había entrado al edificio. Corrí mucho para poder entrar.
Un hall enorme. Una escalera lateral que lleva al primer piso donde hay oficinas que dan a un pasillo abierto
como un balcón hacia el hall. La gente se puso a recorrer las oficinas y a sacar algunos papeles, los pocos, casi nada, que dejaron los bichos de mierda
antes de irse. Sobre algunos
pizarrones de las aulas algunos escribimos los nombres de desaparecidos y otras escritas. Desde ahí arriba se
podía ver la gente que entraba al hall, como una gran ola, por un portón de vidrio abierto en la parte posterior.
Volví a bajar al hall, donde dejé un clavel prendido en la pared. Un hombre aplaudía mientras la gente
entraba y entraba. Otros comenzaron, tímidos, a aplaudir. Uno cercano a mí comenzó a gritar hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es
militar". Yo lo seguí casi al segundo y sin pestañar
toda la muchedumbre dentro del edifico comenzó a saltar y a cantar. Mucha euforia dominó el lugar. Otros cantos le siguieron, otros gritos, otros aplausos,
durante largo rato. Estábamos entusiasmados, emocionados, extasiados. No se sabía si llorar, reír, bailar, cantar, callar, gritar, putear. Eso sí, todos
mirábamos y observábamos todo. Nos sentimos testigos de algo realmente histórico. Algo que nunca más va a
pasar. Es ese momento y nada más. Había muchas esperanzas, muchos fantasmas que danzaban con nosotros, muchas caras sin rostros que ya no estarán tan
tristes, que sentirán que algo está cambiando, que no todo fue en vano, que hace 28 años que la gente los reivindica y que después de tanto pelear algo
se gana, aunque más no sea un ladrillo, un lugar ganado al olvido, a la muerte.
El himno nacional vino después, cantado por todos los presentes, mientras una pareja bailaba y una bandera
argentina flameaba de la mano de un muchacho. El momento fue único.
En la planta alta, una escalerita chiquita llevaba al altillo, oscuro oscuro, y por unas maderas y otra
escalerita me subí al techo, ahí donde está el escudito ese. Desde arriba la vista era fantástica: Los sillones de las oficinas afuera, la gente sentada
en ellos, sobre el pasto, mirando hacia nosotros con mucha calma, contrastando poderosamente lo que pasaba adentro. Papelitos por todos lados, que llovían
de las oficinas. Un chico que también subió se lamentaba de no tener a mano un "trapo", una bandera de alguna agrupación de DDHH para colocar
en lugar del escudo. Espero que esté en los planes de quienes coordinen el Museo de la Memoria colocar esos "trapos" en la fachada de la ESMA (Escuela
Superior de la Mierda Argentina).
Bajé muy emocionado, di una recorrida al lugar y me fui. No tengo fotos.
Me llevo esto en el alma y se irá conmigo el día que me muera. Pero antes lo voy a contar cuantas veces pueda, como la memoria, la obstinación, la fuerza
y la lucha vencieron, por una vez, aunque sea por una vez, a la muerte.
30.000 COMPAÑEROS DESAPARECIDOS PRESENTE!!!! AHORA Y SIEMPRE!!!
E.D.G. 24marzo04
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