BOLIVIA
29 - 4 - 08
El mismo
divisionismo que Estados Unidos uso en Panamá en 1903
Por: Olmedo Beluche Fuente: ARGENPRESS
Cuando escucho los dramáticos acontecimientos que afectan a la
hermana república de Bolivia en estos días tengo una fuerte
sensación de “deja vú”, como dirían los franceses. Esto lo he
visto antes. ¿Dónde? ¡Ah! Es la misma estrategia de Estados
Unidos que separó a Panamá de Colombia en 1903 para apoderarse
del canal.
Los panameños que aún creen en las mentiras históricas contadas
por nuestros historiadores al servicio de la oligarquía y el
imperialismo yanqui, especialmente aquellos que se dicen de “izquierdas”,
que miren hacia Bolivia en 2008, y aprenderán algo de historia
panameña.
En Bolivia, desde la elección abrumadora del presidente Evo
Morales, en enero de 2006, el imperialismo norteamericano y
europeo, en asocio con la oligarquia blanca que ha explotado,
oprimido y discriminado a la mayoría indígena de ese país por
500 años, se han dedicado a la tarea de sabotear todas las
iniciativas del gobierno.
Primero, empresas transnacionales y oligarcas “nacionales”,
trataron de bloquear la nacionalización del gas decretada por
Evo. Recurso natural que dichas empresas venían explotando por
décadas sin entregar al país casi nada de las ganancias que se
embolsaban.
Luego procuraron sabotear la Asamblea Constituyente, electa
democráticamente, en que el pueblo de TODAS las provincias (incluida
Santa Cruz) ratificó, para redactar un nuevo modelo de país, a
los partidarios de Evo Morales y a una mayoría de diputados
indígenas, hasta entonces excluida de la participación política
y las grandes decisiones.
Inventaron que, para aprobar los artículos de la nueva
Constitución, el gobierno debía aceptar de las imposiciones de
una oposición castigada con una escasa representación por parte
del voto popular, aduciendo una que sólo podía aprobarse por una
mayoría de 75% de los diputados y no por mayoría simple (mitad
más uno),
Cuando, después de meses de sabotaje, los diputados decidieron
aprobar la nueva Carta Magna, cuetionaron la “capitalidad” de La
Paz, obligaron a mover de ciudad las sesiones y pusieron
manifestantes violentos que agredieron a los diputados aymaras,
quechuas y de otros grupos étnicos en las puertas de la Asamblea
Constituyente.
En el interín, la oligarquía racista boliviana, asesorada por el
embajador yanqui Philp S. Golberg (que antes trabajó en Kosovo
ayudando a la fragmentación de las exYugoslavia), inició una
campaña para prejuiciar a los “mestizos” contra los indígenas.
Campaña acompañada de ataques armados de grupos paramilitares
contra organizaciones obreras y populares que apoyan al gobierno.
El objetivo, anular su presencia en las provincias del este del
país donde los pueblos originarios son menores que en la sierra.
Su labor de división del país continuó tratando de legitimar
ideológicamente la existencia de dos Bolivias, la blanca y la
india, para justificar la división del país, el desconocimiento
del gobierno y las autoridades legítimamente electas. Ese
divisionismo, disfrazado de “separatismo” adoptó ahora el
llamado a unos referéndums ilegales en Santa Cruz, Beni, Pando y
Tarija que buscan declararse independientes del gobierno central.
Como ha dicho el diplomático boliviano, Jorge Alvarado: “Ellos
persiguen separarse de Bolivia porque consideran que en su
territorio se encuentran las mayores riquezas, reservas
importantes de hidrocarburos, las tierras más productivas y con
esas riquezas pueden mantenerse”. Cuyos frutos no quieren
compartir con las mayorías desposeídas, tal y como vienen
haciendo desde la Colonia.
Agrega el embajador boliviano, “detrás de todo esto está el
imperio”. “Quieren es dividir al país para reinar –señala- no
sólo en Bolivia, sino en Latinoamérica, porque la intención de
Estados Unidos es dividir a los países latinoamericanos con esos
pretextos del separatismo”.
El objetivo de Estados Unidos es claro: obtener el control de
los recursos naturales bolivianos, en especial el gas, que serán
cedidos gustosamente por los gobernadores separatistas, anulando
los impuestos y la nacionalización hecha por Evo Morales.
La política contienental de Estados Unidos del “divide y
vencerás” no es nueva. Tiene 200 años de aplicación en el
continente, desde la famosa doctrina del “América para los
americanos”. Y fue advertida y vaticinada por Bolívar numerosas
veces, en especial en la convocatoria al Congreso Anficitiónico
de Panamá en 1826.
Ese “divide y vencerás” se aplicó literalemente en Panamá, en
1903, por parte de Teodoro Roosevelt para apoderarse de nuestro
principal recurso natural, la posición geográfica, y construir
un canal controlado por ellos.
Primero propusieron un borrador de tratado tan leonino que,
cuando los negociadores colombianos (Martínez Silva y Vicente
Concha) se opusieron, forzaron su retiro, hasta que el embajador
colombiano firmó, sin consultar a su gobierno, el oprobioso
Tratado Herrán-Hay en enero de 1903.
Cuando el tratado empezó a encontrar una tenaz resistencia de la
opinión pública, panameña y colombiana, y se hizo evidente que
no se aprobaría sin modificaciones en el Senado colombiano,
Estados Unidos empezó a preparar el “plan b”, es decir, la
separación de Panamá de Colombia.
Para ello contó con la decidida colaboración de la oligarquía
conservadora panameña, hasta ese momento aliada del gobierno
conservador de Bogotá presidido por Marroquín, cuyos líderes
eran, casualidad (!), dos empleados de la Compañía del
Ferrocarril de Panamá, José A. Arango y Manuel Amador Guerrero (el
último cartagenero). Cerradas las sesiones del Senado en Bogotá,
el 30 de octubre de 1903, se procedió a realizar la separación
el 3 de noviembre, con una cuantiosa flota militar
norteamericana.
Quince días después se firmaba en Washington el Tratado
Hay-Bunau Varilla, por un francés accionista de la Compañía
Nueva del Canal, con aprobación de la ilegal Junta Provisional
de Gobierno panameña, compuesta por conspicuos oligarcas del
patio, que lo ratificó en inglés y sin traducción oficial. Por
esa vía, Estados Unidos se apropio del Canal de Panamá, del que
salieron en el año 2000 después de un siglo de luchas
generacionales del pueblo panameño.
Para dar apariencia legítima a este acto intervencionista, los
historiadores al servicio de la oligarquía, procedieron a
reescribir la historia tratando de encontrar un supuesto
anticolombianismo de los panameños durante el siglo XIX, igual
que hoy hace la oligarquía boliviana para dividir al pueblo
entre “indios” y “cambas”.
Lamentablemente, en Panamá, mucha gente progresista sigue
imbuida de la falsificación histórica sin querer aprender la
lección que nos legara el propio Libertador Simón Bolívar: sólo
la unidad nos hará libres, los divisionismos regionalistas son
fomentados por intereses extranjeros y oligarquías locales para
sojuzgarnos.
Por ello, los panameños más que nadie, debemos ser plenamente
solidarios con el pueblo boliviano que pugna por su liberación,
denunciando a los divisionistas de hoy, hijos de la casta de
traidores que nos fragmentaron el siglo pasado para beneficio
del imperialismo norteamericano.
¡Viva Bolivia unida!
¡No a los ilegítimos referéndums separatistas!
¡Manos yanquis fuera de Bolivia y Latinoamérica!
¡Por la unidad latinoamericana!