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Pero
no es materia de este trabajo meterme en las honduras de la reflexiòn
filosófica sobre los modos de hacer la historia, sino en plantear
algunas cuestiones importantes que deben tenerse en cuenta para conocer
como se construyen ciertas versiones del pasado, y así poder estar
alerta pan no aceptar sin cuestionamientos, todo aquello que se limite a
una descripción superficial interesada de la realidad. En
el tema de la deuda externa argentina, y en la problemática generada en
torno a sus consecuencias hay una considerable distancia entre lo
consignado en los repertorios oficiales, en los que abrevan muchos
distinguidos economistas y las contundentes evidencias que surgen de los
testimonios y documentos de una causa penal, que deben servir para
reflexionar sobre las particularidades con las que debemos manejarnos en
el curso de cualquier trabajo de investigación, teniendo muy en cuenta
que no siempre los papeles que se guardan en los archivos públicos,
sirven para comprender situaciones y esclarecer hechos, que por su
propia naturaleza sus protagonistas quisieron ocultar. Hay que tener
presente que si muchas veces en cuestiones menores se tejieron frondosas
redes de presiones e intrigas para encubrir realidades que no convenía
mostrar, no deberá extrañarnos que en asuntos de mayor importancia, y
donde se manejaron grandes intereses, se echara mano a todo tipo de
recursos para ocultar la verdad. Tampoco deberá sorprendernos la
escasez de elementos de juicio que nos permitan introducimos en
determinados temas, muchos de ellos considerados como verdaderos tabúes
por la investigación histórica, debiendo tenerse en cuenta que todavía
hay bastantes secretos que nadie ha tenido la intención de revelar, y
una resistencia tenaz a mostrar la realidad tal cual fue, prefiriéndose
nuevas o poco novedosas versiones de una misma cuestión, a profundizar
en temas de real significación que aun hoy se encuentran pendientes de
su esclarecimiento. Hace
ya muchos años, que a través del trabajo en archivos del país y del
extranjero pude recoger cierta experiencia sobre como se ha manejado la
documentación, y sobre la posibilidad de encontrar o no materiales para
los temas tabú que siguen sin investigarse. En los archivos oficiales,
los papeles a veces no existen, y si en otros casos pueden encontrarse
algunos elementos valiosos, ello debe ser materia de una búsqueda
exhaustiva, necesitàndose recorrer nuevamente los mismos legajos que
otros historiadores ya vieron, pero que curiosamente se olvidaron de
registrar. Hay hechos que no pueden tocarse con profundidad, y aun
cuando algo se ha avanzado, todavía sobreviven muchas viejas leyendas,
que mediante una habilidosa presentación que les da cierto aire de
novedad, son acogidas con gran beneplácito por la corporaciòn académica
y las grandes editoriales, y donde siempre está ausente el aporte
sustancial al conocimiento de las grandes cuestiones del pasado. Por
supuesto, que también hay una total falta de reflexión sobre la
participación popular en la construcción de la historia, como si toda
ella fuera nada más que el resultado de la acción de un escogido grupo
de iluminados, y donde se excluye a los verdaderos protagonistas. Y
creo que debo hacer algunas precisiones que responden al objeto de este
trabajo. Por que? Pues porque cuando se leen libros de historia
económica, generalmente los encuentra llenos de estadísticas, y cifras
que muchas veces no se entienden demasiado que quieren decir. Además
hay una recurrencia a manejar cifras oficiales, que muchas veces no
responden a la realidad, y la deuda externa actual es un ejemplo de todo
ello. Las cifras del Banco Central y del Ministerio de Economía
refieren un determinado índice del crecimiento de esta deuda, pero no
el trasfondo de la misma, como se genero, cuales fueron las
circunstancias que la determinaron. También hay que tener en cuenta que
hay montones de papeles que han desaparecido de los archivos. Un
caso concreto que puedo señalar a través del resultado de mi propia
investigación, es el Archivo del Banco de la nación. Allí se destruyó
la documentación anterior a 1990, y fueron incineradas las carpetas de
los grandes deudores del Banco de la primera mitad del siglo pasado. A
mi me sorprende que en muchos trabajos se manejen datos y cifras que
surgen de otros datos y otras cifras, pero la documentación que los
justifica no está. Lo del Banco de la Nación es sorprendente, y el
argumento pueril fue que no había espacio físico para guardar tales
documentos. Afortunadamente lo que no se pudo destruir por la legislación
sobre la materia fueron los libros de Actas del Directorio y los libros
auxiliares, pero aun así, hay libros reservados, que se han perdido,
sin que pueda saberse la razón de tal extravío, aunque sospechas hay
muchas y podríamos mostrar algunos indicios para comenzar una
investigación. Otro caso son los papeles del Dr. Carlos Saavedra Lamas,
Ministro de Relaciones Exteriores desde 1932 a 1938, cuyo archivo fue
rescatado de la destrucción, y que resulta fundamental para estudiar
las relaciones exteriores de nuestro país, y algunos hechos de política
económica, además de una gran variedad de asuntos de toda índole. En
el Archivo de la Cancillería, sobre ese periodo, no hay documentos
comprometedores, solo aquellos que se pueden mostrar. Para
dar un último ejemplo, si se quiere investigar la Presidencia de Justo,
se puede in al Archivo General de la Nación a consultar el archivo del
Ex Presidente, pero nos encontramos que fue expurgado antes de que se lo
donara. Todo documento comprometedor o que arrojara alguna sombra, o no
coincidiera con lo que se conocía fue destruido. Hay documentación
convencional que muestra poco y nada. EI Archivo del Dr. Julio A. Roca,
es patético, con algunas pocas carpetas, en las que no se encuentra
nada demasiado significativo. Así podría
señalar otros repositorios que tienen las mismas falencias, pero
seria extender demasiados los ejemplos. Finalmente,
es muy difícil reconstruir con precisión todos los pasos del primer
empréstito porque los papeles han desaparecido, y si los pocos que se
conservan nos dan una idea de lo que fue ese negociado, podríamos
imaginar, la construcción de una historia completa, si se conservaran
en los archivos. Por
eso creo que tiene una indudable actualidad lo que escribiera Raùl
Scalabrini Ortiz, hace más de cincuenta años: “Cuatro siglos hacen
ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana. Tres siglos
por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y
alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran
la intimidad de la vida que esos hombres convivieron, no se encontrará,
sino ocasionalmente en ninguna parte. Razas enteras fueron exterminadas,
las praderas se poblaron. Las selvas virgenes se explotaron y muchas se
talaron criminalmente para siempre. La llamada civilización entrò a
sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El aborigen fue
sustituido por inmigrantes. Estos eran hechos enormes, objetivos, claros.
La inteligencia americana nada vio, nada oyó, nada supo. Los americanos
con facultades escribían tragedias al modo griego o disputaban sobre
los exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho
americano pasaba ignorado pan todos. No tenia relatores, menos aun podía
tener interpretes y todavía menos conductores instruidos en
los problemas que debían encarar. América no estaba aislada.
Fuerzas terriblemente gigantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Sabían
amenazar y tentar, intimidar y sobornar simultáneamente. EI
imperialismo econòmico encontró aquí campo franco” terminaba: “Lo
que nos rodea es falso e irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron,
falsas las creencias econòmicas con que nos imbuyeron. Falsas las
perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas
que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Volver
a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso
exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución
inquebrantable que querer saber exactamente como somos” Algo de estos
es lo que me propongo mostrar. “EI
interés de la deuda cuando es exorbitante y absorbe la mitad de las
entradas del tesoro, es el peor y más desastroso enemigo público. Es más
temible que un conquistador poderoso con sus ejércitos y escuadras, es
el adiado natural del conquistador extranjero... La América del Sur
emancipada de España, gime bajo el yugo de su deuda publica. San Martín
y Bolívar le dieron su independencia, los imitadores modernos de esos
modelos la han puesto bajo el yugo de Londres” JUAN BAUTISTA ALBERDI
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