Precisamente en esa conferencia, y debido al estado de insolvencia financiera de los países americanos, el Delegado de México, Dr. Puig Casauranc, presenta un proyecto de moratoria general de las deudas, al que se opone Estados Unidos. Ante el compromiso asumido por Hull de firmar el pacto antibélico de procedencia argentina, nuestro país se opone a la moratoria, sosteniendo la inviabilidad de tal propuesta y la necesidad de honrar las deudas. Las relaciones con Estados Unidos parecen que pueden encaminarse y es así que se convoca a la Conferencia Interamericana de Consolidación de Paz que se realizará en Buenos Aires en diciembre de 1936.

Meses antes de la fecha convenida el Secretario de Estado de estados Unidos, Cordell Hull, envía al Embajador argentino en Washington, Felipe Espil, una carta confidencial reservada, acompañándole el proyecto, de lo que años después seria el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca. La idea trasmitida por Espil al canciller Saavedra Lamas, era que la Argentina lo presentara como suyo en la Conferencia, y Estados Unidos lo apoyaría. Como el ministro no comulgaba con los propósitos norteamericanos, sino que entendía que los países de Europa eran nuestros aliados naturales, no rcspondiò la nota, y esperó basta que se realizara la Conferencia.

Roosevelt, llegó el 6 de diciembre a Buenos Aires, en el acorazado lndianàpolis, y después de los homenajes de rigor dejó el país, quedándose la delegación norteamericana encabezada por el secretario Hull. Allí Saavedra Lamas se opuso a todas las pretensiones de hegemonía norteamericana, y esto sorprendió a Hull, que no esperaba esa reacción. La zancadilla sufrida por el estadounidense, lo hizo volver a su país, con su proyecto frustrado, y con una furia descomunal, contra el gobierno argentino. En sus memorias publicadas años después, Hull sostiene que la Argentina era intratable, un país intolerable, y que a los argentinos no había manera de encauzarlos en lo que era el proyecto político de Estados Unidos. En 1938, la Argentina se vuelve a oponer a los proyectos norteamericanos en la Conferencia de Lima. La influencia británica era considerable, y después del alejamiento de la Standard Oil, Gran Bretaña utilizó gran cantidad de recursos para no perder una influencia que era cada vez más declinante.

Cuando se produce la segunda guerra mundial, Estados Unidos necesitaba que nuestro país abandonara su posición neutral. Políticamente era importante que la Argentina asumiera una conducta frontal de enfrentamiento a las potencias del eje. Ese era el aspecto visible formal, pero la realidad era la instalación de bases militares en el Atlántico y en el Río de la Plata, que conservarían después de la contienda, y les servirían como avanzada militar en esta parte del continente a la que nunca habían tenido acceso. En junio de 1940, el Embajador de Los Estados Unidos, presenta una nota confidencial a la cancillería, preguntando cuál seria la actitud del gobierno argentino en el caso de una agresión de Alemania a su país, y si se podía contar con colaboración militar. La respuesta no es demasiado clara, pero se preserva la tradicional política argentina de neutralidad en un conflicto en el que no teníamos parte y tampoco podía afectarnos, y ello no porque hubiera una posición pro nazi, sino porque era una vieja postura diplomática que había tenido su más definido expositor al presidente Yrigoyen. Unos meses después llegan dos militares estadounidenses, en una misión confidencial a los fines de conversar con militares argentinos sobre la posibilidad que fuera planteada anteriormente. Traían un dossier donde hablaban dé una supuesta agresión alemana a la República Oriental de Uruguay, y eso significaba ponerse a las puertas de una agresión a la Argentina. Querían saber cual seria la reacción en ese caso, y si se podía contar con colaboración militar, y contribuir al establecimiento de bases para operaciones. El Gral. Màrquez, Ministro de Guerra, dio una opinión favorable al pedido, pero el Almirante León Scasso, que era el Ministro de Marina, envió un informe al canciller José María Cantilo, oponiéndose completamente al establecimiento de las bases pedidas, y en un análisis admirable, hace una verdadera radiografía de la política norteamericana, de su actitud imperialista, de sus proyectos reales, y se refiere a cómo a través del tiempo se ha apoderado de una gran cantidad de países americanos. Indica que la instalación de Las bases militares supone que nunca las abandone, convirtiéndose en un innegable centro de poder en nuestro espacio marítimo, y que el supuesto ataque al Uruguay es una pretexto, porque La realidad demuestra que si ese país fuera atacado, la Argentina no va a necesitar que le digan lo que tiene que hacer, puesto que reaccionaria en su ayuda por un elemental principio de solidaridad americana.

Para los Estados Unidos La posición argentina es cada vez más intolerable, y a medida que la guerra Europea y la intervención norteamericana se hace más presente, las presiones sobre el gobierno son cada vez mayores. Circulan las imputaciones de nazismo contra el gobierno de Castillo, y especialmente contra los militares que sostienen enfáticamente la posición de neutralidad.

El avance norteamericano, no sólo es político sino económico, y a través de una especie de pacto tácito con Gran Bretaña, con quienes están aliados en la guerra, se reparten diversas áreas del comercio y de las finanzas, aún cuando estas siguen mayoritariamente en manos europeas.

La deuda externa no cede, y a pesar de los pagos efectuados al exterior, se mantiene casi a niveles constantes desde 1938 que es 1.003.696.072 de pesos basta el año 1942 donde el monto es de 1.012.735.966 de pesos, siempre de acuerdo a las cifras oficiales, que como hemos visto anteriormente a veces no reflejan estrictamente la realidad.

Mientras las clases obreras registran enormes niveles de exclusión social, y la pobreza se acentúa con caracteres cada vez más dramáticos, que llevan a un deterioro físico de la población, que se encuentra subalimentada; la corrupción política y administrativa, las especulaciones fraudulentas de la clase política, y una falta de rumbo definido a cuanto a tener un verdadero proyecto nacional, el ejército conspira para acabar con ese estado de cosas. Además de enfrentar las prácticas corruptas de los dirigentes, tiene en su propio seno la comprobación del estado miserable del pueblo, al ver los problemas físicos que presentan las clases que se incorporan año tras año.

Se produce la revolución del 4 de junio de 1943, donde empieza a sobresalir la figura de Perón a través de su actuación en la Secretaria de Trabajo y Previsión, donde se ocupa de atender los reclamos de los más carenciados. Luego asume la Presidencia de la República, y traza un nuevo proyecto económico mediante el cual se impulsaran grandes transformaciones: la nacionalización del Banco Central, de los ferrocarriles, de las empresas de gas y teléfonos, son instrumentos de una nueva política que va a poner en manos del país el manejo de los resortes fundamentales de su economía. Todo este proceso, producirá escozor en los Estados Unidos, que ya han sustituido a Inglaterra en la influencia continental.

La Argentina no se adhiere al Fondo Monetario Internacional, creado en Breton Woods en 1944, y se aparta de cualquier organismo multilateral de crédito para observar una política independiente. La desclasificación de importantes documentos de los archivos norteamericanos, ha demostrado sin lugar a dudas, como se bloqueó económicamente a la Argentina desde 1945 basta 1952 por lo menos, utilizándose todos los recursos disponibles para tal propósito.

En 1946 la deuda de Estado Unidos e Inglaterra con la Argentina era de 2.000 y 3.500 millones de dólares respectivamente. Esa suma a valores de hoy exceden los 50.000 millones. Ambos países se negaron a pagar no sólo los créditos sino los intereses respectivos A través de trabajosas negociaciones se consiguió que nuestro país pudiera comprar en Estados Unidos, haciendo uso de las libras bloqueadas en Gran Bretaña. Aprovechando tal situación, se produjeron importantes importaciones en esa nueva política de reactivación. Cuando se pretendió hacer uso de las libras, Gran Bretaña decretó la inconvertibilidad de su moneda, y entonces la Argentina se convirtió en deudor de Estado Unidos, al no poder hacer uso del dinero bloqueado. Perón celebró nuevos arreglos, poniendo a disposición el gobierno norteamericano parte de las divisas existentes y se pudieron cancelar las obligaciones. Pero hay más sobre la habilidad de nuestros prestamistas; como en la década del treinta, los pagos por las importaciones, eran depositados en una cuenta que nuestro país tenia en el Banco de Inglaterra, y se convertían en oro cuando nuestro país necesitaba hacer uso de ellas, esas libras que quedaban en Gran Bretaña eran nominalmente nuestras. Ello dio lugar a la emisión de unos bonos de congelación para evitar la emisión de moneda. Dichos bonos que emitía el gobierno devengaban un interés que la Argentina debía pagar. Debido a ello Miguel Miranda, Ministro de Hacienda durante la primera presidencia de Perón dijo en una reunión del Consejo Económico y Social: “Sobre el dinero bloqueado el país no cobraba un solo centavo de interés, pero para disimular su emisión se emitían bonos de congelación y se pagaba interés. Yo he sacado como consecuencia que los ingleses con gran habilidad, nos cobraban interés por el dinero que nos debían”

Durante el gobierno peronista, por primera vez en la historia, la deuda externa desaparece de los registros porque es cancelada en su totalidad. En 1945 las obligaciones con el exterior importaban la suma de 519.910.262 de pesos, en 1946 baja a 114.196.498, en 1950 es de apenas 41.086.681, y en 1952 es totalmente pagada, no existiendo ninguna obligación basta la caída del régimen en 1955.

Sin lugar a dudas que la investigación sobre la época de Perón todavía está en los umbrales, y lo que se conoce son enfoques muy parcializados, que van desde encendidos ditirambos y apologías carentes de todo rigor critico, basta versiones que sólo enfatizan los aspectos negativos del peronismo y no han penetrado un el fenómeno histórico que representó en esos años. Hubo muchas dificultades, presiones de todo tipo para entorpecer la marcha del gobierno. Importaciones esenciales para el desarrollo industrial fueron cortadas de raíz, no hubo la menor posibilidad de contar con algunos insumos básicos que se necesitaban. Hubo que hacer algunas concesiones y la de la Chade es una de ellas. La Chade era un consorcio internacional que manejaba la electricidad. Tenia un contrato con fecha determinada de vencimiento, operada la cual todos los bienes de la compañía pasaban a poder del estado. El Contrato fue prorrogado por 50 años más por el Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, después de haber coimeado a los concejales radicales y conservadores, quienes sin ningún escrúpulo se complicaron en la maniobra. Cuando se produjo la revolución del 43, se creo una comisión investigadora que presidió el Coronel Matías Rodríguez Conde. A través de esa pesquisa se individualizaron todos los personajes que intervinieron en el negociado, no sólo los representantes políticos, sino los abogados, economistas, contadores y consultores, además de otros funcionarios que se complicaron en el fraude. Se encontraron desde las cuentas corrientes basta las cajas de seguridad en los bancos, y los bienes que compraron con el dinero espúreo. Esa investigación, que se convirtió en una radiografía del régimen fue archivada por Perón, sin que se tuviera noticias públicas de ella hasta que fue reimpresa por la Editorial Universitaria de Buenos Aires en 1972. Este es un tema que debería profundizarse y que presenta aspectos no muy claros. Hay algo que es evidente y es la fuerte presión del capital extranjero que se había apoderado de los resortes fundamentales de la economía. Uno de los directivos de la Chade, el Ingeniero René Brossens era amigo de Perón, y cuando estaba preso en Martín García, le envió a Eva una carta donde le dice que ante cualquier dificultad recurra a él que “es un buen amigo” La carta fue publicada por Felix Luna en “El 45”. Cuando este autor entrevistó a Perón en Madrid, le preguntó por el tema y según cuenta, Perón le respondió que efectivamente Brossens era su amigo, y que no era culpable, porque los que se dejaron coimear fueron los políticos que intervinieron, y que la Chade no tuvo otra alternativa, para continuar con la prestación del servicio eléctrico.

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