LOS EMPRESTITOS DEL SIGLO XIX Las
primeras tentativas de endeudamiento externo se producen en 1818. Hay en
ese año algún intento a través de hábiles banqueros que ya andaban
por Buenos Aires, pero su concreción se produce en 1822, cuando
empiezan las conversaciones con los banqueros británicos para conseguir
un empréstito para instalar un puerto, crear un Banco Nacional y otras
actividades que estaban proyectadas. El 1 de julio de 1824, siendo
gobernador de Buenos Aires Martín Rodríguez y Ministro de Hacienda
Bernardino Rivadavia, se firma en Londres el empréstito con la casa
Baring Brothers, por la suma de 1.000.000 de libras esterlinas,
equivalente a 5.000.000 millones de pesos fuertes. La
operación se pactó al 70%, es decir que solo se recibirían 700.000
libras. Pero ocurre que 105 banqueros descontaron 130.000 en concepto de
dos anualidades adelantadas, siendo la suma efectiva a remesar a Buenos
Aires de 570.000. Los que intervinieron en la operación fueron Felix
Castro, Braulio Costa y John Parish Robertson, que negociaron con Baring.
Hay algunas discusiones sobre como se efectuó la remesa de los fondos,
y si el pacto suponía la entrega en oro metálico. Lo cierto es que
solo llegaron al Río de la Plata 96.613 libras en oro, y el resto en
letras de cambio contra comerciantes ingleses y otros vernáculos que
supuestamente debían pagarlas. Los intermediarios de la operación,
negociaron los títulos en Londres al 85%, es decir que se quedaron con
una ganancia de 120.000 libras. La
garantía del empréstito fueron las tierras de la provincia de Buenos
Aires, y cuando Rivadavia fue Presidente en 1826, elevó esa garantia a
la totalidad de la tierra pública de la Nación. Después de
transcurrido los años retenidos en concepto de intereses adelantados,
no pudieron pagarse los intereses, y debió recurrirse a la venta de dos
barcos para afrontar el pago de las obligaciones. Rosas se enfrentó con
una deuda que ya era cuantiosa, y trató de demorar los pagos, aún
cuando las presiones se hicieron cada vez más intensas. En
1842, un representante de los banqueros, trató de llegar a un acuerdo y
entonces Rosas ordenó a su ministro en Londres, Dr. Manuel Moreno, que
explorara la posibilidad de entregar las Islas Malvinas a cambio de la
cancelación de la deuda, previo reconocimiento de la soberanía
argentina sobre las islas. La negociación no prosperó, y a pesar de
los dos bloqueos que soportó el gobierno de Buenos Aires, y a las difíciles
condiciones de la administración, sólo se les pagaron unas sumas
insignificantes, alrededor de 10.000 libras. Recién en 1857, el
Dr. Norberto de la Riestra, firmó en Londres el 28 de octubre de 1857
un acuerdo, contrayendo nuevas obligaciones, y renegociando la
deuda en su totalidad. A esa fecha los intereses vencidos importaban la
suma de 1.641.000 libras, y la deuda en su totalidad era de 2.457.155
libras. Todos los gobiernos posteriores continuaron pagando, y
refinanciando la deuda, hasta que se canceló definitivamente en 1903. A
ningun funcionario se le ocurrió nunca establecer si el dinero
efectivamente había llegado y cómo. La cuestión se aclaró recién en
1881, cuando el Dr. Pedro Agote, Presidente del Crédito Público
Nacional, presentó un documentado informe sobre las finanzas públicas,
a pedido del Ministro de los Estados Unidos llegando a la conclusión de
que no existía la menor constancia en los archivos del Estado que las
letras fueran pagadas alguna vez. La
suma total pagada segun todos los autores que se ocuparon del tema:
Scalabrini Ortiz, Fitte, Rosa, Vedoya, fue de 23.734.766 pesos fuertes,
es decir alrededor de 4.800.000 libras, pero aquí creo que también hay
un equivoco, porque todos los autores abrevan en el informe del Dr.
Agote quien en 1881 estimó lo que se había pagado y lo que quedaba por
pagar, pero como la deuda se cancelò como dijera en 1903, a través de
nuevas refinanciaciones, creo personalmente que debe ser materia de
investigación el monto real que costó este singular empréstito,
piedra angular del endeudamiento argentino. Si
bien estas cifras hoy no resultan demasiado significativas, si se las
compara con la que a diario vemos en cuanto a las obligaciones externas,
para su época fueron cuantiosas, y condicionaron la política de
sucesivos gobiernos que se vieron entrampados en una deuda, en su mayor
parte fraudulenta, cuyos verdaderos artífices fueron argentinos que
sirvieron los planes de expansión financiera de la city británica.
Naturalmente que esta no fue una cuestión improvisada o accidental,
sino que respondía a una política de Gran Bretaña con los países
americanos. Hubo en la misma época más de 10 empréstitos, con
condiciones similares, y las consecuencias fueron iguales. Debe
tenerse en cuenta que después del fracaso de las expediciones militares
de 1806 y 1807, se intentó una forma más sutil pero más efectiva de
dominaciòn. La Argentina era una presa demasiado codiciada para ser
independiente. Como decía Canning a Lord Granville en una célebre
carta: “Los hechos están ejecutados, la cuña esta impelida.
Hispanoamérica es libre y si nosotros sentamos rectamente nuestros
negocios, ella será inglesa”. Así como político genial que era,
incentivó todos los procesos de libertad de las provincias del
Virreinato del Río de la Plata, de Venezuela, Colombia, etc, porque la
independencia de España, debía significar el sometimiento a Gran Bretaña,
a su poder económico que se extendía sin escrúpulos por todo el
continente. Hay una carta de Canning al Duque de Wellington del 8 de
noviembre de 1822 donde decía “cada día estoy más convencido que en
él presente estado de la península española y en nuestro propio país,
las cosas y los asuntos de la América Meridional valen infinitamente más
para nosotros que las de Europa, y que si ahora no aprovechamos,
corremos el riesgo de perder una ocasión que pudiera no repetirse”.
Por supuesto que la ayuda prestada a través del dinero y de influencias
políticas no tenia el propósito de ayudar a los procesos
independentistas, sino por el contrario manejar toda la economía,
monopolizando la totalidad del comercio. Se cambió la violencia de las
expediciones militares buscando otras formas de dominación, y a través
del sistema de librecambio, empezaron los grandes desequilibrios, de los
que nunca pudimos salir. |