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El Imperio
Neomercantilista en América Latina
James
Petras
La tercera sección de este ensayo discutirá las crisis del imperio, seguida por un análisis del carácter y las políticas de la administración Bush, y específicamente cómo afectan a América Latina, incluyendo una discusión de la estrategia militar de EE.UU. (Plan Colombia - Iniciativa Andina) y su relación con el ALCA (Alianza de Libre Comercio de América Latina) - los enfoques gemelos para la recolonización de América Latina.
Para comprender los problemas y las perspectivas de la administración Bush en la dirección del Imperio, es esencial examinar el legado de Clinton. Esto requiere que examinemos la vasta expansión del Imperio bajo Clinton, los fundamentos económicos interiores de la expansión en el exterior y los primeros signos de la crisis imperial bajo Clinton. Bajo el presidente Clinton, el imperio estadounidense se expandió mucho más allá de las fronteras de cualquier otro presidente desde Harry Truman. Desde los países bálticos a los Balcanes, siguiendo hacia la parte meridional de lo que antes era la URSS, EE.UU. ha establecido una cantidad de estados clientes, que son o nuevos miembros de la OTAN o "Asociados por la Paz" (clientes en espera). En Asia, los militares de EE.UU. han incursionado en el espacio aéreo de China, modernizado a los militares de Taiwán, adquirido participaciones en las principales industrias de Corea del Sur, y enfrentado a la economía estancada de Japón en la búsqueda de supremacía en la región. En la actualidad, EE.UU. tiene bases militares en las fronteras de Rusia, con misiles a sólo cinco minutos de Moscú. Washington bombardea impunemente a Yugoslavia, Afganistán, y Somalia, organiza "Juicios Espectáculo" en la Haya donde hace desfilar a sus rivales derrotados. Washington tiene bases militares en sus nuevos estados satélites -Albania, Macedonia, Kosovo y a través de la OTAN, en la República Checa, Polonia, Hungría, Bulgaria, etc. Los imperios euro-estadounidenses han logrado imponer el neoliberalismo en cinco continentes, posibilitando la adquisición de lucrativas empresas nacionales (tanto públicas como privadas) y la penetración de los mercados, extendiendo y profundizando así el control imperial sobre las economías del Tercer Mundo. El legado de Clinton respecto a la economía interior, reveló una realidad falsa: en apariencia una economía en expansión durante nueve años, durante los cuales las corporaciones estadounidenses pudieron acumular enormes ganancias, basadas en parte en ganancias en papel resultantes de especulaciones salvajes en la bolsa, del lavado de cientos de miles de millones de dólares de "dinero sucio" por año en los principales bancos de EE.UU., de niveles de consumo basados en altos niveles de endeudamiento, y elevados déficits comerciales. La mayor desregulación del sistema financiero y de la economía llevó al más elevado nivel de desigualdades y de concentración de la riqueza en Wall Street de todos los presidentes de EE.UU. desde el comienzo del siglo XIX. Así, la expansión en el exterior se basó en fundamentos muy frágiles de la economía interior. Esencialmente, los fundamentos locales del Imperio estaban basados en inversiones especulativas internas y costosas conquistas en el exterior. A fines de la presidencia de Clinton, hubo una implosión de una economía inviable e insostenible. Aunque la crisis comenzó durante los últimos meses del régimen de Clinton, se profundizó bajo la presidencia de Bush. Los signos fueron evidentes en todos los sectores económicos. El colapso de las industrias de tecnologías de la información (ITI) y el fracaso de la mayor parte de las empresas biotecnológicas fueron dos ejemplos prominentes de la propaganda especulativa que tentó a millones de inversionistas a invertir miles de millones de dólares en lo que equivale a una inmensa estafa financiera. La baja de un 70% en el valor del sector de la tecnología de la información es comparable a la caída en los valores durante la Gran Depresión. La mayor parte de las acciones que se derrumbaron tenían valores de hasta 200 veces su capacidad de ganancias. La mayor parte de los valores de tecnología de la información jamás dieron una ganancia y algunos ni siquiera habían presentado un producto vendible que pudiera generar ingresos. Muchos crecieron simplemente a causa de expectativas futuras promovidas por los especuladores y estafadores que entraron temprano al mercado, inflaron su valor, tomaron sus ganancias y dejaron a millones en posesión de papel sin valor. La industria biotecnológica siguió un camino similar. A pesar de la propaganda del mercado que se llevó decenas de miles de millones de dólares de los inversionistas prometiéndoles "drogas milagrosas" o "descubrimientos milagrosos," sólo un 25% de las 400 firmas más importantes ganaron algún dinero, y sólo 63 drogas nuevas fueron desarrolladas durante los últimos 25 años, después de invertir decenas de miles de millones de dólares. El colapso de estas inversiones, predispuso a los inversionistas, llevó a un sub y desempleo en gran escala y minó la confianza en la llamada "nueva economía." Lo que es más importante, la nueva economía desvió cientos de miles de millones de dólares de las inversiones productivas en los fundamentos de la economía de EE.UU., como las nuevas fuentes de poder y energía (sol, viento, océano, etc.). Probablemente la mayor pérdida de fondos potenciales de inversión fue en la estafa del Y-2, en la que decenas de miles de millones de dólares fueron gastados corrigiendo ordenadores bajo la amenaza directa de un colapso económico -algo que ni siquiera ocurrió en países que gastaron menos de un millón de dólares. La burbuja de la TI fue estimulada en parte por el temor causado por la engañosa propaganda sobre Y-2. El punto teórico es que los años de "prosperidad" de Clinton se basaban en una economía de papel, especulativa, insostenible, alimentada por expectativas falsas basadas en propaganda de mercado, desconectada de la economía real. Junto con una política exterior rapaz que saqueaba riquezas en el extranjero aprovechando programas corruptos de privatización, sobre todo en los países ex comunistas, en América Latina y Asia, la riqueza del Imperio, estaba basada más en el poder político y la promoción mediática que en cálculos racionales de mercados. El segundo aspecto de la crisis económica traspasada por el régimen de Clinton al de Bush es la profunda y prolongada recesión en el sector de manufactura. Desde fines de 2000, hasta bien avanzado 2001, el sector manufacturero ha registrado un crecimiento económico negativo. Durante los primeros siete meses de la recesión se han perdido más de 500 mil puestos de trabajo en la industria. Aunque algunos de los desempleados han sido absorbidos por el sector de servicios de bajo nivel de salarios, en la mayor parte de los casos los trabajadores reubicados experimentan una disminución de un 30 a un 50% en sus salarios y previsión sanitaria. El tercer aspecto de la crisis son las insostenibles cuentas externas negativas. EE.UU. tuvo un déficit comercial de 437 mil millones de dólares en 2000, que fue cubierto sólo por los flujos de capitales extranjeros -muchos de los cuales vinieron de Japón, y también de "dinero sucio" del Tercer Mundo. La ley de EE.UU. permite que los mayores bancos estadounidenses laven legalmente miles de millones de dólares de evasores de impuestos y de gobernantes corruptos en el extranjero. Además, los bancos estadounidenses, a través de "bancos corresponsales" en el exterior, lavan cada año unos 500 mil millones de dólares en fondos ilegales. La declinación en la competitividad de EE.UU. se debe en gran parte al desvío de miles de millones a la economía especulativa, es decir a sectores de TI y de biotecnología, que contribuyeron poco o nada al aumento de la productividad estadounidense. Tarde o temprano, pero más y más lo primero, EE.UU. no podrá seguir basándose en fondos externos para compensar su déficit comercial y las repercusiones sobre la capacidad de EE.UU. de mantener su economía "basada en el consumo" y los niveles de vida de su población serán severas.. El cuarto aspecto de la crisis es la creciente dependencia de las corporaciones estadounidenses de las ganancias e ingresos de sus subsidiarias extranjeras. Con la declinación de la economía estadounidense, las exportaciones a los EE.UU. declinarán y obstaculizarán severamente las ganancias e ingresos de las economías neoliberales basadas en las estrategias de exportación. Esto probablemente reducirá las ganancias de las subsidiarias estadounidenses como resultado de la disminución de sus mercados en los países huéspedes, así como de sus mercados en EE.UU. Además, los mercados en el exterior se están haciendo crecientemente competitivos. Los inversionistas europeos, sobre todo España, Alemania, Inglaterra, han estado estableciendo bases mediante la adquisición de sectores estratégicos de la economía privatizada en América Latina. Resumiendo, la prosperidad económica de Clinton estaba basada en fundamentos viciados, conduciendo a inmensos errores de distribución de las inversiones basadas en la desregulación de la economía y la promoción por el estado de la burbuja especulativa. La administración Bush, que, desde luego, comparte las premisas de "libre mercado" y los objetivos imperiales básicos de su predecesor, tiene que confrontar la doble realidad de un imperio expandido y de una crisis que se profundiza: estos son los parámetros económicos dentro de la cual se enmarca la política hacia América Latina. La economía no es la única área de crisis en el imperio que enfrenta la administración Bush. Hay un problema serio que surge de la expansión político-militar agresiva que tuvo lugar durante los años 90. La principal característica del proyecto de construcción del imperio de Clinton fue la intervención indiscriminada e integral por doquier, sin considerar la región, las prioridades o la estrategia. El concepto de Imperio de Clinton era tan inclusivo que ninguna región del globo era inmune contra el asalto militar directo, la invasión o la penetración. La administración Clinton se involucró en el bombardeo continuo de Irak durante su presidencia, causando más de un millón de niños muertos por enfermedad, desnutrición, etc. Washington declaró dos veces la guerra (a través de la OTAN) contra Yugoslavia: una vez en Bosnia y después en Kosovo, estableciendo bases militares en Kosovo, Albania, y Macedonia. En África, Clinton envió tropas a Somalia, que tuvo que retirar más adelante, y después bombardeó el país, como lo hizo en Afganistán. Haití fue invadido en un intento de imponer un régimen cliente. Clinton expandió la participación en la OTAN para que incluyera a los nuevos regímenes clientes en Europa Oriental, mucho de los cuales recibieron su bautismo de fuego como cómplices en el bombardeo de Yugoslavia y en el apoyo logístico militar. La administración Clinton reclutó a un nuevo sector de "Asociados por la Paz", miembros subalternos de la OTAN en países desde el Báltico al Cáucaso. Finalmente, la administración Clinton apoyó al régimen totalmente ineficiente y cleptocrático de Yeltsin en Rusia, como un medio de destruir la economía y a los militares rusos, mientras que las corporaciones euro-estadounidenses saqueaban su economía, junto con los nuevos oligarcas rusos. Sin embargo, mientras crecía el imperio, así lo hacían las contradicciones. Washington podía saquear las economías, pero no podía impedir la crisis económica en continua profundización, ni controlar a una población cada vez más descontenta. Yeltsin fue reemplazado por Putin, y reapareció algo con un cierto parecido a una política económica y exterior, defendiendo a Rusia de las formas más brutales de expoliación. En Belarus y Moldavia, llegaron al poder nuevos regímenes que buscan lazos más estrechos con Rusia. En Europa Oriental, Ucrania y otras partes, la ola inicial de apoyo a la incorporación en el nuevo imperio, se desvaneció con la resaca de corrupción y saqueo que escoltó a los nuevos gobernantes del libre mercado. A fines de los años 90, el boicot de Washington contra Irán, Irak y Libia se erosionó al firmar estos países acuerdos de cooperación económica con Italia, Francia y otros gobiernos y corporaciones europeas occidentales. Mientras Clinton se concentraba en Israel y Kosovo, el comercio de EE.UU. con las naciones del MERCOSUR -en especial Brasil- descendió. La participación de EE.UU. en el mercado mexicano disminuyó. Inversionistas europeos, sobre todo España, compraron lucrativas empresas de telecomunicaciones, energía, y transporte, en los casos en que fueron privatizadas. Mientras EE.UU. apoyaba la extensión del neoliberalismo y expandía el Imperio, la explotación y el pillaje a través de regímenes clientes locales se profundizaba. Sin embargo, así lo hacía el crecimiento de la oposición a medida que aparecían regímenes nacionalistas, y se expandían los mercados regionales. El Mercado Común Europeo se expandió, y así lo hizo el MERCOSUR en América Latina. El régimen de Chávez en Venezuela proporcionó liderazgo a la OPEC, y profundizó sus lazos con Rusia, China, y Cuba, en defensa de un mundo multipolar. La ONU rechazó los candidatos de EE.UU. a dos comisiones, e incluso la OEA (Organización de Estados Americanos), generalmente dócil, se opuso a la política estadounidense de boicot económico hacia Cuba.
El presidente Bush enfrenta una doble crisis: una economía estancada y un imperio insostenible. Confrontado con esta doble crisis, la respuesta de la administración Bush está determinada en gran parte por los sectores del capital y las fuerzas ideológicas que componen su régimen. Tanto el régimen de Clinton como el de Bush están dominados por capitalistas o sus representantes.. Pero hay diferencias importantes en los sectores del capital que están representados. El régimen de Clinton estaba fuertemente influenciado por los banqueros de inversiones de Wall Street, las empresas financieras y aseguradoras, los especuladores de la TI, así como los fabricantes en el exterior. Su régimen dependía en gran medida de políticos clientes de las minorías (negros, latinos) y de los burócratas sindicalistas para movilizar a los votantes, a cambio de nombramientos políticos y de protección contra acciones judiciales. En contraposición, en el régimen de Bush, los capitalistas influyentes están ubicados en los sectores "extractivos" (gas, petróleo, proveedores de electricidad, minería, madereros.) Están ubicados geográficamente en el sudoeste y en los estados de las Montañas Rocallosas. Hay un fuerte respaldo por parte del completo militar-industrial, de los sectores del agronegocio (sobre todo de los monopolios del tabaco), así como de los inversionistas en las industrias farmacéuticas del extranjero. El régimen de Bush depende de fundamentalistas religiosos de la clase media baja, de ideólogos derechistas y anticomunistas y de las Cámaras de Comercio (pequeños negocios) para proveer los activistas políticos para ganar las elecciones. Como Clinton, Bush da "representación simbólica" a las minorías, 5 negros y latinos y varias mujeres forman parte de su gabinete, todos de acuerdo con su política exterior pro imperial y su política interior reaccionaria. Una vez más, la "diversidad" sin clases sirve los objetivos reaccionarios.
Estilos de Construcción del Imperio Mientras los objetivos estratégicos del régimen de Bush son exactamente los mismos que los de su predecesor, hay diferencias importantes en cuanto al estilo de construcción del imperio, en parte a causa del contexto cambiante, así como por diferencias en la composición interna de los dos regímenes. Clinton era un maestro del disimulo -un maestro en el ejercicio del poder y la perseverancia en los objetivos substanciales del imperio, mientras observaba las formas de consulta y "multilateralismo", siempre que coincidieran con los objetivos de EE.UU. La manipulación de los símbolos de la cooperación internacional por el régimen de Clinton, se manifestó en procesos de consulta formal con los aliados, y en menor medida con los estados clientes, seguidos por la acción militar unilateral o multilateral. Formalmente "consultivo" e informalmente "unilateral," era el estilo y la sustancia del régimen de Clinton. Cuando era posible asegurarse del apoyo de la UE para bombardear Yugoslavia, Clinton procedía mediante la consulta; cuando no era posible, como en el caso del bombardeo de Somalia, Afganistán, y Bagdad, el régimen de Clinton reaccionó unilateralmente. El estilo de construcción del imperio de Clinton combinaba la penetración económica abierta y el reclutamiento de nuevos clientes políticos con la intervención militar y de inteligencia encubierta. Este último método fue utilizado sea para reforzar la influencia sobre regímenes en desintegración o para socavar a regímenes independientes, o para vencer en la competencia contra competidores europeos o japoneses, usando el espionaje económico de alto nivel, el llamado Proyecto Echelon. En el ámbito ideológico, fiel a la distinción entre forma y sustancia, el régimen Clinton elaboró, con su socio subordinado Tony Blair de Gran Bretaña, la idea de la "intervención humanitaria" para justificar la invasión militar y la ocupación militar de Yugoslavia y el establecimiento de bases militares en Europa Oriental y en los estados balcánicos. El equivalente interno de esta versión del "imperialismo populista", fue la doctrina de "la Tercera Vía". Esta ideología preparó el camino para importantes cambios en las prioridades presupuestarias de la seguridad social a los subsidios capitalistas y a la construcción del imperio con el pretexto de suministrar una alternativa al "estatismo" y al "libre mercado." Bajo las formas ideológicas de la intervención humanitaria y de la Tercera Vía, Clinton realizó agresivamente políticas que extendieron el Imperio de EE.UU. mediante la intervención militar, la conquista imperial, y la imposición de doctrinas neoliberales. El legado de la extensión del imperio por Clinton, fue una serie de crecientes contradicciones estructurales y de crisis, que hizo que la política de expansión imperial indiscriminada de Clinton no fuera viable. La política de Clinton de estimular la inversión económica en el extranjero y de altas ganancias basadas en bajos salarios en el país, fue construida sobre la base de importaciones de bienes de consumo baratos de áreas con salarios aún más bajos, para compensar la baja de los ingresos de los trabajadores estadounidenses. El resultado final fue un déficit comercial insostenible. Las políticas del Tesoro de EE.UU. y del Banco Central (la Reserva Federal) dependían en alto grado de grandes ingresos de capital extranjero para equilibrar las cuentas externas, mientras que la recesión interna dependía de reducciones de las tasas de intereses que perjudicaban a los inversionistas en el exterior. La edificación indiscriminada del imperio por Clinton llevó a pérdidas en lo que se refiere a los mercados económicos estratégicos al mismo tiempo que ampliaba la influencia político-militar de EE.UU. en regiones económicamente marginales. La campaña de Clinton para reestablecer la supremacía de EE.UU. sobre Europa a través de la OTAN, pasó por alto el disminuido rol económico de EE.UU. en el comercio y los mercados europeos, así como los crecientes conflictos comerciales entre los dos "gigantes proteccionistas." La crisis del imperio de Clinton se basó en su incapacidad de ir más allá de la organización del saqueo y de las remesas en gran escala de riquezas a EE.UU. así como la instauración de gobiernos clientes. Nunca se concretó una integración a largo plazo, o en gran escala, de las economías subordinadas. En cambio, el pillaje condujo a crisis permanentes: la expansión indiscriminada llevó a la pérdida o decadencia de mercados estratégicos, la consulta no eliminó la competencia ni recuperó la supremacía de EE.UU. La administración Bush, dominada por factores de políticas estratégicas y económicas acostumbrados a imponer políticas en sus corporaciones y jerarquías militares, y a dominar mercados, reaccionaron a este complejo de crisis y del imperio expandido prosiguiendo políticas abiertamente unilateralistas, justificadas por la defensa de los intereses económicos imperiales de EE.UU. A diferencia de Clinton, el régimen de Bush no pretende "consultar" con sus aliados o clientes sobre las principales políticas estratégicas internacionales: sus cálculos y decisiones han estado directamente relacionados con los principales intereses económicos fundamentales del régimen: las industrias extractivas. El régimen de Bush rechazó absolutamente todos los acuerdos internacionales percibidos como negativos para las ganancias o para la explotación de los recursos naturales por las corporaciones de EE.UU., sin utilizar pretextos que enmascararan esos intereses tras una ideología "humanitaria." La política de Bush está basada en la participación estratégica, unilateral, en confrontaciones con el capitalismo europeo, con China, Rusia y el Tercer Mundo. Esta política es al mismo tiempo más agresiva (unilateralista) y menos dirigida a la intervención militar en regiones marginales. Está más dirigida a capturar mercados económicos estratégicos, y menos a hacer valer una presencia política de EE.UU. en los foros internacionales. La administración Bush está, por su parte, dividida entre imperialistas económicos e ideológico-militares, representados por el ministro de relaciones exteriores Powell por un lado, y por Rumsfeld-Cheney por el otro. Fuerzas compensatorias: Imperialistas Económicos contra Imperialistas Ideológicos El unilateralismo ha sido el sello distintivo del primer año del régimen de Bush. Desde el principio de su administración, eligió seguir políticas basadas exclusivamente en lo que se percibía como los intereses económicos de las corporaciones de EE.UU., y realizar esas políticas sin consultar a sus aliados o adversarios. Las decisiones unilaterales adoptadas por la administración Bush, continúan y extienden la política de Clinton de rechazar todos los tratados internacionales que limitaban o pudieran limitar el poder imperial de EE.UU. Clinton rechazó tratados internacionales sobre el uso de minas terrestres, sobre los derechos de los niños, y sobre el tribunal internacional de crímenes de guerra. Bush rechazó el Acuerdo de Kyoto sobre el control de los gases invernadero que contaminan la atmósfera, revocó el acuerdo sobre misiles antibalísticos (ABM) con Rusia y rehusó terminar con los subsidios a las exportaciones, lo que era solicitado por la UE. El representante comercial de Bush amenaza con restricciones comerciales a los países que protestan contra las cuotas de importación y las políticas "anti-dumping" de EE.UU. como formas de neo-proteccionismo. El unilateralismo, sobre todo respecto al rechazo estadounidense del Acuerdo de Kyoto, fue justificado por Washington porque era necesario aumentar los beneficios de las industrias extractivas y de los fabricantes estadounidenses y asegurarse ventajas comerciales competitivas sobre sus competidores europeos. El segundo ejemplo del "unilateralismo" de EE.UU. fue la decisión de Washington de rechazar las negociaciones con Corea del Norte y emprender maniobras militares provocadoras con las fuerzas armadas de Corea del Sur. Esta acción fue necesaria a fin de mantener la ficción de que Corea del Norte era un estado repudiado o "terrorista" que amenaza la "seguridad nacional" de EE.UU. y que por lo tanto justifica enormes subsidios estatales para los nuevos "sistemas de defensa" de misiles de largo alcance (beneficiando así al complejo militar-industrial). El tercer ejemplo del "unilateralismo" de EE.UU. fue la violación provocadora del espacio aéreo chino y el anuncio subsiguiente de que Washington continuaría con dicha práctica. Una vez más, esta acción estaba orientada a crear "tensión" para justificar mayores gastos militares, para consolidar la dominación de EE.UU. en el Mar del Sur de China, y para probar la disposición de la dirigencia china a sacrificar la soberanía política por objetivos económicos. En este contexto, la venta de armamentos en gran escala a Taiwán por la administración Bush, fue otra extensión de la política de abuso y tensión de EE.UU. - para promover las ventas de armas y el control político. La cuarta acción unilateral fue la decisión de revocar el Tratado de Defensa con Misiles de 1992 con Rusia, y provocar así una nueva Guerra Fría. El propósito, una vez más, fue justificar nuevos contratos militares del gobierno, por muchos miles de millones de dólares, a favor del complejo militar-industrial y obligar a Europa a obedecer las órdenes de EE.UU. y la OTAN. Las políticas unilaterales de Washington han tenido consecuencias no planeadas y negativas: la revocación de los Acuerdos de Kyoto ha aislado totalmente a EE.UU. en los foros internacionales. En la ONU, EE.UU. perdió las elecciones a dos importantes comités -uno sobre derechos humanos y el otro sobre el medio ambiente, quedando en claro que por lo menos algunos países de la UE votaron contra los candidatos de EE.UU. La decisión de EE.UU. de romper con Corea del Norte fue seguida de inmediato por una visita de la UE a Corea del Norte, el establecimiento de relaciones diplomáticas, y la firma de importantes acuerdos económicos. Además, la decisión unilateral de EE.UU. alienó a vastos sectores de la opinión pública de Corea del Sur. La decisión de EE.UU. de abrogar el Tratado de Defensa de Misiles con Rusia, alienó a Europa Occidental, y aceleró los acuerdos de cooperación económica entre la UE y Rusia. Las políticas de confrontación hacia China provocaron discusiones internas dentro del régimen de Bush, entre los Nuevos Guerreros de la Guerra Fría agrupados alrededor de Cheney/Rumsfeld, que se sitúan cerca del complejo industrial/militar, y Powell (el Secretario de Estado), que representa el punto de vista de Wall Street y de los grandes grupos de inversión en el exterior. El compromiso al que se llegó entre estas elites llevó a la resolución temporal del conflicto inmediato con los dirigentes liberales de China, sin sacrificar ni la política militar estratégica de cerco, ni el lucrativo acceso de las empresas estadounidenses a los mercados y a la mano de obra barata de China. Los Imperialistas de Mercado que apoyan a Powell están más interesados en el comercio y en el mercado de inversión en China, de un valor de muchos miles de millones de dólares, y en la conquista gradual de China mediante la colonización económica, enfrentando a los Nuevos Guerreros de la Guerra Fría, que están estrechamente ligados al complejo militar-industrial interno y a las industrias extractivas. La posición unilateral del régimen de Bush refleja el intento de Washington de imponer su posición y de presionar más agresivamente para obtener más ventajas para las corporaciones estadounidenses, aunque sea al precio de alienar a aliados estratégicos y al público en el país. La relativa decadencia de la posición competitiva de EE.UU., como lo demuestra el inmenso e insostenible déficit comercial, es la fuerza impulsora detrás del unilateralismo. Sin embargo, las realidades políticas y económicas del mundo actual debilitan la posición unilateralista. En primer lugar, las fusiones y adquisiciones por corporaciones multinacionales europeas, estadounidenses, y japonesas, socavan el intento de los Nuevos Guerreros de la Guerra Fría de desarrollar políticas motivadas exclusivamente por el complejo militar-industrial y las industrias extractivas de EE.UU. En segundo lugar, las políticas de confrontación militar aíslan a las corporaciones estadounidenses, incluyendo el capital extractivo, de lucrativos mercados y posibilidades de inversión en países como Irak, Libia, Corea del Norte, China, Rusia, etc. Los lazos económicos entre Europa y EE.UU. son tan fuertes como sus diferencias competitivas, por el momento. El problema para la administración Bush es el creciente comercio inter-europeo (dentro de la UE) que fortalece la autonomía europea frente a EE.UU. y limita el acceso al mercado europeo por parte de Washington. La relativa decadencia económica de EE.UU. en Europa y Asia significa que América Latina se ha convertido en una de las áreas centrales para la expansión imperial y la explotación de Washington. La Fortaleza "América" - Del Neoliberalismo al Neo Mercantilismo de América Latina Confrontado por la dura competencia y los balances comerciales negativos con Asia y Europa, la administración Bush decidió consolidar y profundizar su control sobre América Latina. Bajo Clinton, Washington había extendido el Imperio por los cuatro rincones del mundo, las corporaciones multinacionales estadounidenses habían logrado la supremacía, pero la "economía nacional" de EE.UU. -es decir las exportaciones y exportaciones, hacia y desde la economía territorial estadounidense, había sufrido una decadencia relativa, como lo demuestra su creciente déficit comercial. La única región en la que EE.UU. aún mantenía una balanza de pagos positiva era América Latina. También era la región en la que EE.UU. tenía el control histórico sobre los aparatos militares y de las policías secretas (las agencias de inteligencia), y una influencia dominante en las economías. Sin embargo, durante los años 90, a pesar del establecimiento de regímenes clientes y de inmensos flujos de beneficios, pagos de intereses y royalties a EE.UU., y las privatizaciones de empresas públicas que beneficiaron a multinacionales estadounidenses, había indicadores económicos que mostraban una decadencia relativa en la dominación por EE.UU. El comercio de México con EE.UU. descendió de cerca un 92% del comercio total en 1994, a un 70% en 1998. El comercio del MERCOSUR con EE.UU. declinó de un 17% en 1994 a un 14% del comercio total en 1998. Mientras que el MERCOSUR tenía un superávit comercial anual promedio de 66,6 miles de millones de dólares entre 1991 y 1999, sus "pagos de servicios" - pagos de deudas, ganancias, remesas de pagos de royalties - ascendieron a un déficit anual promedio de 89,5 mil millones de dólares entre 1991 y 1999, llevando a un déficit anual promedio de 22,9 mil millones de dólares. El objetivo estratégico de la administración Bush es aumentar la participación de EE.UU. en las transferencias por servicios, así como la parte estadounidense del comercio del MERCOSUR y cambiar radicalmente la relativa decadencia de EE.UU. en los años 90, debida al aumento de la competencia europea. Mientras Clinton se aseguraba regímenes clientes en Bosnia, Kosovo y Macedonia, la parte estadounidense del comercio con el MERCOSUR declinó cerca de un 18%. Corporaciones y bancos multinacionales europeos, especialmente el capital español, adquirieron sistemas de telecomunicación privados, bancos y compañías petroleras en Brasil, Argentina y España. Además, la dominación de EE.UU. en América Latina estaba siendo desafiada por los crecientes movimientos de guerrilla en Colombia, el régimen independiente nacionalista en Venezuela, e importantes movimientos indígenas y campesinos antiimperialistas en Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, así como por movimientos sindicalistas y urbanos en Uruguay y Argentina. En respuesta a estos desafíos, Washington ha elaborado una estrategia complementaria sobre dos flancos: el Área de Libre Comercio de América Latina (ALCA), y el Plan Colombia-Iniciativa Andina, ambos proyectados para aumentar el control de EE.UU. y profundizar su capacidad de extraer recursos y riqueza hacia EE.UU. El ALCA es el engendro lógico del progreso de la doctrina neoliberal impuesta por los factores de política de EE.UU. y sus clientes latinoamericanos desde mediados de los años 70. Mientras pretende hablar de "libre comercio," se parece al sistema mercantilista del antiguo sistema imperial. Una discusión del ALCA debiera comenzar con una aclaración de lo que no es el ALCA. Ante todo no es un acuerdo de libre comercio. Estados Unidos se reserva el derecho de mantener subsidios por 30 mil millones de dólares a su agricultura, la llamada legislación "antidumping" para proteger a sus principales industrias, cuotas para importaciones en sectores económicos en los que no es competitivo, una legislación bancaria que permite que los principales bancos de EE.UU. laven fondos ganados ilícitamente en América Latina, y una cantidad de restricciones "sanitarias," unilateralmente decididas, para reducir las importaciones de ganado y otros productos. Los países latinoamericanos, por otra parte, tienen que eliminar todas las barreras comerciales y cumplir con la doctrina del "libre comercio." En la cima de Québec, cuando el Presidente Cardoso de Brasil mencionó el tema de las restricciones "antidumping" de EE.UU. para las exportaciones de acero de Brasil, el Presidente Bush le dijo "¡eso no tiene nada que ver con el ALCA, eso debiera ser discutido en la Organización Mundial de Comercio!" En segundo lugar, el ALCA no tiene ni el más remoto parecido con una "integración económica." El panorama se parece a la subordinación de colonias a los países imperiales, en la que estos últimos controlan los sectores estratégicos de la economía, dominan los mercados y la mano de obra, y dictan la política económica. Integración implica un intercambio más o menos igual de productos, flujos de capital, ganancias e intereses en ambas direcciones, empresas conjuntas -en una palabra, relaciones y beneficios más o menos simétricos. El ALCA es totalmente asimétrico, las multinacionales estadounidenses acumulan activos latinoamericanos y determinan el flujo en una sola dirección de beneficios (ganancias, intereses, royalties), del Sur hacia del Norte. La subordinación, no la integración, define la naturaleza del ALCA. En ese sentido, el ALCA es muy diferente de la Unión Europea. En tercer lugar, el ALCA no estimula la competencia, fomenta los monopolios. Al establecer preferencias comerciales dentro del bloque comercial, el ALCA penaliza a Europa, a Japón y a otros socios comerciales no-hemisféricos y aumenta las posiciones comerciales monopolistas de la potencia principal dentro del hemisferio - es decir EE.UU., aumentando las ventajas de EE.UU., y disminuye la capacidad de los países latinoamericanos de conseguir mejores precios, tanto en las ventas como en las compras. En una palabra, el ALCA disminuye la competencia en el mercado mundial. En cuarto lugar, en vista de las restricciones mencionadas a la competencia y al comercio, en otras palabras, que el ALCA privilegie la posición monopolista de EE.UU., da más oportunidades a las firmas estadounidenses para que se aseguren empresas privatizadas a precios 'políticos' en lugar de pagar precios de 'mercado.' Uno de los argumentos dudosos de los ideólogos neoliberales es que "no hay alternativa al neoliberalismo." Los defensores estadounidenses del ALCA agregarían, "no hay alternativa al mercado y a los inversionistas de EE.UU." Desde la perspectiva de la teoría económica, el ALCA es la denegación de la premisa básica de los principios liberales (o neoliberales.) El ALCA es un sistema mercantilista, centrado en la supremacía política de EE.UU., cuyas políticas económicas son dictadas por el estado imperial a través de un conjunto de estructuras asimétricas, monopolistas, que facilitan el flujo de los beneficios en una sola dirección. La transición del neoliberalismo al mercantilismo de EE.UU./ALCA es el resultado de dos factores -la profundización de la crisis económica en EE.UU. y la creciente competencia de Europa y Asia, llevando a déficits inmensos e insostenibles. En un tiempo de crisis interna y externa y de creciente competencia, Washington necesita apoderarse de una mayor parte del mercado latinoamericano, sus empresas y recursos naturales. El ALCA establecería la supremacía de las compañías multinacionales de EE.UU. sobre los competidores europeos dando prioridad al acceso estadounidense a los mercados y al comercio. "Libre comercio" dentro del ALCA significa el control monopolista estadounidense sobre sus competidores latinoamericanos -especialmente si se toman en consideración las restricciones proteccionistas que Washington impondría a las exportaciones latinoamericanas. . Frente a los aumentos en el comercio interregional, especialmente en el MERCOSUR, el ALCA favorecería las exportaciones directas a EE.UU. por sobre el comercio, a través de subsidiarias, en los mercados regionales. Esto aumentará el superávit comercial de EE.UU. y perjudicaría a los proveedores secundarios de propiedad local de las compañías de propiedad estadounidense. El ALCA es un retorno a las relaciones bilaterales asimétricas reemplazando un "comercio regional" en el que los regímenes locales tenían algún margen de negociación. Es muy probable que el comercio regional, como existe en el MERCOSUR, declinará, ya que quedaría subordinado al ALCA. El resultado será favorecer a los exportadores de EE.UU., especialmente el agronegocio, los fabricantes, los servicios (tecnologías de la información, bancos, etc.) mientras se debilita el agronegocio argentino o a los industriales brasileños. Las multinacionales estadounidenses en esos países operarán según las reglas del ALCA -no según las regulaciones de los países en los que trabajan- particularmente en lo que se refiere a la legislación laboral, la salud y la educación. Lo que es probablemente de mayor importancia, el ALCA establecerá reglas y regulaciones dictadas por EE.UU. al fijar las condiciones para el comercio y la inversión por sobre y contra los regímenes neoliberales regionales. Esto significa vastos cambios en la educación, la salud, las relaciones laborales, el medio ambiente, así como en la economía. Por ejemplo, la salud y la educación serían privatizadas como resultado del fin de los "subsidios," abriendo la puerta a las gigantescas corporaciones sanitarias de EE.UU. y a elevados gastos de matrícula para las "universidades públicas" (como es el caso en EE.UU.) Básicamente, el ALCA impondrá sus políticas mercantilistas, estableciendo reglas diseñadas para favorecer el proteccionismo de EE.UU., y la apertura de América Latina. El ALCA significa el fin de los últimos vestigios de soberanía nacional -la recolonización de América Latina. Significa que las multinacionales de EE.UU. ya no tendrán que transplantar subsidiarias a América Latina, podrán exportar directamente de EE.UU. El ALCA es la extensión lógica de las políticas neoliberales del nivel nacional y regional al hemisférico. El "neoliberalismo" dentro de un sistema mercantilista manejado por y para EE.UU. y sus regímenes clientes locales. Si el neoliberalismo permitió a EE.UU. que participara en el saqueo de América Latina, particularmente en la privatización de las empresas públicas, con los ricos latinoamericanos y el capital europeo y asiático, el ALCA está hecho para maximizar la parte de EE.UU. en los mercados y los recursos latinoamericanos. El ALCA ha sido elaborado para crear una "Fortaleza América" contra la competencia euro-asiática, y para maximizar la extracción de beneficios, para financiar la creciente crisis en EE.UU. Con tanto capital estadounidense en el exterior, o en actividades especulativas o de consumo, los bancos de EE.UU. recurren al lavado de "dinero sucio," estimado por el Senado de EE.UU. en más de 250 mil millones de dólares al año, sirviendo así para "compensar" la tasa negativa de ahorro en el interior. La "actividad criminal" de la actualidad es lo que el "saqueo pirata" era en el capitalismo de la primera hora: la transferencia de capital de las colonias al centro imperial. Como argumenta Stephan Hasam, la estrategia del saqueo requiere una economía criminal que pueda generar grandes sumas de dinero para ser transferidas al lado legal de la economía. Esto significa que una economía criminal debe ser fabricada y "sacada adelante." En la actualidad la criminalización de las drogas, el contrabando por los poseedores de miles de millones de dólares y la trata de blancas estimulan el crecimiento del sector bancario estadounidense a través del lavado de dinero sucio. Es importante que las elites latinoamericanas continúen siendo corruptas y voraces, y que su actividad sea criminalizada, para que el flujo de capital "hacia el norte" se multiplique, y que su posesión asegure el poder imperial. El ALCA ha generado una oposición generalizada que va de los movimientos sindicales y campesinos a sectores de la burguesía nacional, particularmente en Sao Paulo y Porto Alegre en Rio Grande do Sul, ambos en Brasil. La codicia del ALCA, que va más allá de la política neoliberal, a un monopolio mercantilista, centrado en el imperio, amenaza con desplazar a ciertos sectores de la burguesía. Mientras la burguesía comparte con las multinacionales estadounidenses su apoyo común al cambio radical de la legislación social y laboral, se oponen a la toma de posesión total de la economía por el poder imperial. Es el motivo para la indecisión de Cardoso entre su dependencia económica del capital y los bancos extranjeros, y su dependencia política de los grandes grupos industriales brasileños: las quejas de Cardoso sobre el mercantilismo estadounidense en nombre de la "verdadera liberalización," sin embargo, encuentran oídos sordos en Washington. A fin de poner en práctica el ALCA, la administración Bush tiene dos regímenes clientes: el presidente Fox en México, y al otro extremo de América Latina, el Ministro de Economía de Argentina, Cavallo. Ambos regímenes actúan como "Caballos de Troya," Argentina, rebajando los aranceles aduaneros en el MERCOSUR, favoreciendo las exportaciones de EE.UU. a costa de Brasil, y profundizando la dependencia financiera de los bancos de EE.UU. (mediante la reestructuración de la deuda). Los planes de Fox para extender el sistema de maquiladoras de "Puebla a Panamá," extienden la influencia de EE.UU. hacia el Sur. Estos dos regímenes clientes forman parte de una política en dos etapas: mayores relaciones bilaterales con EE.UU. (debilitando los lazos con Brasil), como primera parte, para continuar promoviendo el ALCA, en la segunda etapa, como la única "alternativa viable" al aislamiento de los mercados globales, es decir hacia el mercado de EE.UU. La esencia mercantilista del ALCA ya ha despertado críticas del régimen fundamentalista neoliberal en Chile. El intento del régimen de Lagos de ingresar al NAFTA ha chocado contra las medidas proteccionistas de la administración Bush -el sistema de cuotas que afecta la importación de uvas chilenas. Lo que Washington llama "libre comercio" incluye cuotas de importación para los productos agrícolas chilenos a "cambio" del libre acceso a los mercados y a los recursos de Chile. En el Norte, el proyectado Plan Puebla-Panamá del presidente Fox involucra la venta a bancos y corporaciones estadounidenses de los últimos y más lucrativos sectores de la economía mexicana -sus principales bancos, el petróleo, los sectores petroquímicos y energéticos, junto con la "maquiladorización" de todo México y América Central ("Plan Puebla-Panamá".) La compra por el Citibank por 12,5 mil millones de dólares del segundo banco en importancia de México, lo convierte en el principal banco mexicano. Antes, en junio de 2000, el banco español, Banco Bilbao, compró el Grupo Financiero Bancomer, convirtiéndole entonces, en el principal banco en México. Con 47 mil millones en activos combinados y depósitos combinados de 42 mil millones de dólares, Citigroup está en condiciones de controlar una parte substancial de los ahorros, el crédito, y el financiamiento, determinando el futuro del desarrollo de México. El proyecto básico del presidente Fox es convertir México en el estado 51 de EE.UU., una anexión de facto por invitación. El papel de México es exportar mano de obra barata para que sea explotada en EE.UU., e importar capital estadounidense para explotar los ahorros, los recursos, y las empresas públicas en México. La elite mexicana será incorporada como miembros subalternos en los consejos directivos de las empresas desnacionalizadas. La estrategia de anexión de Fox, sin embargo, está en conflicto con la estrategia de EE.UU. de colonizar sectores lucrativos de la economía, apropiarse de empresas rentables, explotar la mano de obra barata sin incurrir en los gastos sociales de mantener y educar la mano de obra, o pagar por la represión del descontento. Desde este punto de vista, el "Plan Puebla-Panamá" de Fox involucra la suspensión de todas las regulaciones laborales y de los beneficios sociales (al estilo de las maquiladoras) y el financiamiento por el gobierno mexicano de una masiva infraestructura (carreteras, puertos, etc.). Fox ha propuesto financiar la colonización económica estadounidense extendiendo el impuesto al valor agregado de 15% a los alimentos, a las medicinas y a otros artículos de consumo popular. La política económica de Fox para México es una preconfiguración de lo que sería el ALCA en el resto de América Latina. Los regímenes de Fox y Cavallo en los dos extremos del continente, representan principales sostenes de la estrategia para el ALCA del régimen de Bush. El problema es que ambos dirigentes tienen una base de apoyo frágil dentro de sus países, y que Washington tiene problemas con el manejo del masivo descontento en el hemisferio, particularmente en el triángulo radical en el Norte (Colombia, Ecuador y Venezuela) y en Brasil. El ALCA y el Plan Colombia-Iniciativa Andina: Las Caras Económicas y Militares del Imperio. El ALCA tiene lugar en un momento maduro económicamente, pero que es conflictivo tanto desde el punto de vista político como social. El neoliberalismo ha dado a EE.UU. una influencia mayor en las políticas latinoamericanas; los bancos estadounidenses han logrado el dominio del sector financiero. El FMI-Banco Mundial han bajado todas las barreras a la penetración extranjera. Los principales factores de decisiones en los bancos centrales, y los ministerios de economía y finanzas tienen la "confianza" de Wall Street." Estas relaciones estructurales y políticas, que son tanto la causa como la consecuencia del neoliberalismo, constituyen los eslabones que llevan al ALCA. Por otra parte, las crecientes desigualdades sociales, la masiva pobreza y el sub y desempleo, el desplazamiento de millones de campesinos y la movilidad descendiente de millones de empleados públicos y profesionales de clase media, ha creado una oposición generalizada no sólo al ALCA, sino que a las políticas neoliberales que lo preceden. Esta oposición se ha desarrollado de manera desigual, y ha tomado una variedad de formas, pero es una constante que está creciendo, radicalizándose y desafiando crecientemente, no sólo a las elites locales, sino que la dominación de EE.UU. Para defender su posición dominante, profundizarla y extenderla a través del ALCA, Washington está empeñado en construir un vasto imperio militar está militarizando la política latinoamericana. El Plan Colombia-Iniciativa Andina, son sólo los aspectos mayores y más visibles de la defensa del imperio. Si los mercados brasileño, mexicano y argentino constituyen las piezas centrales de la estrategia del ALCA, Colombia, Ecuador y Venezuela son los objetivos políticos del Plan Colombia-Iniciativa Andina. Washington considera la guerrilla y los movimientos populares en Colombia como la mayor amenaza a su imperio en América Latina. Una victoria de las fuerzas populares en Colombia establecería un sistema socio-económico alternativo al modelo neoliberal dirigido por EE.UU. Además, alentaría a los países vecinos a romper con la tutela de EE.UU., demostrando que la lucha de masas puede vencer al imperio. Además, Colombia tiene petróleo, gas, agricultura e industria en un país de 40 millones - una capacidad suficiente para resistir las presiones económicas de EE.UU. Finalmente, una alianza colombiano-venezolana-cubana sería una fuerza económica-política-militar formidable capaz de resistir la agresión imperial, de ayudar a otros países en la región que quieran moverse hacia la transformación social. Por todas estas razones, Washington ha suministrado 1,3 miles de millones de dólares y varios cientos de oficiales militares así como un apoyo logístico substancial, y acordado alianzas secretas con los escuadrones de la muerte (las llamadas fuerzas paramilitares) para destruir el sustento de millones de campesinos, y desplazarlos, ya que los considera la principal base de apoyo para las guerrillas. La pulverización tóxica de EE.UU. sobre las cosechas, el terror paramilitar y militar, y la vigilancia aérea de alta tecnología, son elementos fundamentales en la estrategia militar de Washington para sostener al régimen cliente de Pastrana. Mientras avanza, el Plan de Guerra Colombia se ha desplegado hacia Ecuador, Perú y el Norte de Brasil. Washington ha ampliado su programa de militarización mediante la llamada Iniciativa Andina, que aumenta la ayuda militar de EE.UU. y la cantidad de consejeros a esos países para reprimir los movimientos de masas tales como el movimiento indio-campesino (CONAIE) en las tierras altas de Ecuador. Una parte integral del nuevo imperio militar es el establecimiento de bases militares de EE.UU. en Ecuador (Manta), El Salvador, e Iquitos (Perú.) Washington ha colonizado el espacio aéreo sobre la mayor parte de América del Sur septentrional y meridional, así como en América Central, haciendo volar con toda libertad sus aviones de reconocimiento, en flagrante violación de las soberanías de los países respectivos. Igualmente, operaciones militares estadounidenses ya son rutina a lo largo de los ríos de Perú y Colombia y frente a las costas de México a Perú. Fuera del Plan Colombia, Washington se ha empeñado en ejercicios militares conjuntos en países latinoamericanos, en violación de sus constituciones, entrenando y seleccionando a oficiales latinoamericanos prometedores, que constituirán las fuerzas mercenarias en cualquier guerra terrestre. El amplio aumento en gastos militares de EE.UU. en América Latina, la proliferación de programas de entrenamiento, bases militares y la participación directa de oficiales militares estadounidenses en situaciones de combate, son indicativos de que Washington comprende que "construir un imperio no es como tomarse un té." Considerando el nivel de resistencia popular que existe en la actualidad contra el neoliberalismo, está claro que la imposición del ALCA llevará a un potencial revolucionario aún más grande. Es el motivo por el cual el avance del ALCA debe ser visto en relación con la construcción del imperio militar de EE.UU. El ALCA significa una mayor concentración de riqueza en manos de las multinacionales estadounidenses, y la eliminación de las fuerzas "intermediarias" pequeño burguesas/burguesas, capaces de "mediar" o de controlar una oposición de masas. La aguda polarización resultante del ALCA significa una mayor represión estatal, a medida que la oposición combine crecientemente las luchas "nacionalistas" y sociales. Límites del Imperio: Contradicciones Imperiales y Desafíos para la Izquierda Todo el imperio mercantilista construido durante la última década está bajo severa presión con el comienzo de la recesión en EE.UU. en los años 2000-2001. La crisis de la economía de EE.UU. tiene un profundo impacto en las economías exportadoras de América Latina y Asia. A medida que continúa la crisis en EE.UU., hay una aguda disminución de las importaciones y una ralentización en los flujos de capital hacia el exterior, disminuyendo la capacidad de esas economías de cumplir con sus pagos de la deuda y por las importaciones esenciales. Debido a que los mercados internos han sido devastados por la integración de los países a los mercados euro-estadounidenses, la crisis de EE.UU. se extiende y profundiza en el Tercer Mundo, provocando una declinación más profunda en sus economías. Precisamente los países más atados a la estrategia de exportación, son los más seriamente afectados. Una recesión prolongada en el Norte, llevará inevitablemente al colapso de las economías exportadoras, y colocará al orden del día la necesidad de reconstruir el mercado interno y reorientar la inversión y el comercio, lo que sólo puede ocurrir si se realiza una profunda transformación de las clases dirigentes y del estado. Por el momento, es importante anotar que la recesión en EE.UU. aumentará las tendencias mercantilistas en EE.UU.: la crisis aumentará y acelerará las presiones proteccionistas dentro del centro imperial, mientras que la disminución de los beneficios avivará el voraz apetito del capital multinacional por apoderarse de nuevas empresas lucrativas en América Latina.. Las rivalidades entre capitalistas dentro del imperio también se han intensificado: El completo militar-industrial que busca de aumentar los gastos militares está en conflicto con el resto de la clase gobernante, que busca amplias reducciones de impuestos y un presupuesto reducido. Las inversiones de EE.UU. en China, que totalizan más de 40 mil millones de dólares, están en conflicto con el complejo militar-industrial y la ultra derecha que busca provocar una confrontación militar. La competencia y las fusiones con el capital europeo y japonés se han intensificado: Mientras Washington ha extendido la OTAN hasta las fronteras rusas, y está preparando un nuevo sistema de misiles en violación de acuerdos internacionales, la UE ha firmado nuevos acuerdos económicos con Rusia y se ha opuesto al nuevo sistema de misiles. La posición "unilateralista" de Washington respecto al Acuerdo de Kyoto sobre la reducción de gases invernadero los ha aislado de Europa, alienado a influyentes grupos internos, y llevado a que EE.UU. haya sido separado de dos importantes comités de las Naciones Unidas. El respaldo de Washington al grupo terrorista albanés, el ELK, amenaza con desestabilizar a sus clientes en las vecinas repúblicas de Macedonia, Serbia y Montenegro - afectando la consolidación del poder imperial en los Balcanes. Igualmente, mientras las multinacionales estadounidenses se aseguran lucrativos contratos por muchos miles de millones de dólares para explotar el gas de Arabia Saudita, el régimen terrorista de Ariel Sharon en Israel, apoyado por EE.UU., aumenta las tensiones en todo el Oriente árabe. En los estados del Golfo y en África del Norte, el Imperio ha sufrido una serie de contratiempos que disminuyen su monopolio de la influencia. Irak ha sido reincorporado a la Liga Árabe, a la OPEC y ha roto el embargo por aire y mar. Irán ha firmado acuerdos por petróleo, entre otros, con potencias no sólo europeas. Libia ha desarrollado lazos económicos con Italia y otros países europeos. Estas "grietas" en el Imperio, o en el Nuevo Orden Mundial, se profundizarán a medida que aumenta la competencia económica y se profundiza la crisis económica, obligando a los factores de políticas imperiales a adaptarse a los nuevos alineamientos de poder o a empeñarse en nuevas y arriesgadas aventuras militares. En América Latina, los principales aliados de Washington, el presidente Fox de México y Domingo Cavallo, el ministro de economía, carecen de las mayorías políticas necesarias para impulsar el ALCA. Cavallo recibió sólo un 10% de los votos antes de ser nombrado ministro, y depende de una coalición inestable de partidos en el Congreso. Fox, enfrentando una crisis económica mayor, provocada por la total dependencia del mercado estadounidense, lo pasará mal tratando de convencer a los mexicanos para que profundicen esa dependencia mientras el empleo decae, los impuestos aumentan y los ingresos caen en picada. Brasil, el país más importante para un acuerdo potencial sobre el ALCA, también se encamina hacia la crisis, y el escepticismo domina en sus principales sectores capitalistas en Sao Paulo sobre la entrada a una relación comercial mercantilista en la que se limitan sus exportaciones y se abren sus mercados internos. Además, el crecimiento del Partido de los Trabajadores, socialdemócrata, en las principales ciudades, y la decadencia precipitada del régimen de Cardoso, proveen poco apoyo para un acuerdo sobre el ALCA, a pesar del poderoso apoyo del sector financiero. El crecimiento del MST en Brasil, de las FARC en Colombia, y la proliferación de movimientos de masas en Bolivia, Paraguay, y Ecuador, capaces de enfrentar el poder estatal, ponen en duda la imposición de un acuerdo para el ALCA. Conclusión Si Clinton extendió el Imperio más allá de la capacidad de EE.UU. de explotar lucrativamente los principales mercados, la política de Bush de proyectar la Fortaleza América a través de decretos unilaterales, ha alienado a sus aliados, radicalizado a los opositores, y aislado en muchos aspectos a EE.UU.. La recesión interna y la estrategia de Fortaleza América, están construidas alrededor de un concepto de un imperio mercantilista del que la fuerza y la violencia -como en el Plan Colombia, la Iniciativa Andina, y los nuevos programas militares - y el monopolio económico (como el ALCA), forman parte integral. La definición mercantilista-militar de la realidad imperial y el estilo unilateral/confrontacional de implementación, aumentan las divisiones entre capitalistas, fortalecen nuevas tendencias antiimperialistas en China, Rusia, Vietnam y Cuba, y también alientan nuevos alineamientos internacionales: los lazos comerciales europeo-rusos, los pactos de defensa ruso-chinos, los acuerdos militares ruso-venezolanos. La administración Bush ha cambiado de posición pasando, de la intervención indiscriminada de Clinton, a dar prioridad a los estados del Golfo, América Latina y Asia del Este. En estas dos últimas regiones, la recesión en EE.UU. está afectando el modelo económico neoliberal y generando un descontento masivo. Lo que es más importante, el colapso del modelo y el intento de EE.UU. de imponer la política neo-mercantilista del ALCA en América Latina, está fortaleciendo la credibilidad del análisis revolucionario antiimperialista y la práctica de la movilización de masas de las fuerzas rurales y urbanas contra los partidos electorales y los regímenes clientes neoliberales.
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