Que los más
infelices sean los más privilegiados
Nicolás Panizza
Rebelión
Hace casi 200 años, se imponía sobre nuestro
territorio río platense, la visón más revolucionaria e
igualitaria jamás conocida hasta entonces. José Gervasio Artigas
dictaba su reglamento provisional de “Los pueblos libres”. Según
el extraordinario escritor uruguayo Eduardo Galeano
“Seguían a Artigas, lanza en mano, los
patriotas. En su mayoría eran paisanos pobres, gauchos
montaraces, indios que recuperaban en la lucha el sentido de la
dignidad, esclavos que ganaban la libertad incorporándose al
ejército de la independencia.”
El reglamento provisorio de 1815, firmado por Artigas decía que
“los mas infelices serán los mas privilegiados. En consecuencia
los Negros Libres; Los Sambos de esta clase, los Indios, y los
criollos pobres todos podrán ser agraciados en Suertes de
Estancia, si con su trabajo y hombría de bien, propenden á su
felicidad” además, aquel
reglamento, preciosa legislación de los pueblos, afirmaba que
“los terrenos repartibles son todos
aquellos de Emigrados, malos Europeos y peores Americanos”.
Para Galeano, con quien coincido, José Artigas encarnó la
revolución agraria. Este caudillo, encabezó a las masas
populares de los territorios que hoy ocupan Uruguay y las
provincias argentinas de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos,
Misiones y Córdoba, en el ciclo heroico de 1811 a 1820. Artigas
quiso echar las bases económicas, sociales y políticas de una
Patria Grande en los límites del antiguo Virreinato de Río de la
Plata, y fue el más importante y lúcido de los jefes federales
que pelearon contra el centralismo aniquilador del puerto de
Buenos Aires. Luchó contra los españoles y los portugueses y
finalmente sus fuerzas fueron trituradas por el juego de pinzas
de Río de Janeiro y Buenos Aires, instrumentos del imperio
británico, y por la oligarquía que, fiel a su estilo, lo
traicionó no bien se sintió, a su vez, traicionada por el
programa de reivindicaciones sociales del caudillo.
Esta visión de sociedad igualitaria, basada en la igualdad en la
propiedad de la tierra, demuestra que políticos como Artigas son
inoxidables al paso del tiempo, también explica que los
problemas de los hombres están vinculados primordialmente a la
manera cómo los hombres en sociedad solucionan y organizan su
vida material: su alimento y su trabajo. Y por supuesto,
demuestra que las soluciones para una vida mejor para todos, no
necesitan ser buscadas en los edificios del Banco Mundial o del
FMI, que los parches (léase retenciones) a un sistema injusto no
modifican nada, y que en lo más profundo de nuestra historia
podemos encontrar la guía para la lucha: una frase simple: “Que
los más infelices sean los más privilegiados”. Una frase que se
impone en la historia y en la realidad política actual.
El conflicto dicotómico, es decir campo contra gobierno,
planteado de esa forma desde los grandes medios, desde las
entidades rurales y por último también desde el gobierno sigue
su marcha. ¿A quien apoya usted? Es la pregunta del millón de
dólares. ¿Es obligación comprar la antinomia?
Estamos ante una situación en la cual es difícil afirmar quién
puede tirar la primera piedra. Las piedras, para arrojarlas bien
fuerte en protesta, deben estar en manos de los peones rurales,
de los pequeños productores y de las muchas personas que
tuvieron que dejar el campo por falta de empleo a causa de la
concentración de tierras en pocas manos. Pero tal vez esta no
sea una respuesta, entonces volvemos a la oposición, con quién
esta usted, con el campo o con el gobierno. Otra vez la
dicotomía se come los matices. ¿A dónde lleva esta oposición? A
la mentira de que el país hoy se divide entre “campo” y
“gobierno”.
En una nota publicada en el diario Critica de La Argentina, la
Licenciada en Filosofía y Doctora en Sociología, Maristella
Svampa, afirma que “En estos días
asistimos también a la súbita reactivación de un esquema binario
de hondas raíces históricas, una matriz que tiende a absorber
las figuras de la división configurando así dos bloques
monolíticos a partir de los cuales se pretende obtener una
mirada omnicomprensiva de la política argentina.”
A lo cual Svampa agrega que
“Así como el cacerolazo debe ser comprendido
dentro de la memoria corta, la matriz binaria debe entenderse en
el marco de la memoria larga de los argentinos: civilización o
barbarie, pueblo versus oligarquía, peronismo o antiperonismo
fueron en otros tiempos sus consignas más ilustrativas.
Históricamente este esquema conduce a una peligrosa reducción de
la política, reactiva los prejuicios clasistas y racistas más
elementales y desplaza el conflicto por fuera de toda disputa
democrática.”
En resumen y de un modo mucho más complejo y fundamentado,
Maristella Svampa reafirma lo que se viene planteando desde
aquí. La oposición campo contra gobierno no nos deja ver lo que
esta detrás. No nos permite ver el problema estructural que
subyace en este conflicto, problema que, sí tenía claro Artigas
hace casi 200 años. La reducción no nos permite ver que el campo
no es homogéneo, y que la tierra debe ser de quien la trabaja:
en la mayoría de los casos, primero el peón rural y luego el
pequeño propietario. En última instancia la dicotomía se le
plantea al gobierno, toda la sociedad esta esperando su
actuación, como hace mucho no pasaba. El gobierno está ante la
chance histórica de comenzar reformas en serio que beneficien al
peón y al pequeño productor, y con esto también beneficiar a los
sectores urbanos sistemáticamente marginados, es decir la
mayoría de los asalariados. Veremos qué sucede.
Desde aquí, escépticamente, creemos que el gobierno y los
grandes propietarios rurales van a llegar a un acuerdo, porque
ambos se necesitan. El Estado garantiza el sistema capitalista,
es decir la propiedad privada y la explotación del peón rural.
Los grandes propietarios le garantizan a los partidos políticos
mantener este sistema, y dentro de este, su lugar de privilegio
y sus negocios privados utilizando su rol de funcionarios
públicos. En el fondo, la dicotomía no existe: el Estado y los
grandes y medianos propietarios se retroalimentan, se necesitan.
En el fondo, las dicotomías son otras: el peón sin acceso a la
propiedad de la tierra contra el propietario; Todos los
asalariados despojados del fruto de su trabajo porque este queda
en manos de los dueños de las fabricas, de los financistas, y
del Estado, que hoy es un agente más que explota al asalariado.
Los salarios reales, es decir, la capacidad para comprar
alimentos, ha caído a causa de la inflación.
Entonces me pregunto sino deberíamos volver a escribir los
carteles, sino deberíamos volver a formularnos las preguntas:
¿Con quien esta usted? ¿A quien apoya? Ante estas preguntas, la
frase de Artigas resuena en mi memoria
“Que los más infelices sean los más
privilegiados”. Y los hechos de
Artigas deben repicar como guía: Reforma agraria, pero ¡ya!