Los empréstitos fueron la llave maestra del control financiero del país, y por tal motivo la política económica que se llevò adelante estuvo condicionada inevitablemente a un. endeudamiento externo que fue creciendo cada día más. Si en muchos casos había reales necesidades de financiamiento, los objetivos fueron, como ocurre en la actualidad, seguir endeudàndose para pagar deuda. Es por eso que el empréstito Baring es verdaderamente emblemàtico de una constante de nuestra vida económica.

Desde ese primer empréstito hasta la terminación de la Presidencia de Roca se contrajeron 13 empréstitos externos

 

Fecha                      Valor nominal ($ F)                   Colocación                     Resultado

 

27/05/1865             . 12.600.000                                    72%                             9.072.000
19/02/1869                 5.000.000                                    88%                             4.400.000
27/08/1873               10.000.000                                    89%                             8.905.000
05/08/1879               30.800.000                                    88%                           27.104.000
02/10/1880               12.350.000                                    82%                           10.127.000
05/09/1881                 4.000.000                                    90%                             3.600.000

28/10/1881                 4.000.000                                    80%                             3.200.000

14/01/1882                 8.000.000                                    85%                             6.800.000

12/10/1882.                8.500.000                                    85%                             7.225.000

27/10/1882               20.000.000                                    85%                           17.000.000

25/10/1883               30.000.000                                   81%                            24.300.000

21/10/1885               42.000.000                                   80%                            33.600.000

09/10/1886               20.000.000                                   80%                            16.000.000

 

Total                       207.250.000                                                                   171.333.000

                                                      

Diferencia:              35.917.000

 Es decir que en 20 años las utilidades de los prestamistas sólo en la suscripción de los empréstitos fueron de 35.917.000 pesos fuertes, lo que resultan no sòlo sumas exorbitantes, sino reveladoras del real sentido económico de tales colocaciones. A estas cifras usurarias hay que sumar los intereses, las comisiones, y demás malabarismos técnicos que siempre operan en perjuicio de los deudores.

Las necesidades de financiamiento que muchas veces se pretextaban no eran tales, en realidad lo que se pretendía era hacer negocios que dejaran suculentas ganancias, y nuestros gobiernos se involucraban en tales maniobras, con perfecto conocimiento de lo que hacían, además que los participantes de la operación, o eran socios, o resultaban espléndidamente retribuidos por su colaboración. Y así como la mayor parte de los documentos que tienen que ver con el empréstito Baring desaparecieron de los archivos, la documentación de las siguientes operaciones financieras no tuvo mejor suerte.

Tales préstamos siempre fueron considerados normales, aunque fueran lesivos para la economía nacional, y cuando los pagos se hacían exigibles, y los recursos no resultaban suficientes, no se vacilaba en realizar cualquier sacrificio, que siempre iba en beneficio de los acreedores. No en vano decía el Presidente Avellaneda: “La República puede estar dividida hondamente en partidos interiores, pero no tiene sino un honor y un crédito como sólo tiene un nombre y una bandera. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y su sed para responder a los compromisos de la fe pública ante los mercados extranjeros”

Al llegar Juárez Celman al gobierno, la deuda siguió creciendo y las aventuras especulativas determinaron que la economía argentina llegara a un estado de crisis, que produjo la revolución radical, la caída del gobierno, haciéndose cargo de la Presidencia el Dr. Carlos Pellegrini. Pero antes de tomar la decisiòn de afrontar las responsabilidades del poder, consultó a un grupo de banqueros, a quienes les pidió 50 millones de pesos, para enfrentar la inminente quiebra del Banco Nacional, del Banco Hipotecario, y del Municipal. Cuando se asegura la provisión de esos fondos, recién se considera presidente. Esos fondos, no se utilizaron para el destino requerido, sino que fueron girados inmediatamente a Londres para evitar la gran crisis de la banca Baring que estaba semiquebrada, debido a inversiones no sólo realizadas en nuestro país sino a negocios realizados en otras partes. Por supuesto que el gobierno no podía dejar desprotegidos a tan fieles súbditos, y fue así que el Banco de Inglaterra corrió en auxilio de Baring  y junto a los banqueros Roschild realizó una reconversión de la empresa, que cancelò parte de sus obligaciones con el dinero enviado por el Presidente argentino.

Pellegrini envió a Londres al Dr. Victorino de la Plaza, quien suscribió un nuevo convenio el 5 de mayo de 1891 con la firma J.S. Morgan por 75.000.000 de pesos moneda nacional, que en realidad constituyó una moratoria financiera con plazos distintos para el pago de la deuda. La nueva deuda se cambiaba por deuda impaga de anteriores empréstitos, afianzàndose la garantía con todas las rentas argentinas y los derechos de la Aduana sobre la importación.

En 1893, el Ministro de Hacienda Dr. Juan José Romero, dio instrucciones al embajador en Gran Bretaña, Luis Dominguez para un arreglo de la deuda. Le decía “pagar las deudas con más deudas es caminar en derechura hacia la bancarrota. Y es por eso que se pidió que durante diez años se suspendiera el pago de las amortizaciones, pagàndose intereses sobre los capitales adeudados, en un 2% inferior a lo que se tributaba hasta ese entonces.

La situación al terminar el siglo no podía ser más comprometida. La deuda externa de la Nación era de 884.222.743 pesos m/n. Los ferrocarriles eran ingleses, los bancos más importantes eran ingleses, la industria la manejaban los ingleses, los empréstitos los otorgaban ellos casi exclusivamente. Como infelizmente diría años después el Vicepresidente Roca: “desde el punto de vista económico somos una parte integrante del imperio británico”. Además todos los recursos estaban afectados a las garantías y a los pagos de los cuantiosos empréstitos que se habían celebrado, y sobre los cuales no existía una pormenorizada verificación del empleo de los fondos, ni la forma en que se habían hecho efectivos, sino sólo cifras que se dieron por buenas, dadas por los banqueros y que servirían para que las obligaciones crecieran cada día más. Es tan cierto esto, que el propio Carlos Pellegrini  decía en el Senado de la Naciòn en 1901: “Hoy la Nación no solo tiene afectada su deuda exterior, el servicio de renta de la Aduana, sino que tiene dadas en prenda sus propiedades; no puede disponer libremente ni de sus ferrocarriles, ni de sus cloacas, ni de sus aguas corrientes, ni de la tierra de su puerto, ni del puerto mismo, porque todo está afectado a los acreedores extranjeros.”