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Telma Luzzani
Clarín, 27 enero 2002
La idea de dolarizar la economía sobrevuela a los países de América
Latina como "la única salida posible". Sabemos por
experiencia que es siempre bajo esa mentira extorsiva que se acentúa el
saqueo de los pueblos. Y que los argentinos solemos ser entusiastas a la
hora de creer en las recetas milagrosas de nuestros verdugos. Primero
nos ganan en la cabeza y después se apoderan de nuestras vidas.
Hace dos años Ecuador dolarizó su economía, convirtiéndose en el país
que sufrió el empobrecimiento más acelerado en la historia de Latinoamérica.
El camino que lo llevó a la dolarización es llamativamente parecido al
que está recorriendo nuestro país. Los argentinos deberíamos
asomarnos a esa "experiencia" para comprender lo que en
realidad nos espera si seguimos dando pasos en ese sentido.
En marzo de 1999 el gobierno ecuatoriano implementó su "corralito"
congelando las cuentas bancarias para evitar la quiebra del sistema y la
fuga de dinero. En ese momento, con 5.000 sucres se compraba un dólar.
Con el pretexto de devolver el dinero congelado, el gobierno emitió
dinero y provocó una inflación ficticia que, entre marzo de 1999 y
enero del 2000, alcanzó el 300%. Por supuesto, el dinero que salía del
banco también se iba de Ecuador con lo que todo empeoró. Entonces,
presentada por el entonces presidente Jamil Mahuad como "la única
salida posible", se produjo la dolarización. Pero cada dólar
ahora costaba 25.000 sucres.
Trasladando el plan a la argentina, aquí se dolarizaría cuando el dólar
alcance los 5 pesos. Eso sí, cuando no haya "otra salida".
En Ecuador las medidas terminaron por provocar un estallido social. El
21 de enero tomó el poder una Junta de Salvación Nacional liderada por
el indígena Antonio Vargas. Se pedía "refundar el país" y
el "fin del neoliberalismo".
Al día siguiente se incorporó el general Carlos Mendoza, militar próximo
a Washington. Se decidió entonces disolver la Junta y asumió el poder
el vicepresidente de Mahuad, quién lejos de cuestionar el
neoliberalismo ratificó la dolarización y dictó prisión preventiva
para los ex líderes de la Junta.
En Ecuador, como a veces se escucha en Argentina, se dijo que las
ventajas de dolarizar serían "mantener fijo y estable el precio
del dólar, que las tasas de interés se ubiquen a nivel internacional y
que la inflación se reduzca a menos del 10%". ¿Qué pasó en
realidad? La inflación pasó del 52% en el '99, al 90% en el 2000 y al
40% en el 2001 ¡en dólares!, decuplicando la inflación de los Estados
Unidos y batiendo el record total de Latinoamérica. La "única
alternativa posible" fue una medida estrictamente política para
salvar a los banqueros, que eran el sustento real del poder
gubernamental. El resultado se ve en las calles de Ecuador hoy:
acelerado deterioro de la vida cotidiana, creciente inseguridad, enormes
masas de desocupados que vagan por las calles sin protección ni futuro
y una disgregación familiar que provocó uno de los mayores éxodos en
la historia de Latinoamérica. En el período 2000/01 salieron de
Ecuador 500.000 personas, es decir, casi un 20% de la población económicamente
activa que es de 3 millones.
Los estragos de la dolarización siguen: el desempleo superó el 50% y
el país experimentó el empobrecimiento más acelerado en la historia
de América Latina: los pobres pasaron del 34% de la población en 1995
al 71% en el 2000. La extrema pobreza también se duplicó, pasando del
12 al 31%. El índice de chicos escolarizados bajó del 50 al 4%. El
tercio de personas que en el '99 no tenían agua potable ni accedían a
las mínimas condiciones de higiene y servicios de salud siguen igual en
el 2002. La dolarización ecuatoriana produjo, por supuesto, una mayor
concentración de la riqueza: en 1990, el 20% más pobre tenía el 4,6%
del total nacional, ahora tienen menos del 2%. Los más ricos tenían el
52%, y ahora el 61%. Se incrementó la deuda externa. Y por su propia
dinámica la dolarización exige el ingreso de dólares. Y no hay muchas
vías: exportar, pedir prestado o privatizar. La otra condición es la
apertura de los mercados, que en Ecuador significó un crecimiento de
las importaciones del 50% y una caída de las exportaciones
tradicionales del 16,3%.
Las únicas "ventajas" de la dolarización son las que bien
defiende el senador Conni Mack, republicano ultraconservador, como
beneficios para Estados Unidos. Este senador definió las estrategias y
condiciones para implantar la dolarización en el continente americano
en su "Ley para la Estabilidad Monetaria Internacional". Dice
con trasparencia que la dolarización incrementará las ventas de los
Estados Unidos y disminuirá el riesgo de los inversores norteamericanos.
Algunos analistas especulan (¿¡!?) que Buh podría relanzar este
proyecto. Los países que dolarizaron, además de Ecuador, son: Panamá
(1904) y El Salvador (1 de enero de 2001). Guatemala sancionó la ley
que permite la libre circulación y el pago de sueldos en dólares. En
Costa Rica, el banco central insiste en la posibilidad de hacer oficial
la dolarización.
En nuestro país, es el ex Presidente Menem, principal representante político
de la banda dolarizadora, quién lleva adelante la cruzada
norteamericana.
La otra "casualidad" es que dolarización viene acompañada de
la instalación de bases militares norteamericanas: base aérea de Manta
en Ecuador, operativo "Nuevos Horizontes" en Guatemala y
Paraguay, Centro Regional de Drogas en El Salvador y un plan de
patrullaje conjunto en Costa Rica.
Para algunos, la dolarización de Ecuador fue obra de un plan prefijado.
Para otros, las decisiones estuvieron condicionadas por las presiones y
velocidades de los acontecimientos, sumada a la incapacidad y corrupción
de los gobernantes. A esta altura sería sano pensar que la segunda
hipótesis es el camino para llegar a la primera. Y que bajo las
apariencias de "la única salida posible" siempre se esconde
el plan prefijado de quienes manejan nuestras vidas como le corresponde
a todo colonizado. Para muestra debería bastarnos conocer nuestra
propia historia argentina, desde al '76 a la fecha.
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