REFLEXION FINAL El
Dr. Pierangelo Catalano, distinguido jurista de la Universidad de Roma,
ha señalado con lucidez que la deuda externa “es la esclavitud del
tercer milenio”, y creo que esa esclavitud que nos somete, responde a
una clara ideología con viejas raíces en el pensamiento occidental,
que pretende imponernos el capital globalizado, siendo un eficaz
instrumento de dominación como puede advertirse a través de los
ejemplos mostrados en estas paginas no demasiado ordenadas, que
confirman esa incontestable evidencia. Es
necesario observar que todo el proceso de endeudamiento no es algo que
comenzara solamente hace veinticinco años, sino que por el contrario
arranca desde los albores de nuestra vida independiente, habiéndose
convertido en un fenómeno verdaderamente estructural, debiendo
exceptuar muy contados periodos en los que no tuvimos que afrontar los
planteos extorsivos de los acreedores externos. Si
la responsabilidad que tienen en la constitución de la deuda, los
prestamistas es más que notoria, se debe reconocer que ellos evaluaron
las posibilidades de obtener cuantiosos réditos de sus inversiones,
careciendo de todo escrúpulo para sobornar y corromper a todos aquellos
que con una indudable vocación de sirvientes, trabajaron con eficiencia
para cumplir con los mandatos de sus amos. Estos perduellis modernos, no
se limitaron a ejercer la representación de los mercados financieros,
trabajando activamente a favor del capital transnacional, sino que
llegaron a ejercer las más altas funciones en la estructura del estado,
convirtiendo a este en un ente tributario de maniobras especulativas y
fraudulentas. Resulta
muy interesante e ilustrativo realizar el análisis económico del
proceso de endeudamiento, sus diferentes variables, las distintas
contingencias derivadas de políticas interdependientes, los
desequilibrios presupuestarios, las cuentas de inversión, el déficit
fiscal, el sistema tributario inequitativo, pero también urge
identificar con precisiòn a los autores, estableciendo el nivel de
participación y compromiso de cada uno, y no hacer referencias genéricas
a tal o cual funcionario o régimen político, porque de tal manera se
diluyen las responsabilidades efectivas, y entonces todo se reduce a señalar
conductas equivocadas, a las que siempre se puede llegar a justificar. Hay
una nutrida elite de funcionarios que desde hace más de 25 años se han
alternado en el mando de la gestión pública y en la fundamentaciòn teórica
de ciertas políticas, observando una rigurosa fidelidad a las pautas
económicas que se estructuran en el exterior. Mientras esos grupos, que
muchas veces parecen enfrentados por criterios diferentes, pero cuyo
objetivo es el mismo, no sean barridos de la administración del Estado,
y sometidos al enjuiciamiento que corresponda, no existe la menor
posibilidad de que la Nación empiece a transitar un camino diferente.
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